Kythe Heller. Poeta, ensayista, artista interdisciplinario y erudito que completa un doctorado en la Universidad de Harvard en Religión Comparada y Práctica de Artes y Medios. También es practicante de sufismo y estudiante de M.R. Bawa Muhaiyaddeen. Ha publicado dos libros de poesía: Immolation (Monk Honey) y Thunder (WICK: Harvard Divinity School).
Es fundadora de Vision Lab, un colectivo de creativos que trabajan en espiritualidad, artes, justicia social, medio ambiente y tecnología. Actualmente es profesora en la Universidad de Harvard y en la facultad del Programa de Lenguaje y Pensamiento en Bard College.
El poema que ofrecemos pertenece a su más reciente libro: Firebird, recientemente publicado por Arrowsmith Press, Revista dirigida por Askold Melnyczuk.
A FLOR DE PIEL A Flor de Piel Dentro de mí una niña está de rodillas, pero no la conozco. Tocando y no tocando la mortaja de rosas que cose pétalo por pétalo en el piso. Como si lo que tocan sus dedos podría decirnos lo que hemos perdido - Cómo todo se perderá. Puedo oír su plañido agudo mientras las rosas se des recuerdan y toman formas nuevas. Como si lo ausente hablara a través de nosotros. Como si recordaramos todo lo que está por venir. Y la incomodidad de la mortaja que se ajusta sin el cadáver. Como si solo el estar muerto fuera lo suficientemente frágil para lo que la tierra quiere decir. Dentro de mí su ojos se oscurecen. Agujas oscurecidas cosen una prenda espectral que recuerda y olvida. Mi cuerpo se llena de humo, dice ella. Le salen huecos. Un país que no puedo tolerar más, tan precario como el espacio y el tiempo, dos formas de movimiento como una cruz. El cuerpo es una metáfora, sus deseos clavos por sacar … La marca que hace una aguja cuando aparece desaparece entre los pliegues. Su cuerpo sutura el borde oscuro entre el techo y la luna. Cosas que me encierran y cosas que no puedo tocar. Tan cercanas. Dentro de mí una niña estaba de rodillas. Volvió a su casa después de un largo viaje pero la casa nunca estuvo allí. (Dentro de ella algo lloraba todo el tiempo todo el tiempo.) La pequeña llama dentro de ella temblaba como un ojo. ¿Entró? ¿Abrió su pecho destrozado y pasó por los labios los pétalos de rosa que fluyen por sus huesos? ¿Qué tenían ellos que ver con su alegría o dolor? Ella era aquella cosa innombrable: el cuerpo como un campo despojado, su tierra desnuda, luego quemada— Sólo el espíritu siguió buscando por la tierra; nadie sabe consolarlo. Es como el momento cuando un extraño, digamos, en la cena, te pregunta: dónde está tu casa? y titubeas -- y mientes y dices que vives en Brooklyn. Lo que ves en ese momento es lo que ve el espíritu: ¿Por qué mentiría? ¿Será mi voz como la tierra carbonizada, la voz de cenizas? ¿Quién te crees que eres espíritu brincando de mundo encendido a mundo encendido como una piedra a través de sus imágenes borrosas— ¡Un pájaro voló a través de mi cuerpo! ¿Incapacitó la alegría? La herida había ocurrido antes. La alegría - antes de que supe que era mía - voló a través del campo carbonizado una venda dentro de mi cuerpo arrancada de la separación— ¡O mensajero! Nunca sabes la diferencia entre tu propio corazón que bombea 1,640 latidos por minuto y el corazón del mundo en el que vuelas. Qué confianza. Debe ser por eso que los cantos de los pájaros son más que la soledad, tan íntimos y silvestres que se deslizan dentro de tus profundidades y allí desaparecen— tan completamente tuyos que casi no sabes lo que canta dentro de tí— Me he arrastrado a través de la montaña. Directamente a través del bloque de resplandor que fue tu cuerpo, Amor -esa confusión. [ ... ] Ahora no me asombro con el perfume asombrante de almizcle que emana de tu piel cuando levanto las cobijas— [ . . . ] por un momento, sostengo el cielo nocturno a mi pecho y toda su fragilidad. En ese corazón ¿de qué sirve morir o nacer de nuevo? Traducción: Robin Urquhart