Kristina Lugn nació en Suecia en 1948 y murió en su casa de Estocolmo el 9 de mayo de 2020. La noticia de su partida sacudió profundamente la cultura sueca. Su amigo, Tommy Körberg, dijo sobre ella: “Ella era punk”, y agregó: “Esa leve locura que tenía, la vamos a extrañar enormemente”.
Poeta, crítica literaria y dramaturga, Kristina Lugn había nacido en Tierp, en la provincia de Uppsala. Creció entre los dos lagos más grandes de Suecia y también en Estocolmo. Debutó como poeta en 1972 y en 2006 apareció su poesía reunida.
Kristina Lugn recibió el Premio de Literatura Selma Lagerlöf en 1999 y el Premio Bellman en 2003. Participó además en una serie de televisión en Suecia, donde alcanzó gran popularidad, y fue miembro de la Academia Sueca. Durante algún tiempo estuvo encargada del teatro Teater Brunnsgatan.
Todos coinciden en que Kristina Lugn poseía una mente singular para la belleza de lo incomprensible. Cuando en 2014 recibió una importante beca literaria, el jurado expresó: “Porque con su peculiar sentido de la belleza en lo incomprensible, humorístico y drástico, toca la reflexión y la dedicación. Porque con su sentimiento de poeta y para nuestro deleite e intoxicación, logra hacernos entender mejor el idioma sueco”.
Muy apreciada por el público de su país, a pesar de la complejidad ocasional de su lenguaje poético, Kristina Lugn abordó temas como la soledad, la muerte y la crisis de la mediana edad, siempre atravesados por la ironía, el cinismo y un agudo humor negro.
En una entrevista confesó: “Mi escritura expresa el enorme miedo que tengo de perder personas, incluso a mí misma. Este es mi único tema”.
Desde La maja desnuda honramos la memoria de Kristina Lugn.

Kristina Lugn, su voz
Este pájaro
se ha vuelto casi tragicómico
mal dirigido.
Y no sé en casa de quién
le voy a dar refugio.
No sé dónde iré
cuando no me atreva a dar un paso más
en mi propia compañía.
Más, pienso a veces
que cuando uno está triste
ayuda mucho si alguien que uno ama
nos hace dormir como desde abajo
hasta calentarse y humedecerse despacio despacio
y uno recibe un nombre
que obliga a las sombras a abrir
sus puertas susurrantes.
La soledad
no se asemeja a una tranquila noche hogareña
en el corsé color crepúsculo con un rollito de canela en el regazo
en absoluto se asemeja a una litera y su animado viaje
por los tristísimos paisajes terrestres de casitas perrunas
jamás se parecería a una princesa muerta
en una cuna reluciente de lágrimas
que nadie se atreve a secar.
No hay ningún
chartreuse verde
ningún vibrador de batería
en la carcomida escuelita de la soledad
pero hay hachas y cuerdas y cascadas
un gastado cable de electricidad, estiletes
que amistosamente y de repente sobresalen
de bananos ofrecidos
Hay espías
y vergas parecen tener
hay mostradores de ensaladas en cada buen supermercado
donde suelo estar al atardecer totalmente pacífica
masticando algo que no existe
y no soy más digna de lástima
que los demás cerdos degollados
Esto es un hogar
el sofá, una parte importante del hogar.
Una persona también le da un carácter.
¿Es el sofá todavía parte del hogar
cuando el que se ha sentado ahí
muere de repente?
¿Tendrá el olor de los recuerdos
de quien acostumbraba a sentarse ahí
para sentirse solo?
¿Tendrá quizás un nuevo hogar?
¿Y en caso tal transmitirá el sofá sus experiencias
al nuevo hogar?
¿Así que la persona que solía sentarse en él
de algún modo sea
digna de recordar?
¿O lo sacarán
junto con la persona y lo quemarán
uno a uno?
Uno a uno, es decir
en cámaras separadas
para que el hogar se disperse.
Pese a todo no quise morir
Pese a todo sólo quise ser una bibliotecaria
que en verdad ama a sus clientes
sí, quise ser solamente un adorno para cada uno
que declama poesía en su soledad
y bebe infusión de fresas salvajes
en el sótano
y en el balcón de sacudir alfombras
Quería saber manejar aguja e hilo
cuchillo y tenedor, hoja de afeitar y clavos
un taladro querría tener o una cortadora de yerba
algún sedativo y algún estimulante
no querría tener ningún cerco de púas
alrededor de los cochinos bártulos de mi dormitorio
cuando el pájaro de nadie
silba para nadie
en los techos de las casas
y en las corrientes de agua
Quisiera ser entonces una funcionaria social
que entiende de verdad a sus clientes
¡Ay! entonces quisiera ser una enfermera
que conoce bien su oficio
una mueca de talento quisiera tener
y una posición de cuerpo digna de confianza
un secador eléctrico
un sostén elástico quisiera tener
y un par de ligas blancas
Después de todo no quise morir
preferí ser un deleite para cada quien
que hace aplicaciones textiles en su tiempo libre
y bebe infusión de diente de león
a la hora del lobo
cuando la mamá de nadie
silba para nadie
bajo la estrella más peligrosa
entre los ruinosos rascacielos
solo eso
Puedo hacer tonadas tirolesas.
Me lo enseñó la dríada del bosque.
Me enseñó cómo se lava la lana de oveja
a noventa y cinco grados, sin planchado
sin que la voz cantora se dañe.
Cuando yo era niña
estaba la lechería siempre cerrada.
Los policías eran pirómanos
y yo los amaba
porque me mantenían la mano en su bolsillo
mientras los niños jugaban bajo el carro de la Osa Mayor
en los retretes de los caballeros
esas partes del bosque más secretas
las que robó mi madrina
de la dote nupcial de mis ancestros.
Cada vez que canté
se esparcieron todas las horribles
letras domésticas de mi nombre
por encima de las rejas de las casas en hilera
Tan pronto sentí una caricia en la mejilla me supe
expuesta a un acto criminal.
No tengo idea de cómo se hace
para llorar.
Pero puedo hacer tonadas tirolesas.
Traducción del sueco: Ángela García.