Paul Verlaine

Nació en 1844 en Metz y creció en Paris, donde se integró a los círculos literarios de su tiempo. Es una de las figuras centrales del simbolismo francés, aunque su obra también dialoga con el parnasianismo de su juventud.

Su vida estuvo marcada por la inestabilidad: el alcohol, las crisis afectivas y su relación con Arthur Rimbaud, intensa y conflictiva, que culminó en un episodio violento por el que Verlaine fue encarcelado. Durante su estancia en prisión escribió parte de Romances sans paroles.

Su poesía se caracteriza por una musicalidad innovadora y un lenguaje sugerente, donde el matiz y la ambigüedad reemplazan la afirmación directa. En su célebre Art poétique propone: “De la musique avant toute chose”, afirmando la primacía del ritmo y la sonoridad.

Entre sus libros más importantes se encuentran Fêtes galantes, Poèmes saturniens y Romances sans paroles.

En sus últimos años vivió en condiciones precarias en París, pero fue reconocido por las nuevas generaciones como un “poeta maldito”, figura que encarna una forma de vida y escritura al margen.

Murió en 1896. Su influencia atraviesa la poesía moderna, especialmente en la concepción del poema como música y sugerencia más que como discurso.

ARTE POÉTICA

La música ante todo,
y para ello prefiere lo impar,
más vago y más soluble en el aire
sin nada que pese o pose.

Es necesario también que no vayas
a escoger la letra sin alguna sorpresa;
nada más grato que la canción gris
en la que se junta lo indeciso con lo preciso.

Es como unos bellos ojos velados,
es la luz titilante del mediodía,
es un tibio y otoñal cielo,
el desorden azul de las estrellas.

Que tu verso sea la buenaventura
esparcida a los vientos matutinos
que va floreciendo menta y tomillo,
y todo lo demás es literatura.