Matsuo Basho (1644-1694). Se le reconoce como el gran exponente del haikú. Hijo de un sirviente de una poderosa casta samurai, fue un hombre sencillo y se dice que puro, casi un asceta, compuso 2.000 poemas, fue un viajero, sus diarios de viaje son inestimables, se internó al norte de Japón pocos años antes de su muerte.

Meses y días son perpetuos transeúntes
los años que se relevan son igualmente viajeros.
Aquel que boga durante toda su vida
el que con la mano va sujetando el bocado de un caballo
sale a recibir a la vejez, viaja día tras día.
Del viaje hace su hogar.
Yo mismo, desde hace no sé qué año
como jirón de nube que cede a la invitación del viento
no he cesado de albergar pensamientos vagabundos
y he ido errante por las riberas marinas…