María Wine. Suecia. (1912-2003). Poeta y novelista sueca nacida en Copenhague, Dinamarca, con el nombre Karla Maria Petersen. Fue una de las voces más personales e intensas de la poesía escandinava del siglo XX.
Tuvo una infancia marcada por la pobreza y pasó parte de su niñez en instituciones de asistencia social, experiencias que dejaron una profunda huella en su sensibilidad literaria. Más tarde se trasladó a Suecia, donde desarrolló toda su obra y adoptó el nombre literario María Wine.
Debutó como poeta en la década de 1940 y rápidamente llamó la atención por una escritura íntima, apasionada y existencial, centrada en el amor, la soledad, el cuerpo, la vulnerabilidad humana y la búsqueda de libertad interior.
Maria Wine estuvo casada con el escritor y miembro de la Academia Sueca Artur Lundkvist desde 1936 hasta la muerte de él en 1991.
Entre sus libros más importantes destacan Vinden ur mörkret, Naken som ljuset y Klinga av is. Su poesía se caracteriza por la intensidad emocional, el tono confesional y una gran transparencia expresiva.
Además de poesía escribió novelas autobiográficas y libros para niños. Su obra fue ampliamente leída en Suecia y traducida a diversas lenguas europeas.
María Wine ocupa un lugar singular dentro de la poesía nórdica contemporánea por la honestidad emocional y la fuerza íntima de su voz poética.

Desolación Ella siguió viviendo su vida en la habitación donde él había muerto para poder seguir respirando siempre sus últimos suspiros reflexionar sobre las últimas ideas que él pensó— Se metía en las ropas de él se sentaba en su sillón y leía y leía una y otra vez el último libro que él había leído pero nunca pasaba de la página a la que él había llegado— Llevaba en su muñeca el reloj de pulsera de él que había hecho tic-tac a la velocidad de su pulso vivo y lo hacía débilmente al compás del pulso renuente y triste de ella Comía con los cubiertos de él bebía de su taza favorita Se peinaba con el peine de él delante de su espejo Se quedaba largos ratos mirando al espejo buscando inquisitiva como si esperase que la profundidad le fuera a devolver por compasión el rostro de él Con dedos llorosos rompió cartas que seguían martirizándolo y todas las cartas que pretendían consolarla. Se hablaba a sí misma pero con las sabias palabras de él y solía meter sus solitarias manos en la oscuridad de los guantes de él Dormía en su cama se ponía su pijama apoyaba la cabeza en su almohada en el hoyo que él había dejado allí y antes de entregarse a la noche pedía soñar los sueños de él y que se la llevasen con ellos volando Nuestra vida común ha sido y es un largo poema. No me pidas que termine el último verso: se escribirá él mismo cuando nuestras vidas se hayan apagado.