La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska (1923–2012) fue una poeta, ensayista y traductora polaca, considerada una de las voces más importantes de la poesía contemporánea. Nació en Bnin, Polonia, y pasó la mayor parte de su vida en Cracovia. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jaguelónica, aunque no llegó a concluir sus estudios debido a las circunstancias de la posguerra.

Publicó su primer libro de poemas, Por eso vivimos (1952), al que siguieron numerosos títulos que consolidaron una obra caracterizada por la precisión verbal, la ironía, el humor discreto y una profunda reflexión sobre la condición humana. Entre sus libros más conocidos se encuentran Llamando al Yeti (1957), Sal (1962), Gran número (1976), Gente en el puente (1986), Fin y principio (1993), Instante (2002) y Dos puntos (2005).

Su poesía aborda temas como la historia, la memoria, el azar, la identidad, la muerte y los misterios de la existencia cotidiana. Con una mirada lúcida y compasiva, Szymborska convirtió las preguntas aparentemente simples en meditaciones de gran profundidad filosófica y emocional.

En 1996 recibió el Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que destacó la capacidad de su obra para revelar, con extraordinaria claridad e ironía, las complejidades de la realidad humana. Su trabajo ha sido traducido a decenas de idiomas y continúa siendo leído y admirado en todo el mundo como una de las expresiones más singulares de la poesía del siglo XX.



FOTOGRAFÍA DEL 11 DE SEPTIEMBRE



Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:
uno, dos, todavía unos cuantos
más arriba, más abajo.

La fotografía los mantuvo con vida,
y ahora los conserva
sobre la tierra, hacia la tierra.

Todos siguen siendo un todo
con un rostro individual
y con la sangre escondida.

Hay suficiente tiempo
para que revolotee el cabello
y de los bolsillos caigan
llaves, algunas monedas.

Siguen ahí al alcance del aire,
en el marco de espacios
que justo se acaban de abrir.


Solo dos cosas puedo hacer por ellos:
describir ese vuelo
y no decir la última palabra.



Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A Murcia.






A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA


A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamano.



Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A Murcia.


NADA DOS VECES


Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá.
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.
Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repasaremos
ningún verano o invierno.
Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.
Ayer alguien pronunciaba
tu nombre en mi presencia,
como si de repente cayera
una rosa por la ventana abierta.
Hoy, cuando estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?
¿Y por qué tú, mala hora,
te enredas en un miedo inútil?
Eres, pues estás pasando,
pasarás —es bello esto.
Sonrientes, abrazados,
intentemos encontrarnos,
aunque seamos tan distintos
como dos gotas de agua



LA CORTESÍA DE LOS CIEGOS


Un poeta lee poemas a unos ciegos.
No se imaginaba que fuera tan difícil.
Le tiembla la voz.
Le tiemblan las manos.
Siente que cada frase
debe superar la prueba de la oscuridad.
Tendrá que arreglárselas solo,
sin luces ni colores.
Peligrosa aventura
para las estrellas de sus poemas,
para la aurora, el arco iris, las nubes,
los neones, la luna,
para los peces hasta ahora tan plateados bajo el agua
y los azores tan callados, altos en el cielo.
Lee —porque es ya demasiado tarde para no leer—
sobre el niño de la cazadora amarilla en el verde prado,
sobre los rojos tejados que se pueden contar en los valles,
sobre los vivaces números en las camisetas de los jugadores
y sobre una mujer desnuda, tras una puerta entreabierta.
Quisiera omitir —aunque eso no es posible—
a todas aquellos santos en la bóveda de la catedral,
aquel gesto de despedida desde la ventana del vagón,
la lente del microscopio y el destello en el anillo,
y las pantallas y los espejos y el álbum con rostros.
Pero es grande la cortesía de los ciegos,
grandes su comprensión y su magnanimidad.
Escuchan, sonríen, aplauden.
Alguno de ellos incluso se acerca
con un libro abierto al revés
pidiendo un autógrafo invisible para él.



UTOPÍA


La isla donde todo tiene explicación.

Aquí se alegan pruebas irrefutables.

Solo hay vías de acceso.

Los arbustos ceden bajo el peso de las Respuestas.

Crece aquí el árbol de las hipótesis válida

con su desde siempre desmarañadas ramas.

Junto al manantial de Así son las cosas

se eleva luminoso el árbol de la Comprensión.

Cuanto más te adentres en el bosque, más vasto se abre

el valle de la Evidencia.

Si alguna duda subsiste, la diluye el viento.

El Eco toma la palabra sin ser llamado

y solícito descifra los arcanos de los mundos.

A la derecha, una gruta donde yace el Significado.

A la izquierda, el lago de las Convicciones Profundas.

Del fondo emerge, ingrávida, a la superficie, la Verdad.

La Seguridad inquebrantable domina el valle.

Desde su cima se contempla la Esencia de las Cosas.

Pese a tanto deleite, la isla está siempre desierta

y las huellas de pasos que surcan la orilla

se dirigen sin excepción al mar.

Como si lo propio del lugar fuera partir

para no volver a sumergirse en la vorágine.

En la vida inconcebible.




EL VIEJO CATEDRÁTICO

Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos tan jóvenes,
ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos.
Algo de eso ha quedado, excepto la juventud
-respondió.
Le pregunté si todavía sabe a ciencia cierta
lo que es bueno y lo que es malo para el hombre.
La más mortífera ilusión posible
-respondió.
Le pregunté por el futuro,
si lo sigue viendo claro.
He leído demasiados libros de historia
-respondió.
Le pregunté por la fotografía,
esa en el marco, sobre el escritorio.
Fueron, pasaron. Mi hermano, mi primo, mi cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo
un pájaro volador no indentificado
-respondió.
Le pregunté si es a veces feliz.
Trabajo
-respondió.
Le pregunté por los amigos, si todavía tiene.
Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen antiguos ayudantes,
la señora Luzmila, que gobierna mi casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Gregorio de enfrente y Marco Aurelio
-respondió.
Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.
Me prohíben el café, el vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no lo oigo
-respondió.
Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.
Cuando la noche es serena observo el cielo.
No deja de asombrarme cuántos puntos de vista hay ah
-respondió.

Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A Murcia.