La Maja Desnuda: XXV Aniversario
Con motivo del XXV Aniversario de La Maja Desnuda, se realizó una edición especial en coedición con la Universidad Metropolitana de Caracas y su Dirección de Cultura, reafirmando el compromiso del programa con la difusión de la poesía universal y el diálogo entre distintas tradiciones literarias.
La publicación reunió a veinticinco poetas fundamentales de la literatura contemporánea, provenientes de diversos idiomas, culturas y geografías. La selección, realizada por Nidia Hernández, propuso un recorrido por algunas de las voces más significativas de la poesía mundial del siglo XX y comienzos del XXI.
Entre los autores incluidos figuraban Carlos Drummond de Andrade, Vladimir Holan, Czesław Miłosz, Elizabeth Bishop, Sophia de Mello Breyner Andresen, Tadeusz Różewicz, Jorge Eduardo Eielson, Lêdo Ivo, Philippe Jaccottet, Adrienne Rich, Blanca Varela, Derek Walcott, Adonis, Rafael Cadenas, Tomas Tranströmer, Cees Nooteboom, Seamus Heaney, Cristina Peri Rossi, Herta Müller, Carmen Boullosa, Yolanda Pantin, Luisa Castro y Muhsin Al-Ramli, entre otros autores presentes en la edición.
Más que una antología, el volumen constituyó una invitación al encuentro entre distintas lenguas poéticas y visiones del mundo. La selección puso en diálogo a premios Nobel, figuras esenciales de la poesía europea, latinoamericana y árabe, junto a voces contemporáneas que han contribuido a ampliar los horizontes de la poesía de nuestro tiempo.
Esta edición conmemorativa reflejó uno de los principios que han acompañado a La Maja Desnuda desde sus inicios: entender la poesía como una conversación sin fronteras, capaz de reunir en un mismo espacio a autores de distintas generaciones, tradiciones y culturas.
A veinticinco años de su fundación, La Maja Desnuda celebró así su vocación internacional, consolidando un trabajo sostenido de difusión poética que ha acercado a lectores y oyentes a algunas de las voces más importantes de la literatura contemporánea.

Selección:
Los Verdaderos Poetas Aparecen
Sin que nadie se dé cuenta
No tienen nada en la cabeza
Escriben versos en el aire
Quieren a todos tiernamente
Sin que nadie los quiera
Son los únicos que lloran
Cuando afuera llueve
Y sin que nadie se dé cuenta
Desaparecen.
Jorge Eduardo Eielson Perú (1924-2006)
MI PATRIA
Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es la patria.
Mi patria es la tierra blanda y pegajosa donde nací
Y el viento que sopla sobre Maceió.
Son los cangrejos que corren en el lodo del manglar
y el océano cuyas olas siguen mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos colgados del techo carcomido de las iglesias,
los locos que bailan al atardecer en el hospicio junto al mar,
y el cielo curvado por las constelaciones.
Mi patria es la sirena de los navíos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos y los cementerios marinos
donde mis ancestros tuberculosos y con paludismo
no dejan de toser y temblar en las noches frías,
y el olor de azúcar en los almacenes de los puertos
y las lisas que se debaten en las redes de los pescadores
y las ristras de cebollas acurrucadas en la sombra
y la lluvia que cae sobre los corrales de pesca.
La lengua de la que me sirvo nunca es y nunca fue mi patria.
Ninguna lengua engañosa es la patria.
Ella sirve apenas para que yo celebre mi pobre y grande patria muda,
mi patria disentérica y desdentada, sin gramática sin diccionario,
mi patria sin lengua y sin palabras.
Lêdo Ivo. Brasil (1924-2012)
Mapa del Nuevo Mundo
I Archipiélagos
Al final de esta frase, comenzará la lluvia.
Al borde de la lluvia, una vela.
La vela poco a poco perderá de vista las islas
y se hará niebla la creencia en puertos
de toda una raza.
Ha acabado la guerra que duró diez años.
El cabello de Helena una nube gris.
Troya un foso de cenizas blancas
junto al lluvioso mar.
La llovizna se tensa como cuerdas de un arpa.
Un hombre de ojos nublados la toca
y le arranca el primer verso de la Odisea.
Derek Walcott (1930, Santa Lucía)
ESPEJO DE UN SUEÑO
El héroe, en vela cual ola
duerme.
