Ramón Palomares

Venezuela, 1935–2016

Ramón Palomares nació el 7 de mayo de 1935 en Escuque, estado Trujillo, Venezuela. Realizó estudios en la Universidad de Los Andes, donde se formó en Letras.

Fue profesor universitario y desarrolló una labor académica vinculada a la literatura venezolana.

Publicó su primer libro, El reino (1958), al que siguieron títulos como Paisano (1964), Adiós Escuque (1974), El viento y la piedra (1984) y Santiago de León de Caracas (1992).

Además de su obra poética, realizó traducciones y trabajos relacionados con la tradición oral y la cultura popular venezolana.

Recibió importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Literatura de Venezuela en 1975.

Falleció el 9 de marzo de 2016 en Mérida, Venezuela.


Llovió y ha vuelto a llover
y cayeron las hojas y el sol las abrazó y el viento vino
y arrastró las hojas y sonó la hojarasca
y otra vez cayeron las hojas y el sol las abrazó y vino el viento
y el rocío se hizo en la yerba y se fue
y abrieron los capullos y el insecto rompió la húmeda cáscara y voló
y otra vez el pájaro que cantaba en la cuerda
bajó a jugar bajo el rosal y volvió a su cielo
y cantó y la mariposa estuvo dormida al amanecer
y con el sol caliente subía dando ligeros golpes
y la lluvia la heló y otra mariposa voló por el jardín y el jardín de ayer
quedó yerto y enrojeció y volvió a quedar yerto y pálido y las ramitas secas
chasquearon y cayeron al césped y el sapo cambió de sombra y volvió a cambiar
y ha buscado otra sombra húmeda
y el gusano ha terminado de hilar y ya voló y ya volvió a hilar y el viento
mueve la hoja que lo hospeda
y los jejenes han ascendido en el vaho caluroso
y caído con las aguas del cielo
y se han levantado de nuevo porque
otra vez ha sido el día caluroso
y la hilera de hormigas corta el campo en el claro seco y boronoso
y ahora regresa al patio sembrado
y el ratón de monte ha dormitado largamente en su cueva
y ha despertado por muchos días corriendo en secreto
lejos del búho y ha caído lejos de las garras del búho
y el búho comió y pasó noches de hambre y volvió a su comida
y duerme este día y se despertó de nuevo y cazó la rata gris
y un hombre encontró su pareja y se amaron
y el hijo que nació encontró su pareja y la amó
y el hijo que de allí naciera encontró su pareja
y la amó y de allí nació un hijo
y el hombre murió y volvió otra muerte
y se llevó otra vida y otra vida se apagó al entretanto
y vinieron hermosas costumbres y cambiaron las
viejas costumbres y otras costumbres
y modales se cambiaron y
se levantaron templos prodigiosos y los templos prodigiosos se fueron
y llegaron nuevos templos prodigiosos.
Y se levantaron los ídolos todos de metal noble
y refulgente y dieron vuelta y otro rostro cubrió el rostro de ellos
y otra vuelta cambió este rostro por otro de otra forma
y el polvo hundió los ídolos y salieron flores del polvo
y el desierto llegó a cantar un largo silencio
y las ciudades despertaron y se durmieron
y se ocultaron y desaparecieron
y volvieron a nacer con sus comercios
y sus tiendas y sus reyes y príncipes
y poetas y bellas mujeres y mártires y guerreros
y sacerdotes y santos y maestros
y muchachos atarantados y viejos
y la luna estaba dando vueltas y se encendía toda
y se adelgazaba y se hacía tenue
y se llenaba y se vaciaba de plata y volvía a llenarse
y a subir tarde y tarde bajando tarde y tarde y noche y noche
y la tierra corría y corría y regresaba y corría
y la tierra en la noche en la oscuridad dando su cara negra
y rodando su cara deslumbrante y su azul ligero
y su azul negro y sus nubes y aladas
y sus nubes estrepitosas y deshechas con el mar
que saltaba hacia su madre
y saltaba desde el pecho de su madre
y con el viento que lloraba y cantaba como un niño
y lloraba y cantaba como una mujer y lloraba
y cantaba como un anciano y como un perro
y como un mar hasta que era otra vez viento y lloraba y cantaba
y la tierra iba loca y bella entre sus madres
entre sus padres loca como una jovencita
y loca como una mujer en una fiesta
y como un paso de baile y como una caída de flores y como un beso
iba y venía mientras las grandes redes de estrellas subían
y aleteaban como insectos
desesperados de amor y como
chispas que volaban desde la raza áspera
y como cabelleras solas y como fuego solo y como
oro raptado y oro yéndose y oro viniendo
y oro jugando en todas partes y moscas plateadas y anillos perdidos y collares
y cuellos y rostros de mujeres exquisitamente desenvueltas
y allí las noches soltaban sus amarras y se aprisionaban
y amaban la noche hembra y la noche viril
y el tiempo hembra y el tiempo varón y la vastedad toda
y los círculos de vastedad
que iban y venían a sí mismo y de sí mismos alejándose
y entregándose y frotándose
como dos hocicos de hembra y macho encelados, tigres, lobos en celo.
Y ha vuelto a llover y dime qué sol ha venido
y qué canción has oído y que mariposa baja hasta la flor del patio
y duerme y
dame ese perfume que todo es un perfume y una esencia
y una vaga brisa que llega y se mueve anda y desanda
y dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir
y si de ti todo se ha ido y todo está por llegar
y todo está en viaje y todo es nuevo y vuelve.
Adiós Salud Adiós.




Ah rigor

No pues no vaya a creer. Y cómo no me voy a acordar

Tanta noche con luna Tanta guitarra y las ventanas perfumadas

y vos llenos de lirios y los lirios en un decir amor

Todos los árboles de la plaza. Los bancos de la plaza.

La iglesia los caminos El pozo albor…

Oíme Oíme

Yo siempre estoy pendiente: Donde estará

Que estar haciendo

¿Se acordará de todo?

¡Ah Rigor!