Reino Unido, 1572–1631
John Donne nació en 1572 en Londres, en el seno de una familia católica en un contexto de tensiones religiosas en Inglaterra. Estudió en University of Oxford y en University of Cambridge, aunque no obtuvo título debido a su condición religiosa. Posteriormente se formó en Derecho en el Lincoln’s Inn.
En su juventud escribió poesía que circuló en manuscrito, incluyendo sátiras, elegías y poemas amorosos. En 1601 contrajo matrimonio con Anne More, lo que afectó su carrera en la administración pública.
Con el tiempo se integró en la Iglesia anglicana y fue ordenado sacerdote. En 1621 fue nombrado deán de la Catedral de San Pablo, donde ejerció como predicador.
Su obra poética incluye los Songs and Sonnets, los Holy Sonnets y meditaciones religiosas. Sus sermones también forman parte importante de su producción escrita.
Murió el 31 de marzo de 1631 en Londres. Su obra fue publicada en gran parte de manera póstuma y ha sido editada en numerosas ocasiones.
En la Catedral de San Pablo se conserva el monumento funerario de John Donne que, de manera excepcional, sobrevivió al Gran Incendio de Londres.
La escultura muestra a Donne de pie, envuelto en un sudario, una representación vinculada a su propia meditación sobre la muerte poco antes de fallecer. El monumento estaba en la antigua catedral medieval y resistió el incendio que destruyó casi por completo el edificio en 1666.
Posteriormente fue rescatado de las ruinas y colocado en la nueva catedral diseñada por Christopher Wren, donde permanece hasta hoy.

Un poema de John Donne, en la voz de Vanessa Redgrave
CANCIÓN
Dulce amor, no te dejo porque de ti me canse
ni esperando en el mundo un amor más amable
más, puesto que algún día he de morir
prefiero morir así de burlas con mis fingidas muertes.
El sol ayer partía, más hoy aquí ya vuelve
no tiene ni deseo ni sentido
ni es su camino la mitad de breve
así, por mi no temas, y cree que más raudas
han de ser mis jornadas, pues tomo más espuelas y alas.
Oh, cuán escasa fuerza tiene el hombre
que cuando su fortuna está caída
no puede ni una hora añadir, ni llamar la pedida!
Más si el dolor nos llega, le damos nuestra fuerza
y el arte y la paciencia le entregamos
para que más nos venza.
Cuando suspiras no suspiras aire
sino mi alma misma;
si lloras a la par dulce y amarga
ya declina la sangre de mi vida.
No es cierto que me quieras así,
como lo dices, si mi vida disipas en la tuya:
eres lo tú lo mejor que hay en mí mismo.
Tu corazón que todo lo adivina
no me presagie duelos
pudiera serte el hado favorable
y confirmar tus temores.
Más piensa que tan sólo para el sueño
nos damos la espalda;
Quienes el uno al otro se dan vida
no pueden separarse.
La salida del sol
Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
¿por qué de esta manera,
a través de ventanas y visillos, nos llamas?
¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
a tardos colegiales y huraños aprendices,
anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
de horas, días o meses, los harapos del tiempo.
¿Por qué tus rayos juzgas
tan fuertes y esplendentes?
Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
que más no puedo estarme sin mirarla.
Si sus ojos aún no te han cegado,
fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
si las Indias del oro y las especias
prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
Pregunta por los reyes a los que ayer veías
y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.
Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
y fuera de nosotros nada existe;
nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
todo honor es remedio, toda riqueza, alquimia.
Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
es calentar el mundo, con calentarnos baste.
Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
este lecho tu centro, tu órbita estas paredes.
John Donne, en La maja desnuda, UPV Radio. Conduce: Nidia Hernández
