Percy Bysshe Shelley nació el 4 de agosto de 1792 en Sussex, Inglaterra, y murió el 8 de julio de 1822 en el golfo de La Spezia, Italia. Fue uno de los grandes poetas del Romanticismo inglés, reconocido por la intensidad lírica de su obra, su espíritu rebelde y su defensa apasionada de la libertad, la justicia y la imaginación.
Estudió en la Universidad de Oxford, de donde fue expulsado por publicar un ensayo titulado La necesidad del ateísmo. Su vida estuvo marcada por la inconformidad política y social, así como por una visión profundamente idealista del ser humano y del arte.
Autor de poemas fundamentales como Oda al viento del oeste, Prometeo liberado, Adonais y A una alondra, Shelley desarrolló una poesía musical y visionaria, llena de imágenes de la naturaleza, el amor y la transformación espiritual. Su célebre verso “Si llega el invierno, ¿puede la primavera estar lejos?” se convirtió en símbolo de esperanza y renovación.
Estuvo casado con Mary Shelley, autora de Frankenstein, y formó parte del círculo de poetas románticos junto a Lord Byron y John Keats. La muerte de Keats inspiró su elegía Adonais, considerada una de las más bellas de la lengua inglesa.
Murió trágicamente a los 29 años en un naufragio frente a las costas italianas. Con el tiempo, su obra ejerció una enorme influencia sobre generaciones posteriores de poetas y pensadores, convirtiéndolo en una figura esencial de la poesía universal.

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XXXIX ¡Paz, paz! No está muerto ni duerme. Ya despertó del sueño de la vida. Somos nosotros quienes perdidos en visiones turbulentas reñimos con fantasmas una inútil batalla y en trance de locura apuñalamos con el puñal del espíritu lo mismo que cadáver en osario; el miedo y el dolor nos estremecen y nos consumen día a día y las heladas esperanzas bullen como gusanos dentro de nuestro barro vivo. XL Se ha remontado sobre las sombras de la noche; la envidia, la calumnia, el odio y el dolor y esa angustia que el hombre impropiamente llama gozo no pueden ya torturarle de nuevo. Del contagio del tizne paulatino del mundo está inmune, ya no tendrá que lamentar un corazón helado, una cabeza inútilmente cana; ni llenará una urna no llorada con cenizas sin brillo cuando su propio espíritu haya concluido de arder.» XXXIX Peace, peace! he is not dead, he doth not sleep, He hath awaken'd from the dream of life; 'Tis we, who lost in stormy visions, keep With phantoms an unprofitable strife, And in mad trance, strike with our spirit's knife Invulnerable nothings. We decay Like corpses in a charnel; fear and grief Convulse us and consume us day by day, And cold hopes swarm like worms within our living clay. LII The One remains, the many change and pass; Heaven's light forever shines, Earth's shadows fly; Life, like a dome of many-colour'd glass, Stains the white radiance of Eternity, Until Death tramples it to fragments.—Die, If thou wouldst be with that which thou dost seek! Follow where all is fled!—Rome's azure sky, Flowers, ruins, statues, music, words, are weak The glory they transfuse with fitting truth to speak.