Nuestra tierra es una niña que duerme
sin cabeza y sin almohada
y el rojo pensamiento depredador
es un cadáver dormido.
¡Oh, ceniza de los miembros!
¡Oh, vías de los humores
de mi cuerpo, del cuerpo del arabismo!
¿Desde cuándo y cómo despertaré a los durmientes?
Adonis. Siria, 1930
Beloved Country
Cuánto tuyo no se desenvuelve como música perdida en mí.
País al que regreso cada vez que me he empobrecido.
Sello, fasto, bóveda de los cofres.
Nunca me has negado tu leche de virgen.
Mi reflujo, mi fuente secreta, mi anverso real.
Ignoro el alcance de tu olor, pero sé que has estado
en todos mis puntos de partida, envolviéndome,
Oriente solícito, como una ceremonia.
País donde van las líneas de mi mano, lugar donde soy otro,
mi anillo de bodas, estás cerca del centro.
Rafael Cadenas. Venezuela, 1930.
POSTLUDIO
Me arrastro como un garfio sobre el fondo del mundo.
Se engancha todo lo que no necesito.
Cansada indignación, resignación ardiente.
Los verdugos traen piedras, Dios escribe en la arena.
Silenciosas estancias.
Los muebles, listos para volar en el claro de luna.
Avanzo silencioso hacia mis adentros
A través de un bosque de vacías armaduras.
Tomas Tranströmer. Suecia 1931.
Traducción: Roberto Mascaró
ESCOLÁSTICA
Ésta es la conversación más antigua de la tierra.
La retórica del agua
estalla sobre el dogma de piedra.
Pero en el final invisible
sólo el poeta sabe cómo acaba.
Moja su pluma en las rocas
y escribe en una mesa
de espuma.
Cees Noteboom, Holanda, 1933.
Selma, pequeño perro, oye
aún las florecitas se doblan cuando andamos,
las grullas, los cisnes con sus niños grises,
éramos un poco zorros.
El perejil silvestre en fila,
así que primero estaba la mamá,
después la mamá, después el papá airado.
El otoño llegó Selma, llegó la nieve
alta hasta las orejas y la cabeza,
llegaron capas que esconden,
engañadores de alces.
Andas conmigo todavía a lo largo del invierno helado,
anda tu sonrisa graciosa, tu tumba.
A lo largo de ríos congelados
sólo nosotros los graciosos
hacia la iglesia de los perros,
ángeles del zorro.
Sirkka Turkka. Finlandia 1939.
VIVIR DOS VECES
La memoria es una sobrevida.
Mientras me inclino para besarte
para acariciar tus senos
pienso en la sobrevida
que me sobrevendrá
en tu memoria
viviré más allá de mis años
en el escorzo de tu cuello tan blanco
como la luz lunar
una noche, en Calella,
mes de agosto,
año dos mil seis,
viviré más allá de mis años
en tu memoria de mujer nocturna
que mira desde el lecho
la ventana por donde una ciudad como un cuadro
de Richard Estes enciende y apaga sus luces
en medio de los carteles de Bancos y de Cajas
de autos y de oficinas
Viviré más allá de mis años
en tu memoria
de mujer que al amarme se ama en mi amor
y recordarás el edredón de plumas
con el que cubrías tu desnudez
y la botella de agua que se caía en medio de los besos
y la luz del televisor mudo
que iluminaba blancamente nuestros cuerpos
oscureciéndolos a veces
La memoria es una sobrevida.
Mientras me inclino para besarte
sé que vivo dos veces
la vez de esta noche tibia de otoño
en la que te acaricio con las manos
con los dedos con el pensamiento y con la voz
y la sobrevida de tu memoria
donde nos amamos
más allá del tiempo
en medio de la ciudad iluminada
y silenciosa
que no duerme
porque estamos en vigilia
vigilia del goce
vigilia de amor
Cristina Peri Rossi. Uruguay. 1941.
¿TAMBIÉN TIENES UVAS?
En la madraza de la ciudad que huele a morería,
bajo arabescos que se recortan y se retuercen,
los críticos académicos explican la revelación:
fluyen las significaciones como la vida misma,
el lenguaje sirve para llegar a acuerdos sin impedir
que cada cual mantenga su criterio; es la que sirvió
para que un anciano enfermo que perdió una pierna,
con el rostro cruzado de cicatrices siberianas, tras
los barrotes, bajo el cielo de su patria, desde la penumbra
de su gargantuesca máscara, pudiera
confundir las mentes de los papagayos de París.
