Ryūichi Tamura Otsuka, Japón, (1923-1998) Poeta, Ensayista, Traductor y Dramaturgo. Estudió Literatura. Debuta como poeta en 1956 con su libro Cuatro mil días, cuatro mil noches, fue una de las voces fundamentales de la poesía japonesa de posguerra. Nació en Tokio y vivió su juventud durante un periodo marcado por la transformación histórica y cultural de su país tras la Segunda Guerra Mundial.
Tras la guerra, formó parte del grupo de poetas conocido como Arechi (“Tierra baldía”), que buscaba nuevas formas de expresión para dar cuenta de la experiencia contemporánea. Su interés por la renovación del lenguaje poético lo llevó a alejarse de las formas tradicionales y a explorar nuevas estructuras expresivas.
Además de su labor como poeta, trabajó como traductor, acercando al japonés obras de literatura inglesa, especialmente poesía y literatura infantil. Esta actividad amplió su relación con otras tradiciones literarias y enriqueció su práctica poética.
A lo largo de su vida mantuvo una intensa actividad cultural, participando en revistas literarias y colaboraciones con otros escritores japoneses de su generación. Su trayectoria se desarrolló principalmente en Japón, donde continuó escribiendo y publicando hasta su muerte en 1998.

CUATRO MIL DÍAS CUATRO MIL NOCHES
Para que nazca un poema
debemos matar
muchas cosas debemos matar
muchas cosas amadas debemos fusilar
asesinar y hasta envenenar.
Miren,
cuatro mil días y noches desde el cielo
sólo para desear la temblorosa lengua de un pajarito
fusilamos cuatro mil noches de silencio
y cuatro mil días al contraluz.
Escuchen,
todas las ciudades donde cae la lluvia, las fundiciones
desde los muelles del pleno verano y las minas de
carbón,
por sólo desear
la lágrima de un único niño hambriento
cuatro mil días asesinamos de amor y cuatro mil
noches de ternura.
Acuérdense,
sólo por desear el miedo de un perro callejero
quien ve lo invisible a nuestros ojos
y oye lo inaudible a nuestros oídos
envenenamos
cuatro mil noches de imaginación
y cuatro mil días de fríos recuerdos.
Así para que nazca el poema
debemos matar
algo que amamos,
para revivir el cadáver
tenemos que irnos en ese
camino.
Traducción: Yorico Toda/ Reynaldo Pérez Só