Darío Jaramillo Agudelo

Darío Jaramillo Agudelo (n. 1947) es un poeta, novelista y ensayista colombiano nacido en Santa Rosa de Osos, Antioquia. Es considerado una de las figuras centrales de la poesía colombiana contemporánea y uno de los principales renovadores de la poesía amorosa en lengua española.

Estudió Derecho y Economía en la Universidad Javeriana, formación que acompaña su trayectoria literaria con una mirada intelectual y analítica poco común en la poesía de su generación.

A lo largo de su vida también ha desarrollado una importante labor cultural: dirigió durante más de dos décadas la Subgerencia Cultural del Banco de la República de Colombia, desde donde impulsó bibliotecas, museos y políticas culturales de alcance nacional.

Además de poesía, ha cultivado la novela y el ensayo, consolidando una obra amplia que lo sitúa como una de las voces más influyentes de la literatura colombiana contemporánea.


RAZONES DEL AUSENTE


Si alguien les pregunta por él,

díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa

acaso ya nadie reconozca su rostro;

díganle también que no dejó razones para nadie,

que tenía un mensaje secreto, algo importante que decirles

pero que lo ha olvidado.

Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra parte del mundo,

díganle que todavía no es feliz,

si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se fue con el corazón vacío y seco

y díganle que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón

y que ni él mismo sufre por eso,

que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en él mismo,

que tantas cosas que vio apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita deltacto,

díganle que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios, en un día de sol,

díganle que hubo palabras que le hicieron creer en el amor

y luego supo que el amor dura

lo que dura una palabra.

Díganle que como un globo de aire perforado a tiros,

su alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y que ni siquiera está desesperado

y díganle que a veces piensa que esa calma inexorable es su castigo;

díganle que ignora cuál es su pecado

y que la culpa que lo arrastra por el mundo la considera apenas otro dato delproblema

y díganle que en ciertas noches de insomnio y aun en otras en que cree haberlo soñado,

teme que acaso la culpa sea la única parte de sí mismo que le queda

y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz

y en medio de tardes de piadosa lujuria y también borracho de vino en noches de lluvia

siente cierta alegría pueril por su inocencia

y díganle que en esas ocasiones dichosas habla a solas.

Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas en sus ojos

y una planta de moras sembrada en su estómago y una serpiente enroscada en su cuello

y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida honradamente,

de adivino, leyendo las cartas y celebrando extrañas ceremonias en las que no creerá

y díganle que se llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,

ciertas complicidades mal entendidas

y el recuerdo de dos o tres rostros que siempre vuelven a él en la oscuridad

y nada.