Juan Sánchez Peláez

Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1922 – Caracas, 2003) es una de las figuras centrales de la poesía venezolana del siglo XX. Su obra, breve pero intensa, abrió nuevos caminos en la lírica hispanoamericana, marcada por una tensión constante entre el erotismo, el misterio y una profunda búsqueda interior.

Se desempeñó como agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Colombia y vivió durante varios años en París, experiencias que ampliaron su horizonte estético y consolidaron su vínculo con las corrientes de vanguardia. Formó parte del momento más fértil de la poesía latinoamericana del siglo XX y mantuvo un diálogo cercano con el surrealismo, cuya huella es visible en su lenguaje libre y visionario.

En 1976 recibió el Premio Nacional de Literatura, reconocimiento a una obra que, aunque contenida en extensión, resultó decisiva para varias generaciones de poetas venezolanos.

Entre sus libros de poesía destacan Elena y los elementos (1951), obra fundamental que marcó un giro en la poesía venezolana, Animal de costumbre, Filiación oscura, Un día sea, Rasgos comunes, Por cuál causa o nostalgia y Aire sobre el aire. En 2004, la editorial Lumen publicó su Obra poética, consolidando el conjunto de su legado, y posteriormente la colección Visor de Poesía, junto con la Fundación para la Cultura Urbana de Caracas, editó una amplia antología de su trabajo.


A Malena

Yo no soy hombre ni mujer
yo sólo tengo resplandor propio
cuando no pierdo el curso de río
cuando no pierdo su verdadero sol
y puedo alejarme libre, girar, bogar,
navegar dentro de lo absoluto y el
mar blanco

entonces sí soy
el hombre rojo lleno de sangre

y sí soy la mujer: una flor límpida, un
lirio grande

y también soy el alma

y clarean los valles hondos
en nuestro mudo abrazo eterno,
amor frío

-y qué más
qué más por ahora
piragua azul
piragüita.




***


Esta es la abeja: Zumba en el fruto elegido

Esta vez es mi padre: Me espera en Vigo

(Frente a los humanos debe transcurrir

Y hacerme señas)

He aquí a mi reina que tiene el tamaño del aire

Y cuya piel y tacto son el tiempo

He aquí a Vicente Gerbasi que trae una lechuza

Desde el cerro de Ávila.

Y una ardilla de alquimia

Y este que soy yo: blanco y anciano en mi libro