Philippe Jaccottet

Philippe Jaccottet (1925–2021, Suiza / Francia)

Poeta y traductor nacido en Moudon, Suiza francófona, Philippe Jaccottet vivió la mayor parte de su vida en Francia, especialmente en la región de Grignan, donde desarrolló gran parte de su obra.

Estudió literatura en la Universidad de Lausana. En los años 50 se instaló en Francia, donde entró en contacto con el mundo editorial parisino y con tradiciones poéticas europeas diversas.

Fue un traductor central de la literatura clásica y moderna al francés, trabajando sobre autores como Hölderlin, Rilke y Homer, lo que influyó directamente en su escritura.

Su poesía se desarrolla en libros como L’Effraie y Airs, donde aparecen el paisaje, la luz, la observación de lo cotidiano y una atención constante al lenguaje como forma de percepción.

Participó activamente en la vida literaria europea del siglo XX, manteniendo siempre una posición discreta, más ligada a la escritura y la traducción que a la exposición pública.



El ignorante


Así como envejezco crezco en ignorancia,

Mientras más vivo, menos poseo y menos reino.

Todo lo que tengo, es un espacio a veces cubierto de nieve o

brillante, nunca habitado.

¿Donde está el dador, el guía, el guardián?

Aguardo en mi cuarto inicialmente callado

(el silencio aparece cual siervo a poner orden)

Y yo espero que una por una las mentiras se aparten:

¿Que más queda? ¿Que retiene al agonizante?

¿Al punto de impedirle morir? ¿Qué fuerza

le permite aun hablar entre sus cuatro paredes?

¿Lo sabré yo, el ignorante, el inquieto?

Mas lo escucho realmente hablar y su palabra

Irrumpe con el día, impreciso aùn:

“Como el fuego, el amor instaura su transparencia

en la culpa y la belleza de la madera vuelta cenizas….”



Traducción: Diana Insausti




L'ignorant

Plus je vieillis et plus je croîs en ignorance,

plus j'ai vécu, moins je possède et moins je règne.

Tout ce que j'ai, c'est un espace tour à tour

enneigé ou brillant, mais jamais habité.

Où est le donateur, le guide, le gardien ?

Je me tiens dans ma chambre et d'abord je me tais

(le silence entre en serviteur mettre un peu d'ordre),

et j'attends qu'un à un les mensonges s'écartent :

que reste-t-il ? que reste-t-il à ce mourant

qui l'empêche si bien de mourir ? Quelle force

le fait encor parler entre ses quatre murs ?

Pourrais-je le savoir, moi l'ignare et l'inquiet ?

Mais je l'entends vraiment qui parle, et sa parole

pénètre avec le jour, encore que bien vague :

« Comme le feu, l'amour n'établit sa clarté

que sur la faute et la beauté des bois en cendres... »






Mientras te escucho,
el reflejo de una vela tiembla en el espejo
como una llama trenzada
de agua.

Esta voz, también, ¿no es el eco
de otra, más real?
¿Va él a escucharla, él que se debate
entre las manos siempre demasiado lentas del verdugo?
¿La oiré yo?

Si alguna vez hablan por encima de nosotros

entre los árboles constelados de su abril.



Traducción: Rafael José Díaz