Harry Martinson. Suecia. (1904-1978). Poeta, novelista y viajero, considerado una de las voces más originales y profundas de la literatura sueca del siglo XX. Nació en Jämshög, en el sur de Suecia, en una familia humilde marcada por la pobreza. Quedó huérfano muy joven y pasó parte de su infancia en hogares de acogida y trabajos rurales, experiencias que dejaron una huella imborrable en su sensibilidad humana y poética.
Desde adolescente trabajó como marinero y recorrió numerosos países de Europa, Asia y América. Aquellos viajes alimentaron una obra literaria donde la naturaleza, el cosmos, el mar y la condición humana ocupan un lugar esencial. Su escritura unió lirismo, observación científica y una intensa conciencia ética frente al destino del hombre moderno.
Debutó literariamente en la década de 1930 y rápidamente se convirtió en una figura central de la literatura escandinava. Entre sus libros más importantes destacan Ortigas florecidas, Viajes sin meta y especialmente Aniara (1956), extraordinario poema épico y visionario sobre una nave espacial perdida en el universo después de una catástrofe en la Tierra. Aniara es considerada una de las grandes obras poéticas de la ciencia ficción universal.
En 1974 recibió el Premio Nobel de Literatura junto con Eyvind Johnson. La Academia Sueca reconoció “una obra que capta la gota de rocío y refleja el cosmos”. Su elección provocó controversias debido a que ambos escritores eran miembros de la Academia Sueca, situación que afectó profundamente a Martinson.
De espíritu sensible y reservado, sufrió durante años ataques críticos y una profunda depresión. Murió en Estocolmo en 1978. Su poesía y su narrativa continúan siendo admiradas por su belleza visionaria, su amor por la naturaleza y su meditación sobre la fragilidad de la existencia humana frente al universo infinito.
Harry Martinson, su voz

LA CATÁSTROFE
De espaldas a la cotidianidad de los hombres oteaba Tycho
desde la isla de Hveen
el Universo donde brillaban los semblantes de los soles.
Una noche cuando se consumía una nova, un sol camino de su destrucción,
oyó a sus espaldas la voz quejumbrosa de una jornalera:
Misericordioso señor, mi hijo está en peligro,
Ay, antes de que salga el sol mi hijo habrá muerto.
Tycho permaneció inmóvil investigando la nova en el telescopio,
vio cómo desaparecía para siempre un sol para los mundos
que habían gozado de sus favores,
pensó en la gente de aquellos mundos, sus reinos sorprendidos,
todo lo que habían hecho soñado y sentido
hasta la fecha en que surgió la llama
súbitamente de la blancura ígnea de cielos retumbantes
y los océanos del mundo no bastaron para apagarla.
Temblando sintió el innominado dolor de Casiopea,
y sin volverse hacia la quejumbrosa mujer le dijo:
Mujer acabas de nombrar el sol.
Recordabas la existencia del sol.
Grande es la excelencia de tu memoria.
¿Cómo está tu hijo? ¿Enfermo?
Traducción: Francisco J Úriz.