Y así quedaron los críticos, intercambiándose alabanzas
y dándose palmaditas en la espalda, pero con sus puñales
andaluces prestos en el bolsillo. Me fui.
No porque yo fuera mejor ni más sabio que los otros.
Ya había pasado otras veces por lo mismo.
En el principio de los siglos, aun antes de que
naciera aquel que recomendara ofrecer la otra mejilla,
el sabio cobijado bajo el tejado de la pagoda
había sentenciado: “Todo fluye. Nada podrá
contra ello la espada ni la palabra”.
Lo supe de otro modo. Lo intuí
cuando una mujer joven, con su mirada
tierna trenzada en la corcova, se inclinó
ayer sobre sus hijos sanos, concebidos
con su marido jorobado; y hoy lo intuyo
a través de la vocecita tenue de mi hija
de dos años que me ha preguntado por teléfono:
“¿También tienes uvas?”.
Sin saber qué hay más allá de los países y los mares,
sin saber que hay diferencia entre un día y un año,
más que en realidad no hay diferencia alguna.
Jüri Talvet. Estonia.
después de perder el tren de la noche le dije al
jefe de la estación voy a recostarme un rato
sobre el banco dijo bueno
e inspeccionó las partes lubricadas de la barrera
sus muñecas parecían las patas delanteras
de perros grandes los que giran por las torres de agua
porque les da miedo la sombra
quiso saber si YO pensaba en el hermano en la cárcel
le pregunté lo conoces dijo
casualmente
no estaba previsto
Herta Müller. Rumanía, 1953.
¿Quo vadis?
¿Dónde caíste, Patria insomne,
como el astro del cuento,
como la ebria que se estrella contra un poste de luz?
Tu masa más densa,
más austera,
más sólida,
más real,
puede comprimirse y caber en un dedal,
o en el bordado de aquella blusa.
De que estés, no hay duda.
¿Pero a dónde vas?
Entre los humos de una guerra entre todos,
en la que nadie
sino mercenarios
participa
–las balas que vuelan no tienen convicciones,
son de paga federal, estatal, o de este capo o el otro etcétera…
Ráfagas a sueldo–,
te nos escapas, Patria en fuga.
(Tu aliento
de miel
de ráfagas a sueldo.)
(Tu aliento de ajo y chocolate y chiles diversos.)
(Tu aliento a piedra de moler,
molcajete y ajo y miel y chiles y pimienta y canela.
(Tu aliento a piedra del sacrificio,
a sangre,
al corazón que aún palpita.)
Carmen Boullosa. México, 1954.
Fidelidad
Vivía inútilmente leyendo los periódicos
pensando en el enigma del poder
y en las causas de la obediencia.
Adam Zagajewski
a las preguntas
que hemos transitado
a lo largo de estos años
y quedan sin responder
huérfanas;
a los posos
cuando ‘algo’ viene desde
un resto antiguo que
azuza el temor
con cristos
en los cruces de caminos;
a los vampiros;
a las pesadillas recurrentes;
a los olvidos
sumidos en pobreza
y astuta sumisión; a los trazos
que nos dicen
de la mano de un niño
sobre un mapa
socorrido, y
al intento de comprender.
Yolanda Pantin. Venezuela 1954.
LA CAÍDA
Las montañas cristalizan en mil años
y el mar gana un centímetro a la tierra
cada dos milenios,
horada el viento la roca
en cuatro siglos
y la lluvia,
también la lluvia se toma su tiempo para caer.
Se paciente con mi corazón
que suspira por una obra duradera.
Como el viento,
como la lluvia,
también mi corazón
se toma su tiempo para caer.
Luisa Castro. España 1966.
Después de la lluvia:
Soles en las nubes y en los riachuelos,
dulces de almendras y de avellanas,
miel de dátiles y un pan caliente.
Después de la lluvia:
Mi madre, mis hermanos
y nuestra casa de barro,
nuestras palomas blancas.
Después de la lluvia:
Arcos coloridos de paz,
sin armas, sin presidente.
Después de la lluvia,
... después de la lluvia.
Muhsin Al-Ramli. Irak, 1967.