Ana Luísa Amaral (Lisboa, 5 de abril de 1956 – Leça da Palmeira, 5 de agosto de 2022) fue una poeta, ensayista, profesora de literatura, traductora, feminista y productora radial de destacada trayectoria internacional.
Estudió Filología Germánica en la Universidad de Oporto y se doctoró en Literatura Norteamericana con una tesis dedicada a Emily Dickinson, a quien tradujo y sobre quien realizó una investigación sustancial. Vivió temporalmente en Estados Unidos e Inglaterra, experiencias que ampliaron su mirada crítica y literaria.
A lo largo de su vida, la poesía, la literatura, la igualdad de género, la ecología, los derechos humanos y su amor por los gatos fueron fuerzas que la mantuvieron creativa e inquieta.
Entre sus libros más importantes se encuentran Minha Senhora de Quê?, Cosas de Partir, Epopeyas, Y Muchos los Caminos, A Veces el Paraíso, Imágenes, El Arte de ser Tigre, La Génesis del Amor, Poesía Reunida y Entre Dos Ríos y Otras Noches.
Su obra ha sido traducida y publicada en varios países, y en España y Venezuela sus poemas comenzaron a aparecer traducidos al español desde 2007. En 2012 se publicó una edición bilingüe de Siete poetas portugueses y Monte Ávila editó Antología, Ana Luisa Amaral, traducida por Nidia Hernández. Fuente: Internet.
ANA LUISA AMARAL
La poesía es en mi vida como respirar, yo no sé pensar, ni sentir, sin poesía. Desde que me recuerdo, desde que sé poner una palabra delante de la otra, pienso y siento con ritmo, con música. Puede ser trágico a veces, cuando la poesía se sobrepone a la vida, pero a veces la poesía también salva la vida. Nunca supe ni imaginé que iba a ser poeta. Escribo, simplemente. En un cierto punto de mi vida, supe, eso sí, que lo que escribía era diverso de lo que conocía, pero cuando pensaba en publicar, me daba miedo perder la inocencia primordial que sentía con la palabra. Quizás por eso publiqué tan tarde (tenía 33 años). A la hora de escribir, el primer verso es como una visitación, o la primera palabra (que no necesariamente será el primer verso o la primera palabra en el poema). La soledad interior es necesaria. Puede ser en un bus (nunca enseñando, o en clase), la mayor parte de las veces es a solas, por la noche. Y siempre en la hoja de papel, nunca en la computadora. Eso es para después, para las correcciones…
MISIÓN DE LA POESÍA
La misión de la poesía, si tuviera alguna, sería la de preservar memorias.
MIS POETAS
Mis poetas más amados son: William Shakespeare, William Blake, John Donne, Emily Dickinson, Fernando Pessoa, Mário de Sá Carneiro, Luis de Camões. Y también Jorge Luis Borges, porque las palabras en ellos son poderosas, y como decía Dickinson: “Si leo un libro y siento mi cuerpo tan frío que no hay fuego que pueda calentarlo, sé que estoy ante la poesía (o sé que eso es poesía). Si siento físicamente como si me hubieran sacado la tapa de los sesos (o como si me hubieran sacado la cabeza o volado la cabeza), sé que eso es poesía”. Con ella, yo digo que también hay alguna otra forma o hay algún otro modo o camino. Entonces, esa es la razón.
POESÍA Y PODER
Pienso que entre el poeta y el poder no debe haber relación de compromiso alguna. El poeta no puede nunca estar en el poder, más sí en el contrapoder: ¿no es el lenguaje poético transgresor siempre? Si se está en el poder, se es un poeta del régimen y ahí se podría preguntar si es poeta, o si es poesía lo que hace. Igualmente, la poesía no puede desligarse de su tiempo y, en esa medida, de los discursos producidos en ese tiempo y traducidos en prácticas sociales. De estos discursos hacen parte los discursos dominantes. Si se entiende la poesía como una forma de insurrección, de insubordinación, entonces habrá siempre una relación en la que corresponde al poeta y a la poesía, al igual que a la lírica, justamente por lírica, denunciar actitudes complacientes, traducidas en injusticias, en solipsismos, indiferencia y desatención.
A UN JOVEN POETA:
Yo le recomendaría a un joven poeta: leer, leer, leer. Escribir es leer. También le recomendaría: comprometerse con su mundo, mirar el mundo y los otros mundos. Toda gran poesía es ética.
