La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Friedrich Nietzsche

Friedrich Nietzsche suele ser recordado como filósofo, pero también fue un poeta.

Nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken. Desde muy joven escribió poemas y música, influido por el romanticismo alemán, la tragedia griega y la obra de Friedrich Hölderlin y Johann Wolfgang von Goethe.

Su obra más poética es probablemente Thus Spoke Zarathustra (Así habló Zaratustra). El libro mezcla filosofía, profecía y poesía en una voz única dentro de la literatura occidental. Allí aparecen algunos de sus grandes temas: el superhombre, el eterno retorno, la soledad del creador y la necesidad de reinventar los valores humanos.

Su escritura poética está atravesada por la música. Admiró profundamente a Richard Wagner, aunque más tarde se distanció de él.

Friedrich Nietzsche murió el 25 de agosto de 1900 en Weimar. Su obra permanece como uno de los grandes cruces entre filosofía y poesía en la cultura moderna.

Es de noche: a esta hora la voz de las fuentes se hace más potente, y mi alma también es una fuente.
Es de noche: a esta hora despiertan todas las canciones de los amantes, y mi alma también es una canción de un amante.
Algo inextinto vive en mí, un deseo inextinguible, uno que quiere gritar. Un deseo de amor vive en mí, uno que habla el idioma del amor mismo.
Luz soy: ¡oh, si fuera Noche! Pero esta es mi soledad, estar envuelto de luz.
¡Oh, si fuera oscuro y nocturno! ¡Cómo mamaría los senos de la luz!
¡Y aun a vosotras bendeciría, vosotras pequeñas piedras rutilantes y gusanos luminosos allí arriba! Y sería feliz por vuestros regalos de luz.
Pero yo vivo en mi propia luz, yo reincorporo a mí todas las llamas que de mí brotan.
No conozco la felicidad del que toma; y a menudo he soñado que robar debe ser más agradable que tomar.
Esta es mi pobreza, de ninguna manera mi mano se harta de dar; esta es mi envidia: ver ojos esperando con avidez y noches despejadas de anhelo.
¡Oh, infelicidad de todos los que dan! ¡Oh, desvanecimiento de mi Sol! ¡Oh, afán de deseo! ¡Oh, antojo vehemente de saciedad!
Arrancas de mi pecho: ¿y siquiera conmuevo tu alma? Entre dar y recibir hay un resquicio; y el más diminuto espacio es el puente más difícil de atravesar.
De mi belleza un hambre nace: quiero lastimar a quienes encamino con mi brillo, quiero despojarlos de mis dones, ¡excesiva es mi hambre de maldad!
Retirar la mano cuando ya otra se estira buscándola; dudar como la cascada que duda mientras cae, –excesiva es mi hambre de maldad.
Semejante venganza medita mi abundancia: semejante malicia florece de mi soledad.
Mi gozo de regalar murió de tanto dar, mi virtud por su exuberancia se asqueó de sí misma.
Quien con mucha frecuencia da corre el riesgo de perder la vergüenza; a quien siempre entrega se le forman callos en la mano y el corazón por nada más que entregar.
Mis ojos ya no se desbordan en ríos con la vergüenza de los que piden; mi mano ya es demasiado rígida para temblar y dar a manos llenas.
¿A dónde se fue la lágrima de mi ojo y la pelusa de mi corazón? ¡Oh, soledad de todos los dadivosos! ¡Oh, silencio de todos los destellantes!
Muchos soles deambulan en el desolado escenario: a todo lo oscuro le hablan con destellos –para mí permanecen en silencio.
Oh, esta es la enemistad de la luz contra lo luminoso, despiadada cambia su curso.
Injusto en lo más profundo del corazón contra quien brilla, gélido contra los soles –así actúa cada sol.
Como tempestades los soles navegan sus órbitas, ese es su destino. Siguen su voluntad implacable, esa es su frialdad.
¡Oh, son ustedes los primeros, los oscuros, los que durante la noche crean calor de lo brillante! ¡Oh, quienes maman leche y consuelo de las ubres de la luz!¡Ay, hay hielo a mi alrededor, mi mano se quema por tan solo rozarlo! ¡Ay, la sed está en mí, mi sed languidece de acuerdo a tu sed!
Es de noche: ¡ay, y yo tengo que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora surge mi deseo como un recién nacido –y el deseo me exige hablar.
Es de noche: a esta hora la voz de las fuentes se hace más potente, y mi alma también es una fuente.
Es de noche: a esta hora despiertan todas las canciones de los amantes, y mi alma también es la canción de un amor.

Tradución: César Daniel García