El puente es la palabra
Porque fui extranjero y me acogisteis
Mateo. 25:35

El migrante es la personificación de la fe y la esperanza. Frente al quiebre de todo lo que le es conocido decide partir, extraerse de las circunstancias que agobian y pervierten su bienestar, para insertarse en otras que, aunque no menos riesgosas, le ofrecen una luz hacia el futuro.
El migrante es la voluntad de cambiar el destino que se vislumbra oscuro con certidumbre, por otro que es una suma de posibilidades en el intento de ganar control sobre él. De triunfar ante la adversidad que en muchos casos solo significa seguir con vida.
La fe es lo que impulsa los pasos de quien se va. Fe en la vida y en el futuro, aunque represente mover raíces y adaptarlas a un nuevo suelo, moldear el lenguaje a otros usos y tesituras, convivir con la nostalgia que se hará costumbre, integrar la tristeza al consuelo de otro paisaje que es cobijo.
Los grandes temas de la literatura universal que dan cuenta de las principales emociones, intereses y deseos humanos pueden condensarse en unos pocos núcleos, está el viaje, tratado como odisea o como éxodo, el tema de la infancia y los paraísos perdidos y la célebre tríada enumerada por Miguel Hernández: vida, amor y muerte, estas son las grandes metáforas que alimentan los ríos del discurso de la humanidad. De los géneros literarios, tal vez sea la poesía la que con más persistencia ha ahondado en los asuntos del desarraigo, la voz del poeta intenta dar cuerpo y lugar al tumulto de las emociones del exilio, a la experiencia del extrañamiento y la incertidumbre ante el umbral de lo desconocido.
En esta antología de poetas venezolanos en la diáspora se establece el puente con el destino. Los textos presentes en esta muestra de poesía bordean una noción siempre personal e íntima de aquel lugar lejano y extrañado, cada poema expresa su necesidad particular y urgente de elaboración del duelo por la tierra dejada, la infancia preservada, el erial de los sueños recurrentes, la casa y sus habitaciones, la familia, la idea de la patria como abstracción encarnada, las experiencias del cuerpo como territorio y lugar de desfragmentación y migraciones, el tránsito de la poesía y la palabra, la memoria y la nostalgia, la política, la imposibilidad, el desencanto, la tristeza, la conciliación y también la esperanza.
En una reunión con Caritas Venezuela este agosto pasado, surge la idea de una antología que reuniera a los poetas que se encuentran fuera de Venezuela. La reunión fue convocada con el objeto de integrar a distintos sectores culturales en otorgar visibilidad a la situación venezolana en el marco de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado 2019.
Al principio la lista de poetas no se presentaba tan extensa, pero en la medida que fuimos haciendo investigación y memoria la misma fue aumentando y llegamos a contar poco más de 130 poetas, quienes fueron invitados a participar a través de correos electrónicos y mensajes. En la medida que avanzaban los días, recordábamos otros nombres y fuimos sumando. Seguramente hay más que desconocemos, o que tienen largo tiempo afuera, o que por su juventud aún no han participado de muchas actividades y publicaciones. Sólo podemos decir que tratamos de sumar los más que pudimos. De estos, unos pocos no podían con los tiempos de la convocatoria, otros pocos no contestaron, otros contestaron, pero al final no enviaron sus textos y el resto, 101 poetas, entusiastamente nos hicieron llegar sus poemas.
El tiempo fue corto, apenas unas dos semanas, y por tanto es aún más asombrosa la receptividad y la afluencia de textos, varios de ellos inéditos y generosamente cedidos para esta selección. Muchos son jóvenes que comenzaron a publicar sus poemas en Venezuela y luego partieron del país en los últimos años, otros publicaron sus primeros textos ya encontrándose fuera del país, otros son poetas con obra reconocida dentro y fuera de Venezuela, o con una obra en proceso de consolidación, radicados en otros países desde hace poco o desde hace mucho tiempo, o aun en tránsito migratorio.
Estudiantes, profesores, trabajadores, inmigrantes todos, sin distingo de edades o géneros, pensamos en una muestra amplia que diera cuenta de lo diverso y rico del sentir de muchos poetas venezolanos, hoy por hoy, dispersos por el mundo. A ellos, queremos expresar nuestro agradecimiento, no sólo a nombre de Caritas Venezuela, sino a título personal.
La lectura final de los poemas reunidos nos conmovió. Esta antología es quizás un primer paso para establecer ese territorio común en donde nuestros poetas puedan verse a sí mismos y construir una entrada en la memoria para los lectores de poesía del país.
Hubiéramos querido que esta antología fuera mínima, y aunque por un lado nos entristece que no lo sea, por otro nos llena de un feliz asombro el vigor de su riqueza y apostura. Puente que crea y abandera el destino asumido, el de ser quienes se fueron. Hacer terruño en otras tierras con la palabra, ser el puente.
Kira Kariakin y Eleonora Requena
Caracas / Buenos Aires
Septiembre
II
Raquel Abend van Dalen
Las ciudades
se vuelven piernas sin huesos,
barcos de luz artificial,
hoteles de vidrio que flotan
(¿existe algún edificio que no sepa volar?)
no piensan en nuestra transición,
en los pies viejos y gastados,
en el viento goteante de las madrugadas
(¿las fábricas asumen su propia fórmula?)
pasean las crisis de las generaciones,
cautivan el revuelo del nacimiento,
regresan la tierra a sus aguas
(¿es la muerte la que tiñe de negro las carreteras?).
Las ciudades son cartas arrugadas
que se enfrían en los bolsillos de sus extranjeros.
El poema forma parte de Sobre las fábricas, Sudaquia Editores, 2014.
Itinerante
Roislen Abreu
Después la angustia
y uno va dando vueltas en la vida
Karla Castro
Abro mi maleta
la lleno
por décima sexta vez
guardo
ropa
ausencia
seis libros la cobija que me dio mi madre
Entre zapatos
existen guaridas
donde la errancia se puede doblar
transporto el huevo y el nido prudente de tiempos
burlando azotes
Fijo cuadros en las paredes
de la casa que armé en mi maleta
si se rompe no podré llegar si llego nunca me fui.
Irse
Santiago Acosta
Bendícenos, Señor, a los que tenemos poco tiempo y mucho futuro.
Tienes que complacernos, Señor, porque así somos,
impacientes y desvergonzados. Porque hemos sufrido.
Ya sabemos que no todo es estar drogados en las montañas,
no todo es hacer mapas de nada y pensar en la nada y sentirse vivos.
Lo hemos aprendido por las malas. Hemos cambiado.
Bendícenos, Padre, a los enemigos de la esperanza,
a los que nos fuimos, a los que renunciamos,
a los descerebrados por el virus del miedo,
a los que solo vemos en el presente la escoria del mañana.
Me duele la mandíbula cuando recuerdo lo pequeño que era mi país.
Mi país era una diosa de cemento a la orilla de un río envenenado.
Era jugos vaginales, paisajes degollados: intermitencias.
Yo creía que mi país estaba en mi cuerpo
pero mi cuerpo es incorruptible y no hay país que sea un cuerpo.
¿Recuerdas, amor, todos esos días viajando solos,
mirándonos a través de ventanas que no eran nuestras?
Solo teníamos que resistir un poco más, olvidarnos de nosotros.
«Ya tengo en mí los pasajes. Ya tengo en mí tu pared de calma».
Hold on, darling, you’ve got to hold on.
Mi país es el poema más grande que he escrito.
Esta ciudad me da hambre, todo me acelera el corazón,
cualquier cosa me encandila durante horas. Ya no soy
el tipo paciente de antes.
En Union Square me he sentido un ácaro industrial,
un parásito de hierro manchando de óxido
la entrada de una boutique.
He llorado, me he quedado ciego, estuve en coma, puedo jurarlo.
Esta ciudad me hace adorar la falsedad y la cólera.
Camino de noche y lo quiero todo,
quiero la sangre de la vida.
Odio mucho, pero odio con glamour.
Soy la mitad de un fantasma y el mundo me sigue ofreciendo la vida.
Irse, porque no soportamos el silencio del sol,
la carne indiferente del universo.
Irse, porque lo perderemos todo si no nos partimos los huesos.
Ocean Beach, hay barcos formidables
deslizándose detrás de la bruma.
Duele seguir con la mirada esos ángulos rectos, los veloces containers.
Hay látigos verdes sobre la arena, cadáveres translúcidos
y dementes que agitan los brazos entre las olas como babosas de mar.
Salivamos. Huimos. Solo pienso en salvarme, no en hacer caminos.
No hay caminos; hay cosas pasando, ruido. Mis oídos no soportan
el alarido de los rieles cuando atravieso la bahía.
Las grúas se iluminan, la bahía se ilumina.
Así son los puertos de Oakland. Blancos. Lejanos.
Veo esas cosas y enloquezco.
Irse, querer cualquier cosa, despertar con un agujero en la mano
y sentir que llevamos 29 millones de años
esperando el gran meltdown. Un final bello, monstruoso.
Estaremos bien, no nos perdamos.
Nuestras crisis son las mismas
y todas las ciudades se caen a pedazos.
Escúchenme bien, lo diré una vez más: todas las ciudades
se caen a pedazos. Solo permanece el deseo.
Mi deseo está ahí, deseándome como loco.
Me encanta distinguirlo, poseerlo, recorrerlo.
Lo violaría, con ruido,
sintiendo en mis manos su carne tibia, su extensión sedienta.
Bendícenos, Señor, a los que te hemos traicionado.
Sálvanos de la pobreza, sálvanos de la desesperanza.
Sálvanos, Padre, de Barcelona, sálvanos de Madrid,
sálvanos de San Francisco, de Nueva York, sálvanos
de Buenos Aires. La beatitud no es más que un sueño violento,
pero tu salvación es puro misterio,
un gueto abandonado que hemos venido a poblar.
La costilla de la ciudad es un viento gris.
Los barcos se frotan como gatos, se untan de almizcle.
Quise buscarte entre la arena
y me quebré en dos como un pez verde.
Dime qué somos, amor, fuera de los barcos,
«Soles pacíficos, mujeres de piedra». Todo es errancia,
no saber lo que se dice,
perdernos en la ciudad todos los jueves, extáticos,
buscando una planicie, lugares anchos para respirar y redimirnos.
Poema del libro Cuaderno de otra parte (Libros del Fuego, 2018).
para no morir
María Auxiliadora Álvarez
se va uno
para no ver
que la mirada que ama
se ha cerrado
para no volverse
a abrir jamás
se va uno
para que nunca más
le digan a uno “adiós”
se va uno
con su amor a cuestas
para un lugar imaginario
donde el pájaro sin alas
es útil a pesar
de la privación de cielo
se va uno a conciencia
de que todo
lo ha imaginado
todo
menos la intimidad
de la luz
se va uno con la certeza
de que nunca
podrá tocar
lo intocable
de que nunca
verá lo invisible
(perseguido
como ha estado
por fragores
tan apremiantes
y tan menos
sutiles)
se va uno reciamente
con su agradecimiento
cercado por una fila
de piedras pequeñas
alrededor de la lengua
se va uno sin preguntas
sin movimientos bruscos
como un mar pacífico
se va uno silencioso
como quien
cumple un deber
como quien olvida
se va uno
dominando
el tiempo del llanto
el tiempo que siempre
es el mismo
se va uno
como quien dice
“se acabó”
como quien
no estuvo
se va uno
y deja en el dejar
lo que fue uno
lo que aún
es uno:
una corta exhalación
de la brisa
una brisa
que se mueve
para no morir
Escrito en Caracas, agosto de 1996.
Publicado en El amor de los enfermos (Compendio de Ca(z)a, Páramo solo y Las regiones del frío) México: Mantis/UANL, 2018.
El ritmo de las flores
Julieta Arella
Nacer en el corazón de una flor. Crecer. Ser de nuevo semilla. Ser muchas semillas. Volver a empezar en otras partes. En muchas otras partes. A kilómetros de distancia de donde fuimos felices, de donde fuimos amados. Dejar de extrañar las montañas a la altura del cielo. Inventarse una raíz. Afrontar valientemente el horizonte de un río. El frío de un invierno inclemente. Añorar el sol y recordar que era todo nuestro. Florecer de nuevo en la esperanza. En la distancia. Con la fe invencible del inmigrante. Con la madre guiando cada paso en un susurro. Con la alegría intacta de otros tiempos.