REFLEXIÓN SOBRE LA PAZ
Este poema sería lo que me pides, acerca de una reflexión sobre la paz:
Una botánica de paz: visitación
Tengo una flor
de la que no sé el nombre
En el balcón,
en común acuerdo
con otros aromas:
la flor del beso, un rosal,
una mata de hierba luisa
Pero esos son prodigios
de la mañana siguiente;
es que esta flor
eneró hojas de verde
asombro,
minúsculas y leves
No la amenazan bombas
ni románticos vientos,
ni misiles, o tornados,
ni ella sabe, aunque esté cerca,
de la sal inversa
que el mar trae
Y el cielo azul de Otoño
fingiendo Verano
es para ella una bendición,
con la poca agua
que le dio
Debe ser esto
una especie de paz:
un secreto botánico
de la luz
(de Entre dos ríos y otras noches)
Ana Luisa Amaral
Lisboa, 1956. Vive en Leça da Palmeira. Profesora en la Facultad de Letras, en Oporto. Tiene un Doctorado sobre la Poesía de Emily Dickinson, de quien es traductora. Libros de poesía: Mi Señora de Qué, 1990. Cosas de Partir, 1993. Epopeyas, 1994. Y Muchos los Caminos, 1995. A Veces el Paraíso, 1998. Imágenes, 2000. El Arte de ser Tigre, 2003. La génesis del Amor, 2005. Poesía reunida, (1990-2005), 2005. Entre Dos Ríos y Otras Noches, 2007. Si Fuera un Intervalo, 2009. Inversos Poesía (1990-2010).
Ha sido publicada en diversas antologías tanto en su país, como en el extranjero. Ha realizado lecturas de poesía en Brasil, Francia, Estados Unidos, Alemania, Irlanda, España, Rusia, Rumania, Polonia, Holanda, China, Colombia y Argentina.
En 2007 le fue conferido El premio Literario Casino da Póvoa/Correntes d’Escritas, con su libro: La génesis del Amor, que también obtuvo el Premio Portugal Telecom. En Italia fue distinguida con el Premio de Poesía Giuseppe Acerbi. En el 2008 obtuvo el Gran Premio de Poesía de la APE (Asociación Portuguesa de Escritores) por su libro: Entre dos Ríos y Otras Noches. También ha escrito Teatro y Literatura Infantil.
Entrevista concedida al Programa de Poesía; La maja desnuda. 2008.
***
¿QUE ESCALA DE JACOB?
A mi padre, 23 de diciembre de 2002
La noche en que pisaron la luna por primera vez,
la imagen todavía en blanco y negro,
la escafandra blanca, el reflejo del sol en los lentes opacos,
la escalera que bajó, el polvo ingrávido que levantó la bota,
tan blanco y mágico,
en esa magia de las dos de la mañana, hora local, de aquí,
estabas conmigo.
Tomamos sopa a las cuatro de la mañana,
aún veo aquella sala, la mesa allá en el fondo,
el sofá grande, yo de once años sintiéndome adulta,
porque así me hablabas y tratabas.
Pisaron la luna: humana condición
por primera vez.
El día en que el examen de ciencias se hacía más largo,
yo sin saber el grado de las ecuaciones, que incógnitas había
que resolver, era Verano y el sol del lado izquierdo,
a la izquierda de la imagen dividida en tres frente a mi,
porfiando mi ignorancia,
en esa angustia menor de las tres de la tarde,
yo te sabía sentado detrás de mi, en el pupitre de atrás,
esperando, atacado de nervios y ternura.
Aprobé y aún veo tu sonrisa,
el polvo sin gravedad en la mirada, y yo de quince años
sintiéndome adulta, porque así lo aparentaba.
Una galaxia suelta por el cuerpo y el calor del sol
tan transparente.
El día en que mi cuerpo sufrió un dolor nuevo,
casi rasgado por la mitad, la luz del sol entrando
por la ventana antigua, los techos altos, blancos,
batas como escafandras,
en ese día tan largo en el que el sol caminó hasta el fin,
para al fin nacer, estuviste siempre ahí.
Todavía te veo apoyado en el umbral de esa puerta alta,
la voz de las escafandras tratando de sosegarte,
y tú sollozando bajito,
dividido entre el amor y la alegría.
La noche en que la luna te dejó,
en que dejaste de sentir su luz, el más trémulo toque,
todo lo que así nos hace: frágil, inmensa, humana condición,
en la noche de las escafandras y los fantasmas cenicientos,
yo no estaba contigo.
¿A que sabía la sopa que tomamos?
¿Qué escala de Jacob?
Traducción: Nidia Hernández