Luís de Camões nació hacia 1524 en Lisboa, Portugal (la fecha exacta no se conoce con certeza). Es considerado el poeta nacional portugués y una de las grandes figuras de la literatura renacentista europea.
Vivió en una época de expansión marítima portuguesa y, según la tradición, participó en viajes y experiencias militares en el norte de África y en el Oriente. Estas vivencias marcaron su obra y su visión del mundo.
Su obra más célebre es Os Lusíadas (1572), un poema épico que narra el viaje de Vasco da Gama a la India y exalta la historia y los descubrimientos portugueses, combinando mitología clásica y hechos históricos.
Además de su epopeya, escribió sonetos y poesía lírica de gran intensidad, donde aparecen temas como el amor, el destino, la pérdida y el paso del tiempo. Murió en 1580 en Lisboa, en condiciones de vida difíciles, pero dejó una obra que se convirtió en fundamento de la lengua y la literatura portuguesa.

Huye poco a poco esta corta vida
(si acaso fuese cierto que aún vivo)
se me va el breve tiempo ante los ojos:
lloro por el pasado y cuando hablo,
se me pasan los días paso a paso,
se me va en fin la edad, queda la pena.
¡Qué rudos modales los de esta pena!
Que nunca hora tuvo tan larga vida
para desandar del mal un sólo paso.
¿Qué puede importarme estar muerto o vivo?
¿Porqué lloro, en fin? ¿Y para qué hablo,
si engañarme no pudieron mis ojos?
¡Oh hermosos, gentiles, claros ojos.
cuya ausencia me causa tanta pena
que no entiendo lo que yo mismo hablo¡
Si al final de tan larga y corta vida
de ellos aún me ardiera el rayo vivo,
por bien tendría todo cuanto paso.
Más bien sé que antes el extremo paso
vendrá aquí a cerrarme los tristes ojos,
que Amor me muestre otros por los que vivo.
Testigos serán la tinta y la pena,
que escribirán de tan molesta vida
lo poco que viví, lo mucho que hablo.
¡Ah, no sé lo que escribo ni lo que hablo!
Porque si de un pensamiento a otro paso,
veo tan triste género de vida
que, si no le valieran tantos ojos,
imaginar no puedo con qué pena
escribiré esta pena con que vivo.
Tengo en el alma siempre un fuego vivo
que, si no respirase cuando hablo,
sería todo cenizas mi pena;
pero, por más dolor que sufro y paso,
me calman las lágrimas de los ojos,
que se va el dolor, más no acaba la vida.
Muriendo estoy en vida y en muerte vivo:
veo sin ojos y sin lengua hablo;
y juntamente paso gloria y pena.
Sextina publicada originalmente en 1595.
Retomada en Rimas (1616)
(Nota de la traductora)
Traducción: Ana Nuño.