Agneta Enckell

Agneta Enckell (1957, Helsinki, Finlandia)

Poeta finlandesa de lengua sueca, nacida y residente en Helsinki, donde se formó en literatura en la Universidad de Helsinki. Desde los años 80 ha estado vinculada activamente al medio literario sueco-finlandés, participando en lecturas, revistas y espacios de creación en su ciudad.

Ha trabajado también como traductora, especialmente del francés, acercando al sueco voces de la poesía europea contemporánea. Esta labor la ha conectado con corrientes literarias fuera de Finlandia y ha sido parte importante de su desarrollo como escritora.

Su primer libro de poemas apareció en la década de 1980, y desde entonces ha publicado una obra sostenida dentro del panorama nórdico. A lo largo de su trayectoria ha recibido reconocimientos en Finlandia, entre ellos premios otorgados por instituciones culturales y fundaciones literarias del ámbito sueco-finlandés, como la Sociedad de Literatura Sueca en Finlandia.

Forma parte de la generación que renovó la poesía en lengua sueca en Finlandia hacia finales del siglo XX, manteniendo una presencia constante en el campo literario de su país

Nota especial: En Helsinki, conocí a la poeta Agneta Enckell durante un encuentro con la ciudad y sus poetas, al que fui invitada por el gobierno en el marco de mi programa de radio La Maja Desnuda.

Ese encuentro formaba parte de una apertura cultural que buscaba poner en diálogo la poesía local con voces de otros contextos, y permitió un acercamiento directo a la escena literaria finlandesa en lengua sueca. En ese espacio, la obra de Enckell aparecía como parte activa de esa tradición contemporánea, vinculada a Helsinki y a su red de escritores.

Aquella noche la ciudad estaba gris. Todo

lo vi a través de la ventanilla

del auto  el tiempo nos permite elaborar

los sueños en cámara lenta

un hombre  y

una mujer   y

la calle

a pesar

de su autocontrol odian y aman

con mucha intensidad: él

la tomó del brazo

y por qué iba yo a cuestionar

lo evidente: todo

ocurrió ciertamente

y sin ritmo y él

desatornilló la mano de ella

de su extremidad y contexto. Claro que el proceso

fue doloroso pero mudo.

Luego él desapareció por la calle

con la mano de ella en la suya

los sueños no tienen respuesta

sin mano suplicando ella se cayó

en la acera suplicando

extendió su muñeca sin sangre hacia mí

pero ahora son sueños y nadie

sangra

ya yo

pongo en marcha el auto y desaparezco

por la calle

 

Traducción: Francisco J. Úriz