La escarcha de la Plata brillaba como un milagro. Era un río tan grande como mi miedo. El asombro no cabía en la primavera. Ya no importaban las raíces. Ya no había país donde volver. Los amigos en el mundo se expandieron. Que éramos muchos, decía la gente de frontera. Éramos ríos y riachuelos de gente buscando donde desembocar. Donde meter en la boca el pan. Donde desempacar. Donde embocar la vida.
Todo muda de aires, de pieles, de aguas. Prohibido pensarnos como víctimas. La alegría nació con nosotros en un verano eterno. Prohibido decir que nos hemos quedado solos. La familia nos vela los pasos y las noches. Es preciso saber que aprendimos. Prohibido irse y olvidar. Vamos rompiendo las olas. Floreciendo. Violados por el tiempo. Reinventándonos la vida.
Ya no será la vida una ausencia inagotable
Belkys Arredondo Olivo
La sombra se deshace en el vacío
en el pantano rosa
en donde tantas veces reí
caí de espaldas y constaté lo hermoso
déjame contemplarte
es mi espalda blanca quien bien recuerda
el pájaro dorado en la ventana
el horizonte es una casa
y la música mueve las nubes con su mano herida
¿Qué hay junto a la puerta?
¿Es la flor imposible? ¿Es la de arena?
Ahora sólo es el espacio donde transito
el mismo en donde tu voz jala otras voces
y en donde la mirada acepta.
UNO.2
Luis Eduardo Barraza
Uno se sabe huido a la altura de los cementerios cotidianos
de esas pequeñas muertes
que uno arrastra bajo la escritura del día
mientras cruza la calle
o limpia las hojas que el tiempo acumula sobre los tejados
para que uno ceda a la tentación
de justificar un sueldo
y suba
y resbale
recto al fin, sereno
sin culpas ni rencores entre las flores prestadas
y los manteles / y el café
en una ayuna eterna
e intraducible de poema
al que siempre se aspira y no se llega
ahora en el oficio digno de cultivar sus propios gusanos
en la labor despreocupada de comulgar con las piedras
y aprender de ellas un nuevo lenguaje:
una oración sin labios
para un dios sin rostro
a la tarea de abonar también un jardín ajeno
con la luz introspectiva de los años y las palabras que nunca se dijeron
con unos huesos blandos que se levantarán mañana / y sin memoria
de lenta e inofensiva manera
entre el color renovado de la hierba
ya sin horizontes
pasaportes, ni fronteras
sumergido para siempre en medio de la noche
tan de sí
en lo impropio
como a la nada tendido
en una ofrenda de pan
Palabras
Alberto Barrera Tyszka
Todos soñamos con volver a casa. Incluso
los que se quedaron, los que jamás se fueron,
los que siguen adentro, enfrentando
el orden implacable del naufragio.
La casa es un mapa, una lengua, una forma
de vivir, de ser juntos.
A veces despierto y siento que todos estamos
en un océano oscuro, una penumbra líquida,
sin final.
Vamos nadando, aferrándonos a algunas palabras,
como si fueran balsas,
boyas de luz en mitad de la nada.
Manguangua Caliche Bululú
Zaperoco Guachafita Furruco
Ñapa Ñero Catanare
Perolito
Firi firi
Bazirruque
Gamelote Tuyuyo Bochinche
Vamos a tientas,
abrazados a ellas.
Tratando de inventar una nueva geografía.
Somos palabras que flotan en las sombras,
buscando todavía
el camino de regreso a casa.
Inédito
Arte Poética
Luis Ángel Barreto
¿Por qué escribía? No lo sé. Me lo pregunto siempre. Sí puedo decir por qué lo empecé a hacer. Empecé a escribir porque no podía pronunciar palabra. Mi hablar era, y es, un ejercicio lamentable, triste, atroz, fallido. Lo que salía de mi boca era algo más opaco, más parco, más débil de lo que en mi cabeza estaba: aviones de papel mal hechos arrojados con fuerza que morían desechos a mis pies. Y mi voz, introvertida, intracorpórea, eco más que pronunciación, sonido sin nada adentro. Cuando escribía no estaba yo, por lo menos no me oía; si estaba, estaba detrás o mudo, absorto, atónito entre las sombras chinescas. Por eso, escribía para desaparecer, para parecerme a otro que era mejor que yo. Escribía para olvidarme de mí, para deshacerme, para que quedaran sólo partes irreconocibles, pedazos de cuerpo, de órganos que estuvieron a punto de reventar. Escribía para desquitarme, por venganza, por aquella vez, hace tanto tiempo, cuando tuve que pelear y salí corriendo despavorido, o los años cuando no podía salir de mi propio cuarto, o por la vez que no sabía dónde estaba y mis padres me encontraron alucinado en un terreno baldío. Escribía para vengarme del fuego, de la velocidad, de los descalabros. Escribía para que eso dijera algo sobre mi futuro, para que vaticinara mis acciones en los días próximos, para que me deletreara, para que me intuyera en lo indecible de lo que vendría. Escribía no para derramarme, para contar tal cual, sino para construir un artefacto con cierta forma que me permita caber en él completo.
¿Por qué no escribo ahora? Tampoco podría decirlo. Por exceso de sobriedad, tal vez; por pasar demasiado tiempo con el mismo semblante funcional, administrativo. Porque es raro aquí donde ahora vivo. Este lugar me resguarda y me hiere, me recibe y me mete en cajones. Me alimenta, me presta sus parques, me regala libros, me ofrece asilo. A cambio, corta mis partes los picos altos de mi memoria. No escribo porque ya no bailo, ni me revuelco en el suelo convulsionado por la música. No escribo porque algo le pasó a los órganos que me ubicaban en el espacio. No escribo porque en una casa en penumbras aún me esperan para cenar con el plato puesto en la mesa. No escribo ya porque no se entiende lo que digo, porque no soy gracioso en otro idioma, porque en otro idioma soy otro aún más parco, aún más grisáceo, un garabato más aún. No escribo, en fin, porque ahora como y camino pero me quedó algo suelto que sigue girando en silencio como los trompos.
Espero volver a escribir pronto, volver a construir esas casitas con piezas de dominó, con estos bloques antropomórficos que hablan del futuro. Quiero volver a escribir, ojalá sea esta misma noche o mañana por la mañana. Quiero volver a jugar a ese juego, como los niños.
Por ahora, me siento aquí a esperar que el sol se ponga rojo, que una ardilla entre la nieve se me quede mirando, o que una mujer pase y sin mediar palabras me bese.
Betina Barrios Ayala
El tiempo muerto de los tránsitos
Luis Enrique Belmonte
En los bancos de plaza. En las salas de espera. En las paradas obligatorias. En los andenes que se demoran al compás de los bostezos.
No es una cabeza de ciervo colgada sobre una chimenea. Ni un feto conservado en formol. Ni el letargo al culminar la faena.
El tiempo muerto es un recinto blanco y frío donde estamos solos, pelando
una naranja con las manos.
Aquí no importan las penas ni las glorias. Y todos somos lo mismo
cuando nos mantenemos quietos sobre
el crispado espinazo
de un monstruo que devora sellos, pasaportes, resguardos,
permisos notariados.
El tiempo muerto es la antesala del traspaso.
Bostezo de centinela a mediodía. Aspas de ventiladores que rechinan en el techo. Sopor de los membretes. Crujir de sillas metálicas. Cuatro paredes para un encierro preventivo.
El tiempo muerto de los tránsitos.
Lágrima
Victoria Benarroch
Cuando las miradas de siempre
no están
se derrama una gota cristalina
nace un árbol
y no encuentro la tierra
sin hallar el lugar
donde se aloja la palabra duelo
fundo otro espacio entre la humedad
siembro “mi país”
para rescatar la rosa y volver a ser.
Cuerpopaís
Adriana Bertorelli
También el cuerpo es un país que te destierra, que te expulsa. Entonces caminas en círculos, en penumbra. No te encuentras. Te buscas a tientas: de noche se encuentran más cosas de las que se pierden. Buscas asilo en otros cuerpos. Todos los exilios tienen forma de miradas que se alejan. Este insomnio, además, tiene tus ojos. Eres en tinieblas. Intentas aspirar el olor de su cuerpo, desapareces ciudades enteras. Ciudades como esta, que aún te desconoce. Aquí, donde nadie sabe de tu cuerpo, donde nadie llama tu nombre. El cuerpo es un país. Un país que es ausencia.
Puentes
Graciela Bonnet
En Nueva York estuvimos todo el día caminando, y ya muy cansados, regresábamos, cuando caía la tarde, por un puente magnífico. Hemos cruzado infinidad de puentes en muchas ciudades. Puentes sobre ríos, sobre desiertos, sobre autopistas, puentes desde donde ver las figuras de otras personas caminando lejos, allá abajo. Puentes ferroviarios, que son adorables porque suelen ser antiguos y conservan un lustre que le han dado los años, una cierta dignidad del tiempo transcurrido en el piso opaco, en el ruido que hacen las tablas cuando pasa la locomotora y los vagones. Ese ruido es entrañable, nos lleva hacia épocas remotas, y cuando ya ha pasado uno siente nostalgia de no saber adónde va, adónde vamos.
¿Y los puentes de los cuentos medievales? Antes de llegar al castillo donde un hada curará las heridas casi mortales, el caballero cruza un puente en ruinas, acostado sobre su caballo lento. Y los puentes de los sueños, y el puente de los corderos de los cuentos de hadas… Un puente prefigura siempre el enlace. Dos tierras firmes separadas pueden encontrarse por mediación de un puente.
Venimos caminando por ese puente magnífico, por el nivel de los peatones. Hay muchísima gente andando sobre el resplandor rojo y amarillo de la tarde, gente de diferentes países, hablando idiomas insospechados, viviendo sus ilusiones, sus sueños naciendo o muriendo en este preciso instante.
Nos atropella una visión que hemos percibido en otra parte, ya hemos visto ese entramado inconcebible y perfecto de cables que sostienen uno de los extremos. ¿En dónde hemos visto esta jaula gigantesca, esta pajarera para humanos sobre el río ancho, poblada por una multitud en éxtasis?
Hace muchos años, en otra parte de nuestra vida, tuvimos una postal inquietante. Era una fotografía en blanco y negro, con unos hombres de traje oscuro, trepando por las líneas de una jaula que llegaba al cielo. Conservamos esa postal entre nuestros papeles porque era sugerente y había algo inexplicable en ella. Durante años miramos la imagen y nos imaginamos muchas historias.
Ahora estamos en esa jaula. Existe. La imagen que durante toda la vida supusimos ficticia es algo sublime y real, aunque inverosímil. Caer de rodillas, agradecidos, sería una conducta comprensible. Allí está el puente verdadero, el que une lo supuesto con lo real. Se llama Puente de Brooklyn y desdice enfáticamente la teoría de que la humanidad es malvada.
Este texto está publicado en www.graciela0bonnet,blogspot.com
Mudanzas
Edmundo Bracho
I.
