Delmore Schwartz (1913–1966) fue un poeta, narrador y ensayista estadounidense nacido en Brooklyn, Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes judíos rumanos.
Estudió en la University of Wisconsin–Madison y en New York University, y más tarde en Harvard University, donde destacó por su brillantez intelectual.
Alcanzó reconocimiento temprano con su célebre relato In Dreams Begin Responsibilities (1937), considerado una obra clave de la literatura modernista estadounidense.
Su poesía y prosa exploran la identidad, los sueños, la culpa y las tensiones de la vida urbana, con una fuerte carga autobiográfica. A lo largo de su vida mantuvo vínculos con importantes figuras literarias de su tiempo y ejerció como profesor en varias universidades.
En sus últimos años sufrió problemas de salud mental y dificultades económicas, lo que contrastó con el fulgor de su talento inicial.
Hoy es recordado como una figura influyente para generaciones posteriores de escritores, entre ellos Lou Reed, quien fue su alumno.

EL OSO PESADO QUE VA CONMIGO
“el estar consigo del cuerpo”
El oso pesado que va conmigo,
Embadurnado el rostro de una múltiple y variada miel,
Torpe y dando tumbos aquí y allá,
Acaparando cada sitio con su peso,
Ese bruto hambriento y golpeador
Enamorado de los dulces, del sueño y de la ira,
Factótum desquiciado que todo lo deshace,
Que trepa el edificio y patea el balón,
Que en la ciudad del odio boxea con su hermano.
Junto a mí jadea, ese pesado animal,
Ese oso pesado que conmigo duerme,
Y que dormido aúlla por un mundo hecho de azúcar,
Por un dulzor tan íntimo como el abrazo del agua,
Aúlla en sueños porque la cuerda
Tiembla mostrándole el oscuro abismo que hay debajo.
Este exhibicionista de pomposo andar está aterrado,
Embutido en su traje de gala, reventándole los pantalones,
Y tiembla cuando piensa que su carne titirante
Se deshará por fin hasta convertirse en nada.
Este animal del que no puedo escapar conmigo va,
Y me ha seguido desde que el negro útero me sostenía,
Moviéndose conmigo, distorsionándome los gestos,
Una caricatura, una henchida sombra,
El payaso estúpido de los designios de mi ser,
Que ofende y obnubila con su propia oscuridad,
Que alienta oculto en el vientre y en los huesos,
Opaco, demasiado próximo, mi secreto, y aún así desconocido,
Que se yergue para abrazar a ésa a la que amo,
Con la que quisiera caminar, de no estar él tan cerca,
Groseramente la manosea, a pesar de que me bastaría
Tan sólo una palabra para desnudar mi corazón y mostrarme como soy,
Pero él se tambalea, y lo ofusca todo, y exige su alimento,
Bajo su custodia babeante arrastrándome con él,
Entre los cientos de millones de su especie,
Y el desenfreno de la gula en todas partes.