La maja desnuda es un archivo vivo de poesía internacional. La voz, el texto y el rostro del poeta forman parte de una misma memoria cultural. Un espacio donde la poesía no solo se lee: también se escucha y se contempla.

Armando Rojas Guardia

Armando Rojas Guardia (Caracas, Venezuela, 1949-2020) fue poeta, ensayista, crítico literario y tallerista. Considerado una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea, su obra explora la espiritualidad, la filosofía, el deseo, la marginalidad y la experiencia de lo sagrado en la vida cotidiana.

Hijo del poeta y diplomático Pablo Rojas Guardia, pasó parte de su infancia en Praga, Haití y Nicaragua. Estudió Filosofía en Caracas, Bogotá y Friburgo (Suiza), y durante algunos años formó parte de la experiencia espiritual de la comunidad de Solentiname, dirigida por Ernesto Cardenal. Fue miembro del Taller Calicanto de Antonia Palacios y uno de los fundadores del Grupo Tráfico, movimiento que renovó la poesía venezolana en la década de 1980.

Entre sus principales libros de poesía se encuentran Del mismo amor ardiendo (1979), Yo que supe de la vieja herida (1985), Poemas de Quebrada de la Virgen (1985), Hacia la noche viva (1989), La nada vigilante (1994), El esplendor y la espera (2000), Patria y otros poemas (2008) y Mapa del desalojo (2014). Su obra ensayística incluye títulos como El Dios de la intemperie, El calidoscopio de Hermes, Diario merideño, Crónica de la memoria y La otra locura.

Recibió en dos ocasiones el Premio de Poesía del Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela (1986 y 1996) y obtuvo el Premio de Ensayo de la Bienal Mariano Picón Salas en 1997. En 2015 fue elegido miembro de número de la Academia Venezolana de la Lengua y ocupó el sillón W desde 2016.

Mantuvo una posición crítica frente al deterioro institucional y cultural del país.

Sus últimos años estuvieron marcados por problemas de salud, entre ellos cáncer de páncreas, diabetes e insuficiencia respiratoria. Falleció en Caracas el 9 de julio de 2020, a los setenta años, dejando una obra que ocupa un lugar central en la poesía venezolana de las últimas décadas.


Poema de la llegada


Cuando tú vienes
tú el vacío el nada el ya,
el que yo no sé su nombre
ni interesa
cuando tu vienes
me siento perder voz
me seco de palabras
sueno
simplemente
como tú
sin queja sin golpe
sin crujidos
sueno 
como tú

Cuando tú vienes
tengo prisa por decir
por llamarte de algún modo
por nombrarme
a mi también
para al fín reconocerme
en tu presencia
me abalanzo precipito
sacudo la quietud
mancho lo limpio
todo es tan vacío tan gota
inaprehensible
tan exactamente nada
tan silencio

Cuando tú vienes
abro ensancho acojo
me dilato
no sé decir
sino que abro
inútiles clausuras
Tú en el canto
tú el silbo el suave el que no pesas
vuelves hilos levísimos
mis nudos
me desatas

Cuando tú vienes
nada dices
y me dices
Nada pides
Qué vas a ser tú el implacable
el exterminador, el Enemigo
Nada pides
eres
Sólo oigo como eres
sólo oigo como soy
y quiero
ser
así eso que escucho
me abandono

Cuando tú vienes
hay una exacta coincidencia
te miro
en lo profundo
de aquello que deseo
qué mentira
qué imposible
qué estúpido
querer lo que no quieres
querer lo que no quiero
y entonces
ya no es sino la paz
la precisa ubicación
el ser 
escueto

Cuando tú vienes
no has venido
estás ya desde siempre 




Fondo negro



Limpia y fría, la noche de diciembre
es la imagen perfecta de mi alma:
Caracas es indiferente,
mientras que yo soy un hueco en el
mismo lugar
donde están flotando los minutos.
En nada pienso ahora. Y nada añoro.
Ninguna obligación. Ninguna agenda. 
Apenas esta ingrávida
para llenar la música (Satie, acaso)
y lentos cigarros y silencio
y el negro sueño de la paz, vacío.