Por la mañana el café recocido y la ventana abierta
por la tarde la lectura de un desdoroso libro viejo
y la ventana cerrada
una casa aún sin eco y sin muebles
casa ahora de grano arábica
y de hojas dormilonas
van cayendo sobre el cascarudo pan frío
dispuesto sobre el piso sin mesa
II.
la mesa rota y la ventana descocida
los vidrios sembrados de costra
en tierra abandonada y ajena
mi agua engañada en sequía
mi botella vacía rasgada en el espejo
mi cuerpo roto
roto e ido a la espera de otros crujidos
III.
les dije a mis hijos evitar mirarse
en el viejo espejo chafado
les dije que no calzaran los zancos
que algún vecino a la sombra arrojara
que a la araña esquinada le dejaran
intacto su disfraz de polvo
que a la harina abandonada su velo de frío
brillar orado
que no acariciaran torpe el tapiz de tachonado buey
ni esa tristeza anciana que sube y baja
desde las paredes
* * *
Hendidura del cisne
Cynthia Bustillos
En el blanco cielo del alba
se esconde la luna
posada en el reloj del campanario,
las negras agujas marcan el tiempo
como aves tras la niebla
Sobre el musgo y húmedas hojas
reposan
las alas de una mariposa sin vida,
un velero,
una flor
y el aleteo de las sombras
de las palomas al volar
Las puntas de los arbolillos
son nacientes constelaciones terrenales,
deseando tocar el cielo
de la tarde suspendida
Al caer la noche un oso polar camina
por la calle Mendoza
como una luna caída sobre la vereda
pasa frente a mi ventana, sin rumbo
igual que las rojas hojas de los arces
que temblorosas caen
como la noche austral
Blanco y rosado pasa,
con sus gruñidos y recuerdos,
con la Cruz del Sur reflejada
sobre su piel
como un lirio polar atraviesa la vía
dejando a su paso oscuras masas de polvo,
restos de estrellas
y una región fecundada de infinito
como la hierba en la noche,
frente a mis ojos
la Hendidura del Cisne,
la zona más oscura del universo.
Chris Cabrera
Quisiera ser el grito de una república frustrada
pero solo soy eso
que terriblemente llaman diáspora
Un movimiento desgarrado de patria
flotando entre estaciones
Un extraño sonido de la memoria
que ha olvidado lo que fui
Perteneciendo a otro nombre
entre ráfagas de inciertos
me desdoblo en las voces
que habitan esta isla
Soy recorrido de luces
que explota en el vaivén de un tren
de un cielo marcado de acero
un proceso migratorio incrédulo
el murmullo del centro del mundo
y la deuda perpetua de vértices
Pausa
Beatriz Calcaño
Han quedado
en modo de pausa
las reuniones familiares
la vida atrapada
en portarretratos guardianes
que observan callados
heredamos
desdeñados objetos
que se despiden
ahora
las palabras
viajan
por complicados cables subterráneos
aprendemos sobre husos horarios
cambios de estaciones
la primavera despierta
en algunas ciudades
en otras
el otoño se abre paso
Mientras
un pesado aire de domingo
impregna
nuestras nuevas vidas
Del libro “Pequeños mandamientos”, Editorial Public-Arte, 2012
Africanos
Leo Felipe Campos
Hace setenta mil años hubo un viaje sin turistas ni parques de atracciones, el Homo sapiens salió de África y llegó hasta Asia.
No comió sushi, ni pterodáctilos porque habían muerto. Crecía el odio como ahora, la misma esperanza enredada en el terror abisal de las alturas. Ese amor bestial y sin límites con los pies sucios y ardiendo de hambre. Veinte siglos de asesinatos más tarde salieron espantados, sus risas eran confusas. La naturaleza se impuso. Viajaron desde Oriente Medio a construir sus ruinas sin trenes ni leyes ni llantos de frontera, los mismos naufragios sin lenguaje, la arena, los espejismos y los cráneos secos. Llegaron contentos a Europa bajo la lluvia, a Siberia entre océanos y riscos, a Alaska sobre el hielo, a Centroamérica mascando peyote. Paleoíndios, Pimas, Mayas, Incas, Yanomamis, todos a refundar la traición en las cuevas. Somos africanos, dijeron, herederos del movimiento, caminantes inverosímiles, rotos y anónimos; cantamos en las noches de memoria las canciones más antiguas para arroparnos del frío, alucinamos con mapas en blanco, arrastramos miradas, heridas y también el aroma de las plantas venenosas que pisamos sin querer. Somos los de siempre. Imaginamos vestigios. Somos la tierra prometida de nuestro propio origen, piezas perdidas, anonadadas, que giran como cuchillos, como tigres, como serpientes, como dioses, como notas musicales, peregrinas y conquistadoras, somos gente que se preocupa por el futuro de los suyos, de los nuestros, gente que toma impulso desde el umbral y se desplaza. Nos propagamos como hormigas, como peces, como microbios, como fantasmas, como guerreros, como presidentes malditos, dictadorzuelos, reyes de quince veinte treinta años, de la nada, e inventamos la lluvia y el pan y también la seducción como una forma de la felicidad. Padecemos una verdad irrebatible: existimos porque migramos, migramos porque creemos. En nosotros. Sin saber que somos tribu, el grito ahogado sin atributos, a la intemperie de la misma materia que nos baña de partidas y llegadas y recuerdos.
De todo aquello que no es nuestro porque nunca lo fue. En eso el agua es muy sabia. Esa misma que bebemos cuando morimos de sed.
El OrO Viento del Bambú
Mariela Casal
I.- HÉROES MÍOS. Estudiantes. Poema 14. Cardiograma de Sangre
…
también es de sangre la paloma blanca
tan humana es la Paz
…
el bosque sabe de Flores
el tirano ignora sus espinas
…
se llevó mi biblioteca el Héroe Mío
pues no hay justicia que se crea
…
un tesoro de Estudiantes muertos
ha quemado mis pertenencias
…
en este viaje sólo soy la arena tras el Viento de los caídos
ese privilegio
II.- DUNAS. Templo Interno. Ondas grafías en ceniza
…
mi país
es una ronda de Vencejos
que expiran, las espinas
…
Flor, estar en casa es frecuentar la Flor
Flor, estar en casa es frecuentar la Flor, A-mor
mar amar mar amar mar
mar amar mar amar mar
…
mar, amar, barco de los dones… amar, silueta de amigo, que canta conmigo, son cuerdas al cielo
III.- TALLER APRENDIZ.
Prácticas de Luz escritura en Poïesis elemental
…
cuerda prima: conecta, conecta, conecta
…
por un gramo de virtud la vida es siempre
una onda escritura
…
todos buscan el OrO
el Aprendiz, ni sospecha que lo sabe
…
OrO el mismo pez
sereno nada
el mar de los avances
…
cien imágenes dicen menos que cinco prácticas: ama, ara, ama, ara, ama
…
EL AMOR ES EL FIN DE LAS PALABRAS
Corresponde al elemento Aire, de su obra entera. La Rosa Viva, mándala-montaña-origen. Turgua 1987-2017. El espíritu de El OrO Viento del Bambú se encuentra en la fantasmatha de la red.
a un gato muerto
Carlos Colmenares Gil
la forma en que te despediste
nada dramática
pareció crear algo
un fantasma de algo
entre el no y el sí del asfalto que pisaste
y por qué no te detuve, dijo ella
y por qué no lo detuviste, te dije
a qué se refería
¿al vapor de ti?
desmelenado y frío
poco posible de ordenar junto a las falsas esquinas que hacías
ella también lo era
una galaxia apagada
prefiero pensar que fuiste tú quien quedó
tuve que matarme por sexta vez
vivir la de verdad, la que te hace olvidar
el intento que falla
la forma en que no te despediste
me enseñó mucho
ahora cubro cada paso con cuchillos
tengo al mejor maestro.
Réquiem
Laura Cracco
I
Haber nacido debería garantizar suelo y aire,
bancos grabados, adoquines donde nuestro paso encuentra la huella de \otros
y sabemos que no fuimos arrojados a este mundo de la nada.
Es sencillo huir, vagar,
no regresar
mientras haya un suelo que recoge cenizas y fracaso.
II
Suturamos el pasado en algún momento del pasado
y una larga cicatriz extiende su costra sobre el tiempo,
ayer, hoy y mañana penden en los labios
como palabras ignotas de una lengua muerta.
Hemos olvidado las cosas de antes,
pero no nos hemos salvado.
III
La gente que marcha con paso relajado,
van a la oficina, toman café en las terrazas,
¿se olvidaron de morir?
La gente que enfrenta los tanques, el abaleado en la frente,
los que portaban escudos de cartón
o los que huyeron hacia el pestífero Guaire,
aquel Cristo desnudo acribillado a perdigones,
el violinista a quien le pisotearon el violín,
Neomar que volaba sobre la mediana de la autopista,
yo soy libertador escrito en el pecho,
¿se olvidaron de vivir?
Diego, abatido por el fusil, mira con amor el cielo
y en sus ojos se abre la posibilidad de un Dios que nadie ve.
IV
luz de hacha enceguecedora
y la negra noche que engulle cualquier matiz.
Luz tan vecina al ruido que encandila de evidencia
(la tragedia, como la orquídea, busca la oscuridad para echar raíz;
el drama, en cambio, deforma sus ramas
en pos del estridente mediodía).
V
Al fondo de la calle se alza una mole blanca,
una Acrópolis sugieren los bloques desvaídos por la calima,
templos y palacios.
Cierro los ojos y el mar del poeta ciego estira y \encoge el lomo al borde de la noche:
oinopa ponto, oinopa ponto,
tras las calles sucias, ladrillos crudos, edificios cuyo \arquitecto fue la mezquindad,
entre los párpados entornados y la penumbra, mis pies no osan dar un \paso,
no hace falta descubrir de qué está hecha la regia ciudadela,
no es otra cosa que el siempre más allá de la siguiente esquina
donde la nostalgia, con la maestría de Calícatres e Ictino,
construye las áureas proporciones de la soledad.
La basura
Andrea Crespo Madrid
pienso en los niños de mis calles
desde aquí donde no medra la nieve
las lenguas empujan los dientes
(hacia arriba)
(siempre hacia arriba)
solo un edificio raja el cielo
contra él reposan limosnas de piedra/
y yo pienso en los niños
de la calle San Andrés
la sed dilata úlceras en las bolsas negras
los niños entierran sus narices en el plástico/
con sus deditos entre la savia podrida
para bebérsela toda
restos de proyectil entre las muelas
Este poema aparece en el poemario Tuétano (La Poeteca, 2018).
Vovó
Odette da Silva
Mi abuela paterna
nunca me habló del viaje
en que cruzó el Atlántico
tras la Segunda Guerra.
Quizá era yo muy niña
y bastaban sus bilharacos.
Me pregunto cómo fueron
esos quince días en altamar
dejando atrás Pardilhó
por un puerto desconocido,
y cómo la trató Caracas.
Cuando crucé el océano
hace ya doce años,
el viaje fue aéreo, leve,
y me alejó de otra guerra.
Nunca me pareció extraño
vivir en el nórdico Turku
ni en ciudades holandesas.
Difícil, sí, pero no extraño.
Más bien fui cediendo
a un exilio natural, inevitable,
a un destierro genealógico
e inherentemente humano.
Cuando mi abuela partió
en su última travesía,
no pude decirle adiós.
Se interpuso el Atlántico.
Habría querido abrazarla,
habría querido darle gracias
por enseñarme, sin saberlo,
que no hay forma de vivir
sino entre dos orillas.
En alguna orilla,
vovó sigue friendo bilharacos,
pues no he dejado de sentir
sus granitos de azúcar
en las puntas de mis dedos.
This must be the place
Oriette D’Angelo
I’m just an animal looking for a home.
Talking Heads
[Una nación es una primera madre]
Soy huérfana de república
cuarta /
quinta /
ninguna /
poco paisaje adornando horizontes
mucho ladrillo vertical
cartón de acera en patio lleno de licor
techo de zinc / platabanda hurtada de vecino
cárcel de tarimas y de vagones rotos
Sangro por la herida vieja
cordón umbilical roído por enfermos
busco lo que desconozco para ver si me complace
¿Alguien más aguanta tanto plomo con pasaporte en mano?
¿Qué somos aparte de la cédula?
¿Podemos ser sin el modismo
de la coordenada odiosa del retorno?
Empecemos el desastre desde cero:
qué condena estar y padecer
dentro de un límite impuesto por la sangre.
Este poema pertenece al libro Cardiopatías (MonteÁvila Editores, 2016)
Universidade de Porto
Ana Lucía de Bastos
Cuando use un abrigo largo
y no consiga donde meter mis manos azules
mis manos moradas, grises, verdes
Cuando camine por las avenidas
de la ciudad invicta
sin nadie a quien visitar,
escribiré en mis tardes silenciosas
mil poemas.
