La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Charles Simic

Charles Simic (1938–2023) fue uno de los poetas más importantes de la literatura estadounidense contemporánea. Nació en Belgrado, entonces Yugoslavia (actual Serbia), y emigró a Estados Unidos en su adolescencia, experiencia que marcó profundamente su visión del mundo y su escritura.

Su poesía se caracteriza por la brevedad, la precisión y una imaginación que combina lo cotidiano con lo extraño, lo onírico y lo filosófico. Simic fue maestro en transformar objetos comunes —una cuchara, una mesa, una ventana— en escenarios de misterio y revelación.

La experiencia de la guerra, el exilio y la memoria atraviesa gran parte de su obra, aunque rara vez de manera explícita. Su escritura se mueve entre el humor negro, la paradoja y una permanente sensación de asombro ante la realidad.

Entre sus libros más importantes destacan The World Doesn’t End, que recibió el Premio Pulitzer de Poesía en 1990, Hotel Insomnia, Walking the Black Cat y The Voice at 3:00 A.M.. También fue un notable traductor de poesía de Europa del Este.

En 2007 fue nombrado Poeta Laureado de los Estados Unidos, reconocimiento a una trayectoria que enriqueció profundamente la poesía en lengua inglesa.

“La influencia grande, grande, en mi vida, fue nacer en Yugoslavia en 1938″.   Ofrecemos uno de sus poemas preferidos. 


PRODIGIO


Crecí doblado
sobre un tablero de ajedrez.
Amaba la palabra final.
Todos mis primos parecían preocupados.
Era una casa pequeña
cercana a un cementerio romano.
Aviones y tanques
sacudían los vidrios de sus ventanas.
Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó a jugar.
Debe haber sido en 1944.
En el juego que empleábamos,
la pintura casi había saltado
de las piezas negras.
Se había perdido el rey blanco
y tenía que ser reemplazado.
Me dijeron pero no lo creí
que ese verano vería
hombres colgando de los postes del teléfono.
Recuerdo a mi madre
cegándome mucho.
Tenía una forma especial de meter mi cabeza
rápidamente bajo su abrigo.
En ajedrez, también, me dijo el profesor,
los maestros juegan a ciegas,
los mejores en varios tableros
a la vez.