Elizabeth Barrett Browning

EReino Unido, 1806–1861

Elizabeth Barrett Browning nació el 6 de marzo de 1806 en Durham, Inglaterra, y creció en una familia acomodada. Recibió una educación amplia en su hogar, con formación en lenguas clásicas y literatura.

Desde temprana edad escribió poesía. Su primer libro, An Essay on Mind, fue publicado en 1826. Posteriormente aparecieron Poems (1844), que consolidó su reconocimiento, y Sonnets from the Portuguese (1850), conjunto de poemas amorosos.

En 1846 contrajo matrimonio con el poeta Robert Browning. Tras casarse, la pareja se trasladó a Italia, donde residieron principalmente en Florencia.

Además de su poesía lírica, escribió obras de carácter social y político, como Casa Guidi Windows (1851) y Aurora Leigh (1856), este último un extenso poema narrativo.

Su obra fue ampliamente leída en el mundo anglosajón durante el siglo XIX.

Falleció el 29 de junio de 1861 en Florencia, Italia. Su producción poética ha sido editada y difundida en numerosas ocasiones.



SONETO 22


Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,

cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,

hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,

lacerando cada recodo, quemando cada curva.

Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos

sin que en el otro encontremos eterno consuelo?

Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;

deseando derramar una dorada, una perfecta melodía

sobre nuestro abismal y querido silencio.

Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;

huyendo del humor inestable de la humanidad

que aisla cruelmente a los puros espíritus.

Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,

donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,

rodeados por la Oscuridad como única compañía.





When our two souls stand up erect and strong,

Face to face, silent, drawing nigh and nigher,

Until the lengthening wings break into fire

At either curvèd point,—what bitter wrong

Can the earth do to us, that we should not long

Be here contented? Think. In mounting higher,

The angels would press on us and aspire

To drop some golden orb of perfect song

Into our deep, dear silence. Let us stay

Rather on earth, Belovèd,—where the unfit

Contrarious moods of men recoil away

And isolate pure spirits, and permit

A place to stand and love in for a day,

With darkness and the death-hour rounding it.