Escribiré también
una novela
y tres cuentos largos
en donde una joven usa un abrigo
y las manos no sabe ya de qué color las tiene
de tanto vérselas y pensar
Asomada en las ventanas del tren
todo me parecerá ajeno:
Caras
Corazones
Manos
Sonrisas
Abrazos
Saludos
Pues
no hay allí un solo cabello que haya tocado
ni un recuerdo de mí en ninguna memoria
Aquella gente no me espera
No sabe que nací un día de lluvia
y que de niña le pedía perdón a Dios
por creer
o por pensar,
sin querer
que el Cielo podía resultar un sitio muy aburrido,
a la larga.
(Si reflexionas y ríes
-que de seguro lo haces, no lo pongo en duda-
Te darás cuenta de que es una idea muy graciosa.)
Entonces ahí
en la ciudad de Porto
me convertiré en palabras.
Caminaré de la mano con los párrafos
que se irán formando en mi cabeza.
Me sentaré en los bancos de la plaza
con el ritmo de unos versos
que sabrán a saudade
y, con nostalgia de lo que no he tenido,
lloraré al saberme lejos de todo
y cerca de mí.
Les escribiré a mis amigos,
a mis padres
¡Cuánto los extraño!
Y en la libreta que lleve conmigo
escribiré mil veces
¡Oh, soledad!
Para entonces agregar
Oh solidão!
Pues tendrá dos nombres
uno en castellano, que me tocará la lengua y el paladar
e outro em portugués, que me lambera os ouvidos.
Será por lo tanto dos veces más grande
Mi soledad
y también,
dos veces más hermosa.
Abriré un día los ojos
y se habrá convertido en todo.
Será la taza de café en la mañana
La silla vacía del bus
El piso de piedras de las aceras
Cada acera
Cada piedra.
Tan repartida y múltiple
a minha solidão
que se sentirá acompañada.
Oiré la conversación bilingüe
entre ambas
y transcribiré en mis cuadernos sus palabras.
Haré la novela del hijo,
que le prometí al catalán
y los poemas del cuerpo
que le prometí a mi cuerpo.
Haré un cuento de todo lo que ya no soy
y otro
de todo lo que nunca he sido.
Rellenaré las hojas de todo lo que me faltará
de todo lo que dejé al irme a esa ciudad.
Pero un día
Alguien me tocará el hombro
Me tropezará
sin querer quizá me empujen
O me estornuden
O me sonrían
y poco a poco todo me será familiar.
Porto me atravesará.
Gritará más duro que todo el vacío que me acompañe
y se convertirá
luego de tomarme la mano
en una nueva ausencia
Oh, Porto
escribiré luego
¡Cuánto te extraño!
pues todo lo que veré en el tren de regreso
Manos
Corazones
Sonrisas
Abrazos
Saludos
Me pertenecerá.
Publicado en Y ahora, extiéndeme al sol, editorial Bidandco, Caracas, 2014
El bus que nos lleva a los bordes nos hace bajar
Dinapiera Di Donato
No será nada (un desperfecto, algo se quiebra, la oscuridad alerta)
los niños se hacen amigos, cuelgan de la misma cuerda
parece que oigo la voz de mi madre
amárrate a la niña y a la pistola no será buena señal luces
a lo lejos
si un comando aparece para socorrerlos mátala (en el sueño la sombra de mi
madre sabe qué hacer)
En mi ciudad hay un río furioso lleno de nubes
pero el agua no llega a los grifos de mi madre
que ahora otea el balcón donde siempre asoma el maestro del mundo
(no le digas a mi madre que el maestro
solamente vive allí)
aquí avanzo en la marea sin plan A sin plan B (una estrella puede ser fatal)
las tierras por la ventanilla cada vez más húmedas
en la carretera vemos una nube del río siguiéndonos
ha llegado a envolvernos (el comando
no ha visto nada)
suelto la pistola lentamente
le digo a la niña que sí puede jugar
la carretera libre
mi madre se retira del balcón
La voz de allá
Gabriela Durán Arnaudes
Vivo el desarraigo
de los puntos cardinales
buscando algo que yo tenía
Encuentro sustento
en la certeza de perder
y ánimo en la tachadura
Intenté conciliar con en este sin lugar
y escuché mi voz como un relincho cerrero
pero no podía decir
nombrar como yo sabía
Me dieron otra
una voz prestada
que no conocía lo que yo tenía por dentro
enunciaba
conjugaba
repetía
La voz que me arrancaron
está sola
en una sorda
cajita musical
Quise tomarla
pero la otra voz dice
que no es importante
Me quedé inmóvil
no logré escuchar nada más
ni ver reflejo
o sombra
esto es lo que queda.
Daniel Esparza
Hay ciudades sin montañas ante las que rendirse.
Y sin embargo
siempre es posible aprender a temer
la majestad de un árbol en una acera o en un patio
el hielo en la superficie del río en invierno
o los bichos bailando en las noches de verano.
Todo esto mantiene
Cerca, lejos
En casa, fuera de casa,
Dentro, fuera
El espectro de aquella otra ciudad.
LXXIII
Cristina Falcón
No hay vuelta atrás
para el adiós intruso.
Voy a hacer su equipaje.
Voy a doblar una a una
paciente
delicadamente
las prendas del dolor
las mangas del vacío
los cuellos asfixiantes
los sombreros para el día
los de tapar la claridad.
Aprendí a hacer maletas.
Cabe tanto en un bolso pequeño.
Puedo multiplicar el espacio
para que quepa todo
sin forzar nada
sin sentarme encima
sin que se rompa lo atado.
Como las maletas
de los que se van para siempre.
Voy a hacerles
el equipaje perfecto
a desearles
el viaje perfecto
el que no concedieron a nadie.
Voy a quedarme aquí
en el portón
lo que sea necesario
hasta no verlos más.
Buen viaje sin vuelta.
Del libro Borrar el paisaje (Madrid, 2013)
Emigrar huyendo
Karlina Fernández
Emigrar es extraviarse para siempre.
Una pequeña muerte alojada en las alas del pasaporte,
esa ave que te sella libre del nido que no querías dejar.
Declarada sola en medio del mundo,
sin guacamayas ni viernes de birras.
¡Estás perdida!
Aunque tengas para el alquiler,
para las fotos de postales,
para ayudar a la abuela…
algo de ti se ha perdido para siempre.
Toca reescribirse en costumbres ajenas,
colonización en tiempos contemporáneos,
elegir dos tipos de esclavitud:
afuera o adentro.
Te invaden las palabras nuevas;
te abofetean tu argot que, sumiso,
va quedándose sin aliento.
Tú, que has sido siempre brillante,
hoy das tu oro por un trocito de espejo
en algún rincón donde puedas volver a verte reflejada.
Mirarte es un lujo que pagas con tu vida.
Los años pasaron en vano,
la historia se repite una y otra vez.
Carmen Leonor Ferro
En alguna parte de esta Sicilia incandescente mi madre no ha muerto,
cientos de ojos me acompañan desde las casas de los montes donde puedo presentir la estancia de parientes lejanos,
la vida campesina de los que aquí estuvieron antes de que la rueda decidiera girar.
No hay muerte en el resplandor de las piedras,
Arquímedes se asoma en los intersticios,
basta un momento fuera del estruendo metálico para que resuciten la cal y la inmateria.
En alguna parte de estas aguas nada desaparece,
todo sigue mirando.
Nada hay que no exista
en este mar
VI
Dayana Fraile
Torre de seguridad babeliana,
elipsis de sentido / sistema solar espiritual
leo toda una metafísica de los cuerpos celestes en esta sala abarrotada de
\pacientes que juegan Pictionary.
La enfermera dibuja una zebra
risas cáusticas
la tiza dibuja el espacio de las soledades, el tiempo abraza la naturaleza \de esta actividad recreativa: equilibrar
los cuerpos en el mal y en las nervaduras del cielo
o un atajo hacia la cerveza en la despensa de un apartamento de esquinas
\ilegibles.
Recuerdo una pared azul, una computadora y una llave retenida en la sala de artículos personales. Después del tradicional striptease encontrarás una cuadra de fallas renales y, en una esquina, tres intervenciones quirúrgicas de artificios difíciles y parrafadas a domicilio, probablemente, una técnica para hallar tu rostro en los sellos postales. Venopunción de sobres amarillos.
En un país no muy lejano
cualquiera ofrecería su reloj a cambio de una muesca de jabón.
Cuando es mi turno
dibujo una playa
la calidad del trazado es lamentable
apenas alcanzo a esbozar un sol, el mar, y una breve fracción de arena.
Todos adivinan de inmediato y lamento no tener oportunidad de dibujar
una sombrilla
Asuntos de la inmaterialidad metaindustrial, el sobreprecio en las maletas, las chayotas cristalinas en los bolsillos. Están prohibidas las llamadas a otro estado. Paraestado. Gelatina- empezó a gritar la enfermera.
Cruzó su remolino de cabello con un lapicero.
Y ahora el cuido
el cuido que desprotege
el cuido que persigue con el látigo
el cuido que agita las manos
y rompe
el día
el cuido de las pastillas que enferman
el cuido de los doctores que golpean con un rolo
el cuido.
Un amigo renació cuando fue sepultado bajo la nieve,
examinado por la beatitud de los meteoros, el terror y el tedio de \liberarse de la memoria. El silencio de los edificios
de líneas modernistas, de las fotos digitales, de todos esos píxeles
\+ la exacta definición de los errores en tu perfil.
Los correos electrónicos que son borrados para siempre representan
\un verdadero suicidio estético,
la visión beatífica de las diosas es la visión de la muerte,
las ideas pesan mucho, eso es lo que pasa,
una zebra es una mueca con un sentido sardónico de las estepas.
Pedazo de tiza
nostalgia de borraduras.
Flora Francola
Miras la lámpara
Encendida a pleno día
Afuera está oscuro
Piensas el poema
Vuelta a casa
Cuando esa casa ya no está
Demoliciones y herencias
En líneas de tiempo perdidas
Como la geografía trastocada
Por movimientos tectónicos.
Nos hicimos fuertes cargando maletas
Y yo ya no pensaba estas cosas
De los desplazamientos obligados
Porque los años pasan
Con oleajes y espuma
Como un lavarropas
Que desgasta el anhelo de volver.
No se vuelve a donde ya no existe
No existe
No vuelve
Miro la lámpara encendida
Cebo un mate.
N10°13’0.01” O64°37’0.01”
Enza García Arreaza
a.
La ausencia de mi gato se ha convertido en un duende sórdido, es un grillete, un ángel que me amputaron y dejó un hueco en el futuro. La ausencia de mi gato es un quásar y un documento.
b.
La adrenalina de salvarte no basta para sofocar a esa criatura perpleja sentada en tu esquina, esa serpiente supercalifragilística que escupe antimateria y serios pormenores, eso de que ahora empiezan las últimas veces de ustedes la convención de sordos mutuos y minúsculos acuerdos de cumpleaños y desgracias, meriendas, cigarros, Juan Gabriel, la pelona, la pelúa, el Rey León y sobre todo, mucho Tafil.
Me voy a guardar estas migajas en el bolsillo, dices.
Pero no dices nada.
Cierra la ventana al salir (si es que sales)
Manuel Gerardi
Zamuro:
ave de la familia catártida
del griego catarsis porque limpia
se redime en la tragedia de esta
ciudad caníbal
criatura digna que no mata
que pone buena cara ante el muerto
que habita el desahucio
ave poeta pionera del verso ready made
ave del trópico que no posa
en busto de Palas
pero sí de María Lionza
ave que come de nosotros sin delatar
el mal olor
un día heredará las tierras
de la fatal arrogancia.
Poema perteneciente al libro “Zamuria” (2018), tercer lugar del Primer Concurso de Poesía “Rostros”, publicado por Rostros editores en la colección Génesis.
Primera correspondencia de Caín a Alexander Stein
Leonardo González Alcalá
Ahora presta atención: mala cosa es nacer Mago o Diablo.
