Czeslaw Milosz

Polonia / Estados Unidos, 1911–2004

Czesław Miłosz nació el 30 de junio de 1911 en Szetejnie, entonces parte del Imperio ruso (hoy Lituania). Estudió Derecho en la Universidad de Vilna, donde se vinculó a círculos literarios.

Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en Varsovia bajo ocupación alemana.

Tras la guerra trabajó en el servicio diplomático de Polonia. En 1951 rompió con el gobierno comunista y se estableció en Francia, y más tarde en Estados Unidos.

Publicó libros de poesía como Ocalenie (1945), Traktat poetycki (1957) y Gdzie wschodzi słońce i kędy zapada (1974), entre otros.

Además de su obra poética, escribió ensayo, incluyendo El pensamiento cautivo (1953).

Fue profesor en la University of California, Berkeley durante varias décadas.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1980.

Falleció el 14 de agosto de 2004 en Cracovia. Su obra ha sido ampliamente traducida y difundida.



REGRESO A CRACOVIA EN 1880


Volví aquí desde las grandes capitales,

A una ciudad de un estrecho valle bajo la catedral

Con tumbas reales. A una plaza bajo la torre

Y la estridente trompeta tocando a mediodía, partida

Su nota en dos porque la flecha de los tártaros

Una vez más alcanzó al trompetista.

Y palomas. Y las chillonas pañoletas de las mujeres que venden flores.

Y grupos de personas charlando bajo el pórtico gótico de la iglesia.

Mi baúl de libros llegó, esta vez sin problemas.

Lo que sé de mi laboriosa vida: que la he vivido.

Los rostros son más pálidos en la memoria que en los daguerrotipos.

No necesito escribir memorándum y cartas todas las mañanas.

Otros se ocuparán, siempre con la misma esperanza.

Mi país seguirá siendo lo que es, el patio trasero de los imperios,

Que alimenta su humillación con fantasías provincianas.

Salí una mañana a dar un paseo con mi bastón:

Los puestos de los viejos están ocupados por nuevos.

Y por donde las chicas una vez paseaban con sus vaporosas faldas,

Ahora se pasean unas nuevas, orgullosas de su belleza.

Y los niños hacían rodar aros durante más de medio siglo.

En un sótano un zapatero alza la vista desde su banco.

Un jorobado pasa con su lamento oculto,

Luego una dama elegante, imagen estridente de pecados mortales.

Así es como perdura la Tierra, en todas las pequeñas cosas

Y en las vidas de los hombres, irreversibles.

Y eso parece un alivio. ¿Ganar? ¿Perder?

¿Para qué? Si el mundo de todos modos nos va a olvidar.