Birago Diop

Birago Diop (1906–1989, Senegal)

Poeta, narrador y etnólogo, Birago Diop es una de las voces fundamentales de la literatura africana del siglo XX y del movimiento de la negritud. Nacido en Dakar, se formó como veterinario en Francia, pero su verdadera vocación fue preservar y recrear la tradición oral de su pueblo.

Su obra recoge mitos, fábulas y leyendas de África occidental, devolviéndoles una forma literaria sin perder su raíz viva. En libros como Les contes d’Amadou Koumba, rescata la voz de los griots —guardianes de la memoria colectiva— y la proyecta hacia la escritura moderna.

Su poesía, profundamente espiritual, afirma la continuidad entre vivos y muertos, entre naturaleza y humanidad. En su célebre poema “Souffles”, declara que los muertos no están muertos, sino presentes en el viento, en el agua, en los árboles.

Entre la tradición y la modernidad, Birago Diop construyó una obra donde la palabra es memoria, comunidad y permanencia.


Soplos


Escucha más a menudo

las cosas que los seres.

La voz del fuego se oye,

oye la voz del agua,

escucha en el viento

la breña que solloza.

Es el soplo de los ancestros.


Los que están muertos nunca partieron,

están en la sombra que se aclara

y en la sombra que se espesa,

los muertos no están bajo la tierra:

están en el árbol que se estremece,

están en el leño que gime,

están en el agua que corre

están en el agua que duerme,

están en la cueva, están en la multitud:

los muertos no están muertos.


Escucha más a menudo

las cosas que los seres.

La voz del fuego se oye,

oye la voz del agua,

escucha la voz del viento

la breña que solloza.

Es el soplo de los ancestros,

el soplo de los ancestros muertos,

que no partieron

que no están bajo la tierra,

no están muertos.


Los que están muertos nunca partieron

están en el seno de una mujer,

están en el niño que llora

y en el tizón que se inflama.

Los muertos no están bajo la tierra,

están en el fuego que se apaga,

están en las hierbas que lloran,

están en el peñasco que gime

están en la selva, están en la morada:

los muertos no están muertos.


Escucha más a menudo

las cosas que los seres.

La voz del fuego se oye,

escucha la voz del agua,

escucha en el viento

la breña que solloza.

Es el soplo de los ancestros.



Traducción: Rogelio Fure