Enza García Arreaza
fe diminuta:
asedias los espacios con soles asustados
los abandonas en mi habitación oscura
mudos, sin saber bien qué dictamen los ordena
queman acaso la materia verbal que les ofrezco
cumplen una magistral suplencia
todo sol queda riendo en el centro de lo que ha quemado
por nuestro origen, a hombres como nosotros
nos lanzan una condescendiente dádiva en forma de moneda
yo digo: allí yace el germen de un novísimo imperio
y entonces reímos ruidosamente en el centro de todo lo que hemos \quemado
Sonia González
Tomo la foto
para la tarjeta de identidad
de mi residencia temporal
Han sido meses
de papeleos inverosímiles
hasta que hoy
tomo la foto
Me dicen que ponga el cabello
detrás de las orejas
la frente despejada
me quite los aretes
me coloque de frente y de perfil
la chica dice: uno dos tres
y tomo la foto
tomo la foto
tomo la foto
Todo en la vida ocurre
por repetición
Se repite el momento en el que partí
tan joven
y ahora trajinada por estos vaivenes
me encuentro con hijos que asistir
aprendiendo las calles y sus usos
los nombres y sus gentes
las plazas
los puertos
las piedras
He soñado
con el no país
Hay una mudez interior
que me impide regresar
a mis recuerdos
Me vuelvo mínima
Aprendo sólo de lo necesario
Tener
un verbo en desuso
Cristina Gutiérrez Leal
Sé del mar reventando contra un muro
cómo me asusta cuando levanta demasiado su oleaje
cuando enfría sus aguas y es imposible.
Sé de gente buena acodada en puentes
contemplo sus miradas cristalinas y la mía se envidria
me siguen enfermando mis ojos litorales
mis costas.
He visto desde un balcón
un río que divide tres países
abrí ya muchas veces mi puerta para saludar desconocidos
ya estiré una nueva lengua
ya me senté lo más al norte posible
ya estuve en la última calle de un país
ya fui todo lo insular que pude
ya he puesto toda mi fe en un viaje
ya he querido volver y abrazar
corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos
vivo huyendo de este lugar que soy
pero el desarraigo no me cura
no me cura.
Este poema aparece en la antología del II Concurso de poesía joven Rafael Cadenas (Team poetero; Autores Venezolanos, 2017) y en el poemario Estatua de sal (2017, Dcir Ediciones).
Tautologías
Geraldine Gutiérrez-Wienken
Las cosas del mundo también suceden
en la casa los techos las paredes
también se cansan
de lo absoluto
de la oscuridad emigran pero
la ruptura es común
el cuadrado debió tener cuatro esquinas
y lo redondo debe ser un cuenco
lo más íntimo en el ojo del aluvión
el hogar circunscribe y
la cronología es una
cuestión de tiempo flotante
Poema inédito perteneciente al libro inédito “país/sino”.
Nidia Hernández
Desde hace días
Crece algo parecido a la nada
Que se inmensa
La blanda brújula del corazón
Toma un camino de agua y se compensa
Luego de ir de una galaxia a otra
No puedo hacer nada
Por ti o por mí
O por nadie
Por el silencio que el viento extiende y lleva lejos
Por la escala invertida y perenne de los días
Por el reloj que vaga
Ciego
Fugaz
Indiferente
El radar de la inconsciencia
Rastrea lugares
Voces
Bambúes
La lumbre de una cabaña en la montaña
Un silencio que amo
Y personas que te esperan
Todo comienza a desaparecerse
En la neblina de la mente
Menos la luz parpadeante de las luciérnagas
Y todo es posible
Es posible por ejemplo
Ser una tortuguita recién nacida
Pedaleando en la oscuridad del mar
Como si conociera todos los caminos
Es posible ser una tortuguita
Indefensa
Frágil
Sobreviviente
Sola
Que vuelve al océano
Sin saber nada de sus padres
Y aún así
Cumple invariable
El hexágono de sus ancestros
En el aro del mar y de la arena
Es probable que todo sea
Únicamente mar
Ruth Hernández Boscán
nadie termina un viaje
Fabio Morábito
quería plantarme aquí
ser un árbol porteño
como esos de raíz enorme
diagonales al Teatro Colón
pero este cuerpo tiene casi cincuenta años de uso
abrazo a un jacarandá más discreto
me advierte del invierno del verano del otoño
yo le hablo de la primavera
nos hacemos amigos
no es mucho lo que puede ofrecerme
pero tiene ramas fuertes
y mi nido es liviano
traje pocas cosas
y están el cielo las nubes la gente en la calle
y es primavera
Parcelamiento Milenium Noviembre 2017
Alfredo Herrera
Torres eléctricas
Gran soledad al ir bajo ellas
tssss tssss tssss
Llevo a mis perros
Pensamiento y pensamiento
El cerebro es una masacre
Torre eléctrica que transmite a otra
y esta
a otra
y esta
a otra
en desfile al sufrimiento
Torres eléctricas a gran velocidad
como la carne
Patria y poesía
Verónica Jaffé
Mi país es un poema
que no sé,
que no es mío
sino de él.
¿Sería porque mi padre
fue emigrante
pero no como el de
Gerbasi?
Mi patria, lo sé,
no es jardín o desierto
sino río por momentos
por otros fue mar.
Este poema pertenece a La metáfora, fluida, Madrid: Visor, Fundación de la Cultura Urbana, 2019.
Entre dos aguas
Sandy Juhasz
Como si los ríos se conocieran.
El Danubio trae historias de otros ríos.
En sus ojos regresan todas mis olas.
- No laves mi tristeza, le advierto,
es lo único que me queda,
la rabia no cabía en la maleta.
Una pena cristalina se arrima a mi pecho,
en un soplido estallan paredes, soles, ventanas, palmeras,
techos, trozos de montaña, relámpagos que juegan con las sombras
\de la calle,
y el fracaso sale de la derrota sin dientes de leche,
y el mañana tiene ayeres que la transparencia espanta con las manos \que vienen.
En el fondo del agua un brillo de llaves me regresa,
son de aquella puerta azul que no cerré nunca.
Inédito
VIII
Carlos Katan
Pensamos que
al llegar
traeríamos noticias
de un nuevo continente.
Pero al entrar
sólo encontramos
la casa
vacía.
El poema pertenece al libro Formas de la Aridez, ganador del III Concurso de Poesía Lugar Común (actualmente inédito).
Juan Luis Landaeta
Mi idioma es un sonido lejano
la sonrisa de un pájaro
que desconozco
al amparo de una lluvia invisible
tibia
Padre
María Gabriela Lovera
No estoy ahí.
Y ese no estar atropella la noche,
sacude sueños en mi cama,
arroja los ojos contra el cabecero,
hace estallar de culpas la mirada.
Temo no estar cuando la luz se apague,
cuando arranquen de cuajo los impulsos.
Quisiera cubrir de párpados hasta el último brillo,
dejar dormir aquello que se agota.
Pero no estoy ahí.
No puedo estarlo.
He cortado el tallo del lado de la flor,
he obviado las raíces.
Nombre equivocado
Nérvinson Machado
Yo cargo con mi hermano en una maleta como quien fermenta el futuro
con el amor de una bestia mitológica.
El amor, quién sabe, puede ser un suelo de arsénico
o una boca llena de sospecha,
también puede ser un país incendiándose.
En mi pecho la infección de la vida da respiración
boca a boca a una vasija hecha una pequeña casa
que a veces, no lo niego, se desploma;
pero a veces se atreve a seguirme de aeropuerto en aeropuerto
de garganta en garganta
de esos otros que soy.
Yo cargo una maleta que es una pequeña casa
para guardar mis párpados.
Yo cargo con mi hermano en una maleta
como quien carga con su cepillo de dientes
para quitarse el mal sabor de boca
de un país.
Me aseguro de viajar en una madrugada prehistórica
con medio cuerpo encerrado en esa pequeña casa
para que mi caminar sea ligero.
Nos despojamos del calzado para entrar en esa pequeña casa
como si en sus paredes estuviera la infancia de asfalto
y la falsificación de una vida.
Abandono todo, menos el equipaje con el que me aferro
a la incertidumbre de contar cada lugar y cada rostro
Yo tengo en mi pequeña casa la violencia
con un corazón a punto
de infartarse por las tablas que sostienen al cielo.
Yo viajo con la mitad de un hermano muerto
oculto en el cadáver de mi niñez.
Sobre el mural de Cruz-Diez
Jason Maldonado
Sobre el mural
de Cruz-Diez colgué
mis títulos sobre otros títulos
de los que partieron antes.
Primero fue cemento,
madera, fierros;
luego, pastel de choclo,
charquicán, sopaipillas;
ahora vendo lagos,
nieve y volcán.
Cuenta nueva y el lugar común de su borrón
quedó estampado
en el pasaporte:
reinventarse desde cero
antes de que el frío venza
el cálido recuerdo de la auyama
el tostado limpio de una arepa ardiente
el sol que no miente al levantarse
mientras los bárbaros continúen
soy
un seremos
que aún no llega.
Árbol de lo lejos
Iola Mares
Aquí las palmeras no dan cocos.
Las naranjas ruedan por la calle como si fuesen mangos,
pero no pueden morderse.
Estoy colgada en una misma escena reconvertida,
una secuencia que se cuenta a pedacitos
en el trasiego que flota cuando se duerme.
Empezar de cero es empezar de cero,
sin los libros, con el país dolido, amoratado en una pierna
incrustado en los ojos bajo un sol radical.
Aquí los pueblos están tejidos en la dorada costa del Mediterráneo;
desolados en invierno, saturados en verano
vacíos en su resolana fría cuando pega el viento.
El mismo viento que quema la liviandad de no ser nadie.
La poesía que es extrañamiento devorado por la arena.
Aquí el paisaje que te persigue viene de adentro.
Es un alambre de púas en la vigilia.
Por eso no me canso de llevar tus lágrimas conmigo.
El pecho se abre en cada apagón, y aquí si hay luz.
No puedo zafarme esa oscuridad trascendental.
Soy la tierra que no sé regar,
árbol de agua.
Una hendidura que solo llena Palmieri o cuando, del otro lado,
te dicen: seguimos aquí, todavía respiramos.
Lo que no he contado
Acuarela Martínez
Al salir, no sabía el rumbo que tomaría mi equipaje, ni mis pasos. Fue un salto desesperado para acabar con mi propia pesadilla. Nunca escribí sobre aquella profecía de sortear caminos indefinidos, por aquello de esperar que bajo mis pies, la superficie estuviera firme, aunque durante mucho tiempo, siguió movediza. Tal vez por eso, no había contado sobre la mujer del ascensor.
Llevaba un gorro de invierno, tupido como el guardián de los pensamientos de un prisionero. Amablemente sostuvo la puerta para mí y buscó conversación. Al saber mi origen, me habló de nosotros, los desterrados. Así nos llaman a los que se expulsan a sí mismos de un lugar, cuando ya no soportan las cadenas.
Dijo ella, que somos como rompecabezas, que adaptamos las piezas de la soledad hasta que encajen en los días.
Con una mirada apenada y al notar mi rictus doloroso, agregó alabanzas sobre mis paisanos y expresó gratitud por tenernos como invitados.
Conversó sobre haber pisado alguna vez mi tierra y el sabor agradable que dejaron nuestras costas coloridas en su memoria, le hace rezar cada noche por el país, clamando por la reconstrucción de un puente que no se lleve las palabras.
Antes de llegar a su piso, comentó que ora por los que ahora estamos en su nación, sembrando esperanzas en el suelo ajeno que nos albergó, después de un vuelo involuntario.
Esto tampoco lo mencioné, pero señaló hacia arriba con sus dedos, tratando de ilustrar cómo hacemos un nido sobre tempestades sin necesitar la luz, porque somos linternas, conservando la ingenuidad de los niños, mientras sonreímos.
Fue como comprobar mis predicciones:
el amor y las raíces están donde las llevemos.
No les he contado, pero cuando la mujer se fue,
no pude aguantar el llanto.
