La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Marie Howe. El Buen Ladron.

Marie Howe. EEUU. (1950). Poeta, ensayista y profesora universitaria, considerada una de las voces más importantes de la poesía norteamericana contemporánea. Su obra, profundamente humana y espiritual, explora la vida cotidiana, el amor, la pérdida y la trascendencia con una claridad emocional extraordinaria.

Es autora de libros fundamentales como The Good Thief, What the Living Do y Magdalene. En What the Living Do abordó la muerte de su hermano víctima del sida, creando uno de los libros más conmovedores de la poesía estadounidense contemporánea.

En 2025 recibió el Premio Pulitzer de Poesía, uno de los mayores reconocimientos de la literatura en lengua inglesa, consolidando definitivamente su lugar entre las grandes poetas de nuestro tiempo.

Marie Howe también fue Poeta Laureada del Estado de Nueva York y ha enseñado escritura creativa en numerosas universidades y talleres literarios.

En 2016 participó vía online en un encuentro poético realizado en Caracas, donde sus poemas fueron leídos simultáneamente en inglés y español, en una experiencia única de diálogo poético entre culturas.



ENCUENTRO


Primero, los pequeños cortes, después los más grandes,

el más grande de todos, las quemaduras. Esto es lo que hizo

cuando quiso amarte.

No esperaba encontrárselo en la escalera

que nadie usaba, pero ella sí porque le daba

miedo el ascensor, el espacio cerrado.

No esperaba que él tuviera ese aspecto, que fuera

tan paciente, primero los pequeños, después

los grandes. Todo

a su debido momento, dijo él, tengo todo el tiempo

del mundo. Ella no imaginaba que iba a tardar

tanto la rotura.

Él lo hizo tres veces antes de hacerlo. ¿Amor?

Ella lo había imaginado distinto, algo

que se volvía consciente,

el final de una espera. Y ella paró cuando

llegaron los grandes cortes. Era todo lo que había,

la quemazón, y eso era Dios

en todas partes al mismo tiempo. Alguien ya se lo había

contado, sólo que no con la voz de él. Estaba

dentro de ella ahora

–los más grandes, después la quemazón– y salía

y volvía otra vez. Esto era la eternidad, cuando

no pasaba nada que no estuviese

pasando ya. Ella no podía acordarse.

Después de la quemazón, hasta la luz quedó en calma.

Ella no creía que Dios fuese a ser tan

específico, tan delicado: dentro de su codo, debajo

de su brazo, en la parte de atrás de su cuello

y sus rodillas.

Es cierto, ella forcejeó al principio, hasta después

de la rotura. Entonces, Dios estuvo con ella, y ella

estuvo con él.


Traducción: Salvador Biedma