Ted Hughes (1930–1998) fue uno de los poetas más importantes de la literatura británica del siglo XX y Poeta Laureado del Reino Unido desde 1984 hasta su muerte.
Nació en Yorkshire, Inglaterra, en un entorno rural que marcó profundamente su imaginario poético. Su obra está atravesada por la naturaleza en su dimensión más intensa y primordial: animales, depredación, instinto, violencia y ciclos de vida y muerte.
Debutó en 1957 con The Hawk in the Rain, libro que lo situó de inmediato como una voz poderosa y original. Desde entonces desarrolló una poesía de gran fuerza simbólica, donde el mundo natural no es decorativo sino una energía elemental y a veces brutal.
Entre sus libros más importantes destacan Crow, Lupercal, Birthday Letters y Wolfwatching. Birthday Letters, publicado en 1998, fue especialmente significativo porque recoge poemas personales dirigidos a su primera esposa, la poeta Sylvia Plath, explorando su relación desde una perspectiva íntima y retrospectiva.

París, 1954
He estado mirando
a ese joven, divisable desde la ventana, sentado a la mesa de aquel café
(no leo el nombre a esta distancia).
Pero está tomando el primer claret de su vida, eso lo sé,
y muerde su primer Gruyère. Pasará el resto de su vida
intentando recapturar la maravilla---
por separado o en combinación---
de ese vino ese queso y este momento.
Tan recién llegado a su vida intacta, tan dispuesto a cualquier cosa,
que jamás podría imaginar, y que no oye
el grito que se aproxima.
Es una máscara blanca con los dedos abiertos
que asirá y estrujará su corazón
como una venda imposible de limpiar.
Un grito
que es como una fundición nuclear
que hará intocable todo su mundo
o lo dejará tocar bajo pena
de quemadura radioactiva. Un grito
que lo encerrará en un laberinto
de calles comunes
como si fuera el Minotauro.
Un grito
como una pantera
que hallará y arrebatará su alma,
y se la comerá, y reivindicará su sitio
de guardián a las Puertas del Infierno, yaciendo
entre él y su Creador,
mirándolo con ojos que no duermen,
abriendo la boca exclusivamente para gritar.
El grito
husmeándolo ya, mientras él está allí sentado,
y convencido de hallarlo, aproximándose
ahora bajo el aspecto de una joven.
Un grito
que nada tiene que ver con la copa de vino, no hace vibrar el cristal,
ni la refleja en modo alguno
que no es siquiera el vaho de transpiración que cubre los huecos del queso
ni la forma azarosa de un patrón profético
que algún médium pudiera descifrar
sobre la trama de la corteza del queso,
Un grito
que pretende imitar el sonido de la risa y la esperanza--
y suena todo risa, todo esperanza.
Lo miro.
Traducción: Rossana Plessmann