Contra Goliat
Kelly Martínez-Grandal
Yo aquí fui feliz
Me hice polvo de este polvo
Cerbatana salvaje
supe lo que era amor
Sigue rodando emigrante
Todo aquello que soñaste o su
revés Sigue rodando emigrante
Flores malvas en otoño amarillas en verano
mi esposo me regala atardeceres espléndidos
Nadie me revisa me requisa
bueno sí el banco
pero aquí puedo disentir
vociferar
En tu país eras alguien pero aquí eres
nadie
Nadie
la ceguera del cíclope
la ira de Poseidón
la bruja Circe
Pero mañana la aurora
la honda contra Goliat
sigue rodando emigrante
Todo aquello que soñaste
o su revés.
De Zugunruhe (The Operating System, 2020. En edición).
Raíces
Rubén Martínez Santana
Las hojas cayeron verdes
entre las fuertes raíces
Sus ramas secas
se clavan en el cielo
Erguido
de cabeza
puedo ver de nuevo el árbol
Caducifolio
Jorge Andrés Medina
Lo heroico es tener destino.
Ludovico Silva
Cabe tu nombre en cualquier esquina
como dentro de un puño el remanente de tus glorias
pero cuántos los kilómetros en tu equipaje,
cuánta erosión sobre mañana
dejarán las olas del camino.
Cuesta deshojarte del árbol que fuiste.
Dejaste el nombre terruño
en los valles de azufre a tus espaldas
y ya no puedes pronunciarlo
sin dormirte en las corrientes del presagio,
sin olfatear la sangre que mana de su herida
ni temer a que mentarlo profundice tu fractura.
Tus pensamientos son leones en silencio
pastoreados por la duda de lo que pudo haber sido.
Atraviesa como un pájaro nocturno
el cielo de la soledad,
perfecciona el ejercicio del olvido,
devuélvele los ojos al asombro
y que la maravilla arrulle tu dolor incesante.
Canta desde tus miserias la tenencia de un destino;
la piedra del ayer confinada a tu tórax
p e r j u r a r á
que lo perdiste.
XVI
Néstor Mendoza
Quienes veían el descenso de la ojiva
de pronto recordaron todo lo vivido
y todo lo que no pudieron vivir; fue tanta
la impresión y tan claras las imágenes
de los recuerdos que con toda seguridad
reconstruyeron viejas escenas de tactos
y roces entre la maleza, diríase que fotogramas
de una película en blanco y negro, con la
exactitud de quien recuerda los episodios
de burlas adolescentes o rechazos en pistas
de baile. Eso no se olvida, tampoco
el impacto y la detonación.
La olla podía ser la llaga y dentro
de ella se cocía rápido la pobreza.
La olla que dentro lleva agua
y algunos retazos de verduras, puntas
de yuca, pedazos irregulares de ahuyama,
tomates mallugados, que se pidieron o se
robaron; no importa pues importa
solo el hervido rápido, el hueso que
dentro se calienta solo sin carne
para todos los que alrededor están,
los que esperan una parte de esta
cocción en plena avenida, a la luz del
día, mi día, tu día, este día en que todo
es posible, incluso comer sin ventanas;
comer a la intemperie que nos une
en su completo desgano. Y de nuevo
la olla apaleada, tan usada, que se va
oscureciendo de tanta ceniza adherida
a su cuerpo plateado, ahora negro,
por siempre negro de tanto arder.
(***) Poema de Ojiva (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019)
Pronunciamiento
Corina Michelena
Si existe Algo que devore,
Saltaré adentro, aunque traiga el mundo a su ruina.
Karl Marx
Un ruso, en ruso
pronuncia la palabra
“izquierda”
¡y la lleva a cabo!
con desganada, natural facilidad.
Un ruso, en español
no podrá proferir esta palabra,
requiere un duro
entrenamiento
de vocales agudas y fuertes,
de letras –infiltradas-
que no se pronuncian.
En Moscú,
ser la entrenadora,
escucharlos fracasar una y otra vez,
es mi noble, dulce tarea.
Poema expuesto en “Manifiesto país”, Sala Mendoza, Caracas, Venezuela.
Los hambrientos
Diana Moncada
Avanzamos como las nubes en su terrible poética del desgarramiento
Somos el residuo que arrastra entre sus manos
el desfigurado gesto de ser
Hemos heredado la desolada curva de la cacería
y henos aquí hambrientos
llenos de lodo y rabia
esperando de los espejos
la esquiva mirada en la que nacimos por primera vez.
La mirada
Ricardo Montiel
A Natalia
Se posa en un punto incierto,
ahí entre el hipnótico
vaivén del columpio:
sillitas, atriles y pinturas,
globos de helio y vehementes
correteadas,
como estudiando minuciosamente
con la mano aferrada a la reja
el modo en que la infancia se divierte
en este parque de otro país.
O como si temiera
haber envejecido en el despegue
que ella no decidió.
De Agonía de los días terrestres (Caleta Olivia – Rangún, 2018)
Taller Rosalina
Jesús Montoya
En la casa de mi madre mis libros están desnudos
están pantanos adormecidos
están fraternos puros
polvo ovalado sin mí
dónde estarás tú cuándo estarás tú
dónde de la noche al botar la basura tú
no voy hacia ninguna parte
en el barrio Guzmán
digo la biografía bordada na língua
rotatória
yo nací en el Rosalina
soy la iglesia en la que rezas
la calle por la que caminas
y soy tu cuerpo frente a Santa Rita
arrodillado
al pedir pan caminos para cantar
yo soy, por ejemplo, el hijo que se fue
el que invernal escribe para nadie
oración alguna prédica gráfica
na lengua esta, na língua ave
no lo dije, lo silbé
arrebatado
en mi sala en su taller blanco
insólita insiliada te amo
mi orquídea del barrio
mi lucero
mi mamá
Inédito
Los árboles no salen de casa
Kira Elena Morales
Todo árbol ignora cómo viajar
sus aventuras son el susurro
de aquellas hojas que alguna vez
se dejaron seducir por el paso de la brisa
en su terquedad de no querer llegar al suelo
el sueño de un árbol jamás es irse
no importa si la promesa es esquivar el azar del rayo
si un árbol intenta transitar el mundo
su fatum es devenir objeto
Un árbol no elige salir de casa
es desterrado
por el capricho de quienes juegan a ser dioses
mientras sus raíces nutren despedidas
y truena la inefable nostalgia de sus ramas
Si un árbol sale de casa
se hace huella indeleble de sombra ajena
continua melancolía
de no presenciar otro otoño
El duelo
Virginia Moreno Goitia
Hay dos toros peleando en el pecho
de quienes se quedaron
Cacho con cacho, embisten con ojos cerrados,
algo brota de sus frentes
Hay dos toros peleando en el pecho
de quienes se fueron
Luchan contra su misma figura vacía,
golpean con sus cachos el agua
de una laguna desbordada
Quien tiene estos animales
sufre besando la frente de otro igual
en la distancia
El retrato es un toro embistiendo un espacio vacío
bañado en el agua de sus lágrimas
soñando con su reflejo tan sólo para amarlo
Fragmento del poema El duelo.
IV
Clared Navarro Cejas
Sé que reza por mí como reza por sus muertos
la memoria está en las manos de la abuela
matrona de la familia
Ella sola nos ha parido a todas
y no hay agradecimiento alguno en este gesto
silencioso y digno
Reza por todos nosotros
madre en la distancia
sola como los árboles
viendo siempre hacia el sol
La oración le da calma
pero no devuelve a los hijos perdidos
ni a la compañía
ahora tan lejos
Pequeña cosa emplumada
Linsabel Noguera
La esperanza es esa cosa con plumas —
que se posa en el alma —
y canta la melodía sin palabras —
Que no cesa — jamás —
Emily Dickinson
I
cada detalle que sabes conocido
te abraza a esa ciudad
que se inventa el deseo de vivir
El miedo es sólo la angustia de volver
de que la noche sea suficiente para cegarla
II
La despedida se esconde en la oportunidad
allí sigue cantando sin palabras
Esta breve estancia se prolonga
y el futuro todavía es incierto
III
Otras calles apacibles te dan la bienvenida
te saludan sobre la bicicleta
aunque aún no conoces los caminos
has aprendido a descifrar la luz
a entender las voces de los árboles
la desarmonía de las nuevas cigarras
a moverte entre solsticios y equinoccios
cuando para ti todo era trópico
ya has cambiado las conjugaciones del Caribe
el tiempo es un tiempo compuesto
por el antes — que es ahora —
y el ahora — que aún no es —
IV
Esa pequeña cosa emplumada
un día te susurra en una nueva lengua
Y sonríes
Claudia Noguera Penso
Vaciar la casa, catalogar libros, deshacerse de malos y buenos
recuerdos, dejar las paredes blancas, desnudas y vulnerables, no limpiar \el polvo para que te
recuerde siempre el desasosiego.
Arrancar los clavos con las manos, llenas de rabia y sangrar,
Vaciar cajones, del baño, la cocina, desprenderse del olor a familia,
\volver a los pasos cazando
huellas imperceptibles y herir.
Observar el calendario del año anterior, con citas, cosas que hacer,
\que nunca terminaste y doler.
Llenar cajas con lo que te importa y otras con las que no, clasificar fotografías, en donde sonríen
los tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, hermanos, primos, amigos que están muertos,
todos esos años útiles e inútiles.
Descartar parte de tu vida con el corazón fuera de tu casa.
Eso es cerrar la puerta.
Eso es irse.
----
Irse es quebrarse,
pegar las piezas con la mano izquierda.
Epitafio
María Celina Núñez
(Nació y murió en el extranjero).
Nunca son pocas las ruinas.
De los bordes de mi país acabado
no quisiera yo vivir.
Daniel Oliveros
[Estos ríos que fluyen bajo los puentes
tienen la solemnidad de una obra de arte
moderna y sobria. Parecen recorrer sus cauces
bajo la ebriedad automática que sube
y baja como una botella,]
Empieza el recuerdo a derramarse
para suavizar las piedras, pienso en las
aguas míticas que recorren desde
el Atlántico hasta nuestras entrañas;
Orinoco iluminado
por las brasas prometéicas del hombre,
este recuerdo del río no se refleja en estas aguas.
[lo tuerzo como una goma elástica
para descubrir su plasticidad. Hallarme
en ese líquido oscuro que pasa, y fluye.]
Afuera
Leonardo Padrón
El ruido de no estar.
Eso soy.
Una espalda.
Un árbol negro en el silencio.
Mi agua cotidiana es de carácter inverosímil.
¿Cuántas fronteras definen a un hombre?
Ha ocurrido la demolición de las ventanas.
La cama donde no hay casa.
El viento dando vueltas en el sótano.
¿Dónde mi biblioteca?
¿Mi canto? ¿Mi lápiz de oro?
Caen mangos podridos en el corazón.
El canto del gallo es una consternación en la vía láctea.
Quieres regresar adonde ya no es.
La gran luz cierra sus ojos.
Afuera es adentro.
Inédito
La dulce astilla
Luis Pérez Oramas
Escribo para estar
junto al tibio pulso de lo que hemos sido
escribo
para impregnarme de canciones solares
y pasadas
para sentir el olor de capín a mediodía
cuando aún no labraba
su dulce astilla de madera
la muerte en nuestro cuerpo.
Escribo
para sentir la mano
tierna de mi padre en la mejilla
la paciencia de su voz
en los condumios
para recibir
el salino aire abierto
de Naiguatá de vuelta
a casa
de vuelta al prado
que no era agreste en la palabra.
Escribo para volver
de nuevo a la matinal
eucaristía que anunciaba
largas tardes de tedio, ignotas
tierras en la noche de la radio
materna e infinita la impaciencia
de ver tiniebla en luz
lugar áspero en llanuras.
De La dulce astilla, Editorial Pre-textos, Valencia, 2015
Customs
Beverly Pérez Rego
I
¿Cuál es el propósito de su estadía?
My hands are gone and I cannot buy others.
¿Cómo se llama?
Touch my forehead. I come from hell.
Antes de saber que vendría, ¿tenía algo que declarar?
I don´t belong. Neither does this line belong to me.
Muestre sus certificados de inoculación.
It all led me here. Nothing led me here.
