Inger Christensen Dinamarca (1935-2009). Poeta, Novelista y Ensayista. Se licenció en filosofía en 1954 y se graduó de profesora de Matemáticas en 1958. Fue una de las poetas más destacada apreciada e influyente de su generación y de su país. Fue Miembro de la Academia Europea de La Poesía. Premio Austríaco de la Literatura Europea. Premio del Consejo Nórdico de Literatura. Premio de Literatura Danesa para mujeres, (1994. Premio Rungstedlund (2001). Premio Tomas Tranströmer, 2004. Algunos libros de Poesía: Luz, 1962. Hierba, 1963. Esto, 1969. Alfabet, 1981. Luz/Hierba, 1989. El valle de las mariposas, 1991.
Su obra se distingue por una extraordinaria combinación de rigor formal, sensibilidad filosófica y una profunda conciencia del lenguaje como estructura del mundo.
Desde sus primeros libros, Christensen mostró una preocupación constante por las relaciones entre el lenguaje, la naturaleza y la existencia humana. Su poesía se caracteriza por el uso de sistemas, patrones matemáticos y estructuras orgánicas que no limitan la emoción, sino que la intensifican. En su escritura, lo racional y lo intuitivo conviven, creando una experiencia poética única, donde el pensamiento se vuelve música y la forma, respiración.
Entre sus obras más destacadas se encuentran Det (1969), Alfabeto (1981) y Mariposas del valle (Sommerfugledalen, 1991). En Alfabeto, por ejemplo, utiliza la secuencia de Fibonacci como principio estructural, desarrollando un canto expansivo sobre la vida, la naturaleza y la amenaza de la destrucción nuclear. En Mariposas del valle, un ciclo de sonetos, reflexiona sobre la muerte y la fragilidad de la existencia con una precisión y belleza conmovedoras.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio de la Academia Danesa, el Premio Nórdico del Consejo Nórdico y el prestigioso Premio de Literatura del Estado Austriaco para autores europeos. Su obra ha sido traducida a múltiples idiomas, consolidando su lugar como una de las voces más influyentes de la poesía contemporánea.
La poesía de Inger Christensen no solo explora el mundo: lo reorganiza. En ella, cada palabra parece responder a una ley secreta que vincula lo humano con lo natural, lo visible con lo invisible. Su legado continúa inspirando a nuevas generaciones de lectores y escritores, confirmando que la poesía puede ser, al mismo tiempo, pensamiento, forma y asombro.

Medusas
La tristeza de las nubes.
Una luz ya invernal.
Y los últimos soles varados del verano
como medusas azuladas en la playa.
Las pongo en la mano viscosas frías,
sostengo un sol flácido bajo el cielo
y el esperma se desliza entre los dedos tiesos.
Observo la estructura dividida al azar,
una unidad enigmática de ojos y genitales
y la escucha de otros sistemas solares.
¿Otra vez lloras? Asi de distraídos estamos.
Añoramos ser de nuevo idénticos,
vagar como soles y genitales ardientes
sobre el cielo antes de que todo oscurezca.
Pero el avance de las nubes ya se detiene.
Las medusas azulean heladas y pequeñas.
Se abre a la fuga del verano.
Sostengo un sol flácido bajo el ciclo;
oh conservar su fértil calor un invierno.
Traducción: Daniel Sancosme

Inger Christensen, niña.
Inger Christensen, poemas de su libro Alfabeto en La maja desnuda, Conduce; Nidia Hernández
