La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Adrienne Rich

Adrienne Rich (Baltimore, Maryland, 1929 – Santa Cruz, California, 2012) fue poeta, ensayista y una de las voces más influyentes de la poesía estadounidense contemporánea. Su obra transformó profundamente la relación entre poesía, pensamiento crítico, feminismo y compromiso social.

Estudió en Radcliffe College, donde destacó tempranamente por su talento literario. Su primer libro, A Change of World (1951), fue seleccionado por W. H. Auden para el Yale Series of Younger Poets, un reconocimiento que la dio a conocer cuando apenas tenía veintidós años.

Durante las décadas de 1960 y 1970 su escritura experimentó una profunda transformación. Abandonó las formas más tradicionales de sus inicios para desarrollar una poesía cada vez más personal, política y experimental. Su obra comenzó a explorar cuestiones relacionadas con la condición de las mujeres, la maternidad, el lenguaje, la sexualidad, la justicia social y las estructuras de poder.

Entre sus libros más importantes se encuentran Snapshots of a Daughter-in-Law (1963), Leaflets (1969), Diving into the Wreck (1973), The Dream of a Common Language (1978), An Atlas of the Difficult World (1991) y Fox (2001).

Diving into the Wreck recibió el National Book Award en 1974. Rich aceptó el premio en nombre de todas las mujeres cuya creatividad había sido invisibilizada o marginada, convirtiendo el reconocimiento en un gesto colectivo y político.

Además de su poesía, escribió ensayos fundamentales como Of Woman Born (1976) y Blood, Bread, and Poetry (1986), textos que ampliaron el alcance de su pensamiento más allá de la literatura.



Fantasía para Elvira Shatayev


(líder de un grupo de mujeres alpinistas, las cuales murieron en una tormenta en el Pico Lenin,
en Agosto de 1974. Después, el marido de Shatayev encontró y enterró los cuerpos.)





El frío se sintió frío hasta que nuestra sangre
se enfrió luego el viento
se fue aquietando y nos dormimos

Si en este sueño yo hablo
es con una voz que no es más personal
(quiero decir con unas voces)

Cuando el viento arrancó por fin nuestra respiración
no necesitábamos palabras
Por meses por años cada una de nosotras
había sentido su propio sí creciendo en ella
formándose lentamente
mientras estaba frente a las ventanas
esperaba los trenes
enmendaba sus mochilas
se peinaba

Lo que íbamos a aprender
fue sencillamente lo que tuvimos
acá arriba
mientras que de todas las palabras
ese sí reunía
sus fuerzas
fusionándose
y sólo justo a tiempo
para encontrar un No sin graduaciones
el oscuro agujero
aspirando el mundo


Te siento trepando hacia mí
las marcas de tus botas dejando
su geométrica mordida
colosalmente tallada
en microscópicos cristales
como cuando te rastreé en el Cáucaso
Ahora estoy mucho más
adelante
de lo que vos y yo soñamos
cualquiera lo estaría
me he convertido
en la blanca nieve acumulada
como el asfalto por el viento
en las mujeres que amo
ligeramente arrojada
contra la montaña
en ese cielo azul
nuestros congelados ojos despejados
en la tormenta
podríamos haber cosido todo junto
ese azul
como una colcha

Vienes (yo lo sé)
con tu amor
tu pérdida
atadas con correas a tu cuerpo
con tu grabadora
tu cámara
la pica para el hielo
contra todo consejo
para darnos un entierro en la nieve
y en tu mente

Mientras mi cuerpo yace acá afuera
fulgurando como un prisma dentro de tus ojos
cómo podrías dormir Escalaste acá por vos mismo
nosotras escalamos por nosotras mismas

Cuando nos hayas enterrado contado tu historia
la nuestra no termina seguimos fluyendo
hacia lo interminable lo no comenzado
lo posible

Cada núcleo de las células de calor pulsado afuera nuestro
hacia el fino aire del universo
la armadura de roca debajo de estas nieves
esta montaña que ha tomado la impresión de nuestras mentes
a través de cambios elementales y diminutos
como esos que sobrellevamos
para traer a cada una hasta acá
eligiéndonos a cada una y a esta vida
de la cual cada aliento y mano agarrada y lugar donde pisemos
está en algún lado todavía establecido y continuando

En el diario escribí:

Ahora estamos preparadas
y cada una de nosotras lo sabe Nunca amé
de esta manera Nunca he visto
mis propias fuerzas tan levantadas y compartidas
y devueltas
Después del largo entrenamiento los primeros asedios
nos estamos moviendo casi sin esfuerzo en nuestro amor


En el diario mientas el viento empezaba a arrancar
las carpas encima nuestro escribí:

Ahora sabemos que siempre estuvimos en peligro
allá abajo por separado
y ahora acá arriba juntas pero hasta ahora
no habíamos tocado nuestra fuerza

En el diario arrancado de mis dedos había escrito:

Qué significa el amor
qué quiere decir “sobrevivir”
Un cable de fuego azul sujeta nuestros cuerpos
ardiendo juntos en la nieve No vamos a vivir
para arreglarnos por menos Hemos soñado con esto
toda nuestra vida



1974




Versión de Tom Maver





III




Como ya no somos jóvenes, las semanas han de valer
por todos los años que estuvimos separadas.
Pero tan solo esta extraña deformación del tiempo
me advierte que no somos jóvenes.
¿Caminé alguna vez por las calles matutinas en mis veinte,
con mis brazos y piernas fluyendo en la más pura alegría?
¿Me incliné alguna vez desde una ventana sobre la ciudad
a escuchar al futuro,
Así como ahora espero por tu llamada
con mis nervios adheridos al teléfono?
Y tú te mueves hacia mí con el mismo ritmo,
Con tus ojos sin tiempo, y con esa chispa verde
como destellos del pasto de verano en tus ojos azules,
o como el berro silvestre azulverdoso rociado en primavera.
Sí a los veinte creímos que viviríamos por siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer hasta nuestros límites.
Te acaricio aún sabiendo que no nacimos mañana,
Y que de alguna manera, cada una ayudará a la otra a vivir.
Y que en algún lugar, cada una ayudará a la otra a morir.


Traducción: Francia Rosa Calzadilla



III



Since we’re not young, weeks have to do time
for years of missing each other. Yet only this odd warp
in time tells me we’re not young.
Did I ever walk the morning streets at twenty,
my limbs streaming with a purer joy?
did I lean from any window over the city
listening for the future
as I listen here with nerves tuned for your ring?
And you, you move toward me with the same tempo.
Your eyes are everlasting, the green spark
of the blue-eyed grass of early summer,
the green-blue wild cress washed by the spring.
At twenty, yes: we thought we’d live forever.
At forty-five, I want to know even our limits.
I touch you knowing we weren’t born tomorrow,
and somehow, each of us will help the other life,
and somewhere, each of us must help the other die.