No reconozco la fotografía del pasaporte.
She and I are enemies.
¿Cuál será la duración de su estadía?
The bailey bareth the bell away. I am singing.
¿Cuál era el nombre de él?
What was his name?
¿Ha dejado solo su equipaje?
The rain had stopped. I woke up beside me, in the grass, soaked.
¿Tiene sed?
There will never be anyone else. What was his name?
II
¿Cuál es el propósito de su estadía?
The unmeasurable light behind the eyes.
¿Cómo se llama?
I have two moons and I am deserted.
¿Tiene algo que declarar?
I don´t forget. I keep close watch and preach forgiveness.
Muestre sus certificados de inoculación.
Destroy. Preserve. Heaven and ocean.
No reconozco la fotografía del pasaporte.
She and I are encryptions.
¿Cuál será la duración de su estadía?
The blood clot in your left temple. I am pretending.
¿Cuál era el nombre de él?
What was his name?
¿Ha dejado solo su equipaje?
The weight. The shreds.
¿Tiene sed?
I sleep in a deserted schoolroom. I wake beside me and wait for the bell.
III
The unmeasurable light behind the eyes.
¿Cuál será la duración de su estadía?
¿Cuál es el propósito de su estadía?
I am poured out like water.
¿Cuál es su nombre?
What was her name?
¿Cuál es su nombre?
Nothing led me here. It all led me here.
¿Tiene algo que declarar?
The Night is my Lord, the Day is my Lord.
Muestre sus certificados de inoculación.
“Pestilence-stricken multitudes”.
Estamos mezclados al gran mal de la tierra.
I see the goodness of the Lord in the land of the living.
Huérfano, y sin trompeta, y la mujer que abre su entrecejo.
And he said, Cast it on the ground. And he cast it
on the ground, and she became a serpent.
¿Tiene sed?
¿Tiene sed?
Este poema apareció originalmente en The Journal (2016) y Latin American Literature Today (2019)
Luis Javier Pisonero
probarnos
todas las máscaras
sin que ninguna nos quede bien
(hablo de un pueblo)
somos todos y ninguno
ninguno de los rostros
es el nuestro
lo bueno —dirían—
es que podemos forjarlo
pero no sabemos cómo
eso también hemos de aprenderlo
pero tampoco sabemos cómo
Haikus migrantes
Leopoldo Plaz Alemán
Crear un mundo
exige destruir otro
o de él lo nuestro.
Ser como un alma
ocupar un espacio
y un punto ciego.
Creo ignorar
si pierdo o gano tiempo
en el olvido.
Tantos futuros
dibujándonos juntos
y aún no llegan.
Como si el mundo
acabase mañana
por fin / se vive.
Tu mundo es un
recuerdo que refrescas
más no actualizas.
Lo de volver
practícalo / no a mí
sino conmigo.
Un tercio sepia
la gran mitad azul
y el resto es carne.
Solo en el mapa
tienen nombre esas líneas
(tampoco existen).
El país que tenía
José Pulido
El país que tenía se fue de mí
se llevó el agua clara y los sabores
con que hicieron mis huesos y mi sangre
y borró las palabras que formaron mi espíritu
el país que tenía apagó el cariño mayestático
que circulaba como energía eléctrica
en los corazones de la gente común
y prohibió ilusionarse con el futuro
la decencia surgida por temor a los cielos
se derritió como cera ante al ardor del oro
mi país huyó con la moral entre las piernas
y solo puedo recordarlo como si hubiera muerto
ya no puedo reconstruirlo con nostalgias
ni con las imágenes que cicatrizan en mis sueños
cuando hagan uno nuevo no podrán comprender
por qué hay habitantes que parecen sacados de raíz
hay un país geográfico que jamás se va
pero se deteriora igual que la columna y las rodillas
y otro que se desvanece
en el ayer soporífero de las plazas
El país que tenía se fue de mí
yo no lo abandoné, yo no estaba grabado en él
son sus marcas las que lleva mi alma
desde la época en que la leche recién ordeñada era normal
yo nunca fui importante
para ese país fugitivo
yo apenas era un trámite
y hasta me cambiaron el nombre
porque cualquiera podía ser
empleado del destino
Un poema llamado país
Georgina Ramírez
Partir
es siempre partirse en dos
Cristina Peri Rossi
No es solo partir
y dejar el hambre en las esquinas
Es escuchar en tu idioma
palabras ajenas
Explicar la miseria que te curte la piel
y te inunda la mirada
Defender la dignidad
de las siete estrellas tatuadas
Sí
partir es partirse
van pedazos de ti
sin ti
recorriendo caminos
que no conducen
Partes con el hambre de todos
en la espalda
y cada bocado duele
por el que nada
lleva a la boca
y buscas algún sabor
que llene tanto vacío
Así se parte
así nos partimos
mientras vamos en trenes
que nunca llegarán a casa
Dulce María Ramos
Una infinita lista de preguntas incómodas
¿Eres feliz?
¿Estás contenta?
¿Por qué te fuiste?
¿Piensas regresar?
¿Y es verdad lo que pasa en Venezuela?
La orfandad de país empieza al responderlas
no en la nostalgia
¿Dónde se han ido?
Erika Reginato
¿Dónde está mi ciudad,
desapareció en lo profundo del mar?
y ¿mis amigas? las que esculpían sus cuerpos en la arena,
ahora que son de cristal, aun ¿las podré ver?
¿los habitantes del agua,
los caminantes de la plaza La Candelaria,
los lanza llamas?
¿Los encontraré entre los demás restos,
de carne, sangre y asfalto entre gestos de esperanza?
Todo está aquí,
quemado en sus adentros con lava de un volcán.
¿Dónde están el Ávila, el Salto Ángel?
la cascada en el vuelo de las águilas.
Dicen que ahora solo hay bombas de gas,
que no se puede respirar.
¿Dónde están los que dejaron ver sus manos blancas
y desaparecieron en el clamor de la noche?
¿Dónde están los niños que esperaban
las medicinas en el hospital San Juan de Dios?
¿Dónde está la brisa fuerte del trópico
que arrasaba en la Tierra de Nadie
los pasos de mi exilio?
Necesito tocarte vida mía,
alcanzar el cielo,
regresar a mi ciudad.
Poema del libro inédito bilingüe, Alma de fuego.
Eleonora Requena
Tu rastro al despertar, las tardas menguas,
líbrame de estar aquí y allá donde solía
ahora que estos grillos de la madrugada
se me agolpan en el cráneo, dónde estoy y dónde están,
dónde cabría, se abre el tiempo de las guardas,
los anillos, las visitas sibilinas en los sueños,
el metrónomo, tac, tac, me llamas
desde el fondo de la casa,
cómo están, aguacero de la tarde, empapa,
sinfonía de chicharras, truena,
estamos bien, jugamos en el patio de cemento,
las paredes las mancharon los muchachos,
cae la mañana, cae la tarde, cae la noche,
caigo en estos pozos, mamá, y no quiero,
me duele nombrar las lejanías, arden,
cúrame la fiebre, sana, sana,
culito de rana, un ponche con gotas de brandy,
alguna voz, tu reino líquido, apacíguame,
allá donde me escurro cuando duermo
es aquí cuando despierto, llámame,
solecito tibio, luz de la luna afuera,
los perros ladran sin consuelo, tierra.
Inédito
Alida Ribbi
Las velas del tiempo
me llevan a hurgar
la casa
cuando el silencio
espesa el aire
y la ciudad resiste consignas
a oscuras
allí
donde lo bello y la muerte conviven
roce a roce conviven
en ceremonia de aliento y martirio.
Rige el tenor de una condena
se oculta el norte
la boca que miente
tala el mínimo avance
y un nuevo laberinto aparece.
Salva el abrazo de los elegidos
el álbum de viaje
los libros
salva el canto de las ranas
de noche.
Inédito, 2018
Haçli Kilise
Camila Ríos Armas
La montaña nos cubre
No hay ecos, los sonidos se pierden en la arenisca que entra
\por los zapatos y se deposita en las medias
La lluvia ha moldeado las colinas, los surcos cada vez más profundos \crean senderos ahora recorridos por mis pies
¿A dónde nos lleva este camino hecho de tantos otros que han andado \por aquí?
Se viste la ansiedad con su sombra
Nos guía llegar a tiempo
para ver el atardecer desde la montaña
El sol, resonancia en la cúspide y en nosotros
Tres horas de vaivenes sin un indicio de alma
Un morrocoy nos dice aquí hay vida. Su caparazón, accidente, vejez, sequía
La iglesia bizantina traduce historia, guerras, olvido
Un señor la cuida en medio de postales, linternas para los visitantes, \botellas de aguas, pelotas bordadas y velas (mum).
Con él, una señora. Siempre es mejor estar de a dos
Las flores de su velo decoran la aridez del paisaje
Un cuarto, pequeño, para el guardián del templo
La fe sin religión, o la fe en todas las religiones
Haçli Kilise
El haz de luz refleja a los apóstoles y a Jesús
desfigurados
¿decapitados?
Sin rostros, han sobrevivido la humanidad pero no los territorios \perdidos
ni las religiones
¿Habrá sido la propia piedra con la que fue construida la iglesia el arma
\para rayar la fe?
Un pequeño túnel me lleva a las entrañas
Mis caderas y mi claustrofobia no me permiten explorar
Descanso en el banco que ha sido reposo de miles de turistas
Continuar
La llamada del sol
El día que se despide
La desolación cabe en el bocado del durazno atento a la caída
O a la mano que lo desprenda
La hora de llegada se ahoga en el ladrido del perro protector de su \dominio
Trasgredimos los pasos y decimos adiós.
Ankara, agosto 2019.
7494 kilómetros
Virginia Riquelme
Rehacerse no debería ser asunto de la obligación
sino deseo adquirido de las almas libres
pero esa maleta arrinconada se encarga
con ahínco y sin miramientos
de recordarme la tarde en que se emitió el primer mandato:
sal sin mirar atrás, allí está el mar por delante.
Mi ansiedad tiene números: 0058, 212
y horarios: la llamada a deshoras como mal presagio
y repeticiones: “No cae”. “Hace tres días que no sé nada”.
Angustiarse entonces no es un asunto de circunstancia
sino la moneda con la que se signó el segundo mandato:
no habrá descanso.
No existe una ley universal que establezca
el legítimo derecho del retorno.
Volver entonces no es una posibilidad
sino nube borrosa, dolor sin forma
deseo desgastado, resignación
y un número incomprensible repleto de Atlántico
7494 kilómetros
una línea inexistente, un resultado en Google
el último mandato:
No hemos podido calcular las indicaciones de
Travessera de Gràcia, Barcelona, 08012
a Calle Sucre, Caracas 1060.
Contrabando
Jhon Rivera Strédel
Contra de mi ando
y en contra del viento que sopla
y me deja la arena en el cuerpo.
Entumecido
contra de mi ando
y el horizonte es amplio
a qué montaña
voy a encontrarme conmigo
si no puedo
sostener la forma
en que el viento me revuelve.
De allá
de la fiebre
del lugar terrible
se escuchan palabras
que hacen resonancia.
Acá el lugar terrible
se instaló.
Todos los días
hago viajes dentro de mí
la nostalgia es el lugar
donde se acuna la muerte.
Contra de mí ando
aunque hay cosas
que pasan de este lado
y las sostengo.
Aquí se tasa
se mata diariamente con el recuerdo.
Hay camiones
con cargamentos
que pasan de lado a lado
con hombres feroces
que van con todo.
No hay espacio en ellos para mí.
Me detengo ante el puesto
me dicen que pare
voy cargado de cosas
y taso.
No hay tiempo para ellos.
Yendo por las carreteras
contra de mi ando
y quiero pasar de un lado para otro
solo por pasar de un lado para otro.
y está prohibido si llevo cargamento
mejor es no tasar
dejarlo todo en las alcabalas
ante la mirada sospechosa.
Ir conmigo
acallando
despacio
las bocinas de los camiones
que están detrás.
Cerca del mar
Sofía Rodríguez Meza
Compartimos las singularidades
de un acento náufrago
Nos aventuramos
voluntaria y desgarradamente
con provisiones esenciales
del impulso animal
para mantenernos con vida
Compartimos las singularidades
de un cielo prestado
Algunos con ojos virginales
honramos como destino
ir hacia una tierra
despedida por antecesores
Otros se arriesgan
kilómetros a pie
kilómetros en lengua
con un primo, con una beca, con la visa, con la promesa
de sanar una dignidad herida
Compartimos las singularidades
de un facilismo integrado
dejando atrás la distorsionada herencia
de tío tigre y tío conejo
Ante un nuevo tipo de caos:
¿a dónde voy?
¿por qué me he ido?
Resurgimos temblando
y, sin embargo, el perdón
y, sin embargo, el olvido
aún parecen estar tan lejos
Compartimos ahora las singularidades
propias del poeta
bría es la intemperie
y el naufragio
no exige exilio ni desarraigo
exige templanza
exige entrega
los recuerdos no harán más corto el camino
tal vez lo harán las letras
la verdadera libertad la hallamos dentro
Jairo Rojas Rojas
(…)
gracias por las calaveras en el amanecer patrio
que me llevan lejos
a ir deletreando con sus huesos
mi despedida,
llenos de señas el movimiento de la luz
a cada paso.
Gracias por llevarme a vivir
en el fondo del agua
con mi familia
en la ciudad ruinosa
enmugrecida por el odio
que no olvido en el camino
poeta, heme acá: hace poco vi cómo se hundieron todos los ídolos
mi lengua ya era otra o de otro no sé
al oriente de lo que dejé bendijeron mi rabia
y llevé tu padecimiento para hacer música curativa
te recuerdo:
y, aún más,
al dormir encima de mis heridas cardinales
hasta cansarlas
al meter mi cabeza en la mitad de un sueño olvidado
por el acribillado en la ciudad del miedo
para recordarlo frente a la pila de muertos
para perderlo todo
qué lindo fue verte dormir
mientras el país se borraba
—manchado—
con cada muerte que ya no cabe aquí
y el idiota que baila
encima de una montaña de cráneos
y lejos, oculta, la majestuosa cordillera
y la gente amada ya irreconocible
que escucho
caminando caminando
Fragmento del libro Pasear lunático (2018) Montevideo, Dios Dorado.
Patología del jardín
Alexis Romero
a Mariela, por las piedras blancas
Estos son los gestos de un hincamiento
una ofrenda a los animales que nos acompañan
ponla en un lugar de habla y temor de silencio
donde las piedras resguarden lo blanco
y si brotan flores de pétalos maltratados
vete
vete
porque esto es la humillación
no la inminencia de un parque
Inédito.
Lázaro
Diego Salinas
Tres hombres saltan
Panteras rugen en la estación de gasolina
A través de la muselina
de la cortina de nuestro cuarto
veo sus golpes
Veo al borracho al que le caen a coñazos
Y el dolor sordo
de la desesperanza
sube
por
mi
ingle
anclando mis pies
al suelo
Déjalo, maldito. Déjalo
Déjalo. Déjalo
Se escucha desde el Misión Vivienda
Una mujer grita
al compás del hueso
contra la carne
Los golpes se detienen
El borracho yace inmóvil en el suelo
Los hombres se van
suenan tres detonaciones a
la
distancia
Lázaro se levanta
Frontera
Fedosy Santaella
Se me olvidaron las pastillas
perdí el candado
organizamos un grupo y esta noche rezaremos el rosario
me siento fantasma
Señor ten piedad…
no tengo ni para un cigarrillo
Cristo ten piedad…
un traguito hace falta
los fantasmas están en Twitter, esta vaina duele
tiene usted señal
no acá no hay señal
hace meses que no me tomo un selfie
se me acabó el agua
mira esta es mi jevita y nos amamos
Padre nuestro que estás en los cielos…
no encuentro el pasaporte
estoy leyendo Doña Bárbara
yo me traje un libro de cuentos de Cortázar
Dios te salve María…
yo estaba estudiando ingeniería, me faltaba un semestre
me iré a vivir monte adentro pero yo no me regreso al agujero
tengo un día entero sin comer
a mi hijo me lo mataron en una protesta
creo que me picó una vaina
tengo frío, mi amor, abrázame
viste qué bonito está el cielo esta noche
papi, cuándo volvemos a casa
mami, dime si en la frontera hay lobos
todo mi futuro lo llevo en dos morrales
lo hago por mis hijos
nos lanzaron piedras como perros
yo tengo una guitarra
pásame el cortaúñas, por favor
me gustan las mujeres con el cabello largo y negro y liso
anoche soñé que estaba en la casa de mis abuelos
yo soñé con mariposas
yo con escarabajos
yo con un reino
las polillas me dan miedo
tengo hambre
murió Ruperta la elefanta del circo de Caricuao
sí, de hambre
tienes un candado que me prestes
me duele donde me picó esa vaina
la frontera es el limbo
la frontera y aun así tan lejos el reino
el reino un fantasma
tengo hambre
coño de la madre las pastillas
siento mi alma como yéndose
como yéndose
y me resisto
Inédito
Gina Saraceni
Me llevo la playa,
sus maderas rotas,
sus cigarras muertas.
Me llevo la mora
para comérmela lejos
y la poesía italiana
para oír su acento
cuando esté distante.
Estoy a 2650 metros
sobre el nivel del mar:
llueve en Bogotá
Políptico errante
Isa Saturno
I
Un extremo de un todo
el otro extremo de ese todo
y en el medio la mitad
una mitad que también
tiene extremos y mitades
y ahí yo
más que entre paréntesis
(lo que está en medio de)
una zanja
una abertura hecha
con la precisión de un bisturí
así ser transgénero.
II
Recuerdo: era otra cosa
y ahora soy esta otra cosa
ahora esta cosa que soy
-hormonada-
no dialogan sus dos partes
o dialogan poco
se entienden poco
digo yo, casi no puedo decir.
Testosterona y no testosterona.
III
Yo tenía una opinión sobre esto
en algún lugar la tenía
la tenía o la componía
en un laboratorio inalcanzable
qué decir ahora
qué decir ahora
ni qué decir me pregunto
queda de ciertas cosas
solo el rastro
la sombra de un objeto.
IV
Mastico la idea de este cuerpo
me lo meto a la boca y lo mastico
procesar por otros métodos
más arcaicos
hacer bolo alimenticio
meter los nutrientes por la sangre
obligarme a digerir este nuevo cuerpo
hasta expulsarlo.
V
No estoy solo en la mitad
además de las sirenas
los minotauros
los centauros
también están -estoy-
los cuerpos migrantes
el destierro es un punto
en el medio
otra zanja
otro movimiento del bisturí.
VI
Veo la vitrina de la tienda
el maniquí tiene una definición de género
que envidio.
VII
Voy ladera abajo
ya es incontrolable
ya viene otra inyección
y no me pregunto si la quiero o no la quiero
eso era antes, antes cuando estaba en un extremo
-el otro extremo-
querer o no querer, esa no es la cuestión
qué ser es
qué ser es.
VIII
Estar cómodo en la mitad
amerita
aprender a respirar otro aire
de otra densidad
apoyarse de los incompletos
calificar errante
ver todos los márgenes
hay un hombre más fuerte que el hombre
y es el que compadece
el que compadece entre las mitades
consigo -con otro-
y alivia
lo roto
y alivia
lo roto.
[25°47’40.7”N 80°17’13.4”W]
César Segovia
Aparecer en el borde del mar desapegado de las olas,
del sol que intenta desperezar el olvido del poniente.
Aparecer, sin vértices, en una absoluta superficie,
en el lodo fértil donde las torres se reproducen como un virus
y el verde es una aspiración pegada al pasaporte.
[Verdes billetes de banco impresos porque «en Dios confiamos». Verde nota de la Reserva Federal (de curso legal para todas las deudas, públicas y privadas). Verde en la pupila del ojo providencial que nos mira por encima de cada pirámide predestinada a permanecer. Verde del milico aplastado por el peso de la panza y de los años inútiles de revolución. Verde Solicitud de Pagos en Divisas con Tarjeta de Crédito con Ocasión de Viajes al Exterior. Verde moho del dinosaurio muerto que sigue ahí cuando despertamos, cuando dormimos, cuando comemos, cuando nos desnudamos y nos follamos y nos bañamos y nos vestimos y volvemos a dormir, y despertamos de nuevo. Verde eterno que muere un poco más en el fondo de cada barril de dinosaurio muerto sin funerales. Verde antes de todos los himnos].
Aparecer en el extremo opuesto a las ruinas que nos dejaron nuestros \difuntos caudillos.
Aparecer sin la patria metida en los zapatos, una vez más.
Poema del libro Fuselajes. Editorial Libros del Fuego, 2019 [en producción].
Betsimar Sepúlveda
No dudaría jamás de la belleza que gozan las pequeñas nostalgias,
una suerte de luz que nos conmueve cuando del otro lado
el alma es un cuarto menguante.
Mi madre colando café a las cinco de la mañana
tarareando a Jaramillo, Gardel o Solís.
Mi padre y los domingos de western con Charles Bronson
el Nazareno descascarado a punta de milagros hechos desde el altar
\de la casa.
Las butacas reservadas para la tertulia que cada tarde acogía en la puerta a las tías que entre cada puntada de hilo y sorbo de café sacramentaban al pueblo y viceversa.
La belleza de lo único, la alegría de lo ceremonial.
Los espejos de mi casa servían de retratos a los viejos fantasmas,
levantarse en la madrugada por algo de agua nos llevaba a conocer
los abuelos y otros rostros no tan familiares.
Reservo una especial emoción por los primeros pesebres.
Hacíamos del portal de Belén una romería de patos, carritos,
soldados, casas escarchadas, lagos de espejitos
y una María contemplando una mota de algodón
que encubaba al Niño Dios.
Era nuestro serio oficio mantener de pie al rebaño de ovejas
y vigilar que ningún bombillo se apagara.
Hoy, cuando mi padre ya no vuelve con el pan de las tardes,
ni con mis lápices para el colegio, ni con su voz pausada
cuando ya no volverá jamás.
Cuando falta una hermana en el ritual de los regalos
y mi madre ya no le encuentra sentido a los boleros porque papá
\no la escuchará.
Cuando mi pueblo ya no está para cuentos en las puertas.
Cuando el Nazareno fue cambiado por santos nuevos porque a Él
\se le secaron los milagros
y los pesebres con soldados se hicieron reales y las madres ocultan
sus niños de la muerte y la guerra.
Vuelvo a la casa,
busco a mi hermana y a mi padre en los espejos
pero sólo refractan el haz
de polvo olvidado que seré.
de partida
Claudia Sierich
si contra toda esperanza no intentara
afincarme
en un estremecido,
montar carpas extrañas
sobre el enjambre de citas
si contra toda sensatez no siguiera girando
lugares comunes,
irrepetibles donantes de orilla
sin lado, avanzara vagantes
de vano en vano
si entonces partieras
que has reunido
perdieras algo
todos los días
del crucero
Poema de Imposible de lugar, Monte Ávila Editores, Caracas 2008)
Itinerancia
Leonora Simonovis
Me fui sin
decir adiós.
En esta tierra
árida pienso en
charcos de nubes
en tránsito. Mi
vecina me llama
desde su cerca,
dos animales de
peluche en su
mano, for the
children.
Otro día
me habla desde
el turquesa de unos
ojos empapados
en alcohol. Pero
siempre la
cerca de por
medio y su
español cortado
con tijera roma.
Cuando salgo siempre
espero encontrarme
en un valle cuyo
nombre he
gastado de tanto
excavar con las
uñas la pared entre
un recuerdo y otro.
Blanca Strepponi
Hago una reverencia para agradecer
el que pueda encontrarme a mí mismo en silencio
Allí, donde el cielo es más hermoso y la luz más pura y las montañas más verdes y las noches son perfectas y el aire es más liviano, ahora hay guerra.
Veo en la pantalla los rostros de quienes me han acompañado durante más de treinta años, sé sus nombres, el nombre de sus hijos, dónde viