Reino Unido, 1909–1995
Stephen Spender nació el 28 de febrero de 1909 en Londres, Inglaterra. Estudió en la University of Oxford, donde se vinculó al ambiente literario de su generación.
Formó parte del grupo de poetas británicos de la década de 1930, junto a autores como W. H. Auden y Cecil Day-Lewis.
Publicó su primer libro de poesía, Twenty Poems, en 1930. Posteriormente aparecieron Poems (1933), The Still Centre (1939) y The Generous Days (1971), entre otros.
Además de su obra poética, escribió ensayo, autobiografía y crítica literaria.
Participó en la vida cultural y editorial, siendo uno de los fundadores de la revista Encounter.
Su obra ha sido publicada y difundida ampliamente en el ámbito anglosajón. Falleció el 16 de julio de 1995 en Londres.

EL DIOS DE LA GUERRA
¿Porqué no puede la buena
Benevolente, posible
Paloma finalmente descender?
¿Y ser el trigo compartido?
¿Y los soldados enviados a casa?
¿Y derribar las barreras?
¿Y perdonar a los enemigos?
¿Y dejar atrás las ofensas?
Porque el conquistador
Es víctima de su propio poder
Y su voluntad está forjada
En el miedo de otros miedos:
Recordando el ayer
Cuando los que ahora vence
Destruyeron a su padre-heroe
Y arrullaron su cuna
Con angustiosas fábulas.
Hoy su sol de victoria
Esconde la ansiedad de la noche
Para que los niños de la matanza
Pongan a prueba los dientes de dragón sembrados
En el ocaso del sol
Para levantarse mañana
En un cielo y un mar ensangrentados
Y vengar a sus padres de nuevo.
Aquellos que se rinden
En el desamparado campo
Pueden soñar con razones piadosas
De perdón, pero ellos saben lo que hicieron
En el alto sol de su estación.
Porque el mundo es el mundo
Y no la gran matanza
Que no absuelve al asesino
Ni escribe historias
Con finales de amor.
Porque bajo las olas
Y la fricción de las cadenas de la desesperación
La necesidad de amor no cesa
***
The War God
Why cannot the one good
Benevolent feasible
Final dove, descend?
And the wheat be divide?
And the soldiers sent home?
And the barriers torn down?
And the enemies forgiven?
And there be no retribution?
Because the conqueror
Is victim of his own power
That hammers his heart
From fear of former fear–
When those he now vanquishes
Destroyed his hero-father
And surrounded his cradle
With fabled anguishes.
Today his day of victory
Weeps scalding lead anxiety
Lest children of these slain
Prove dragon teeth (sown
Now their sun goes down)
To rise up one morning
Stain the sky with blood
And avenge their fathers again.
The defeated, filled with lead,
On the helpless field,
May dream the pious reasons
Of mercy, but alas
They know what they did
In their own high seasons.
The world is the world
And not the slain
Nor the slayer, forgive.
There’s no heaven above
To make passionate histories
End with endless love.
Yet under wild seas
Of chafing despairs
Love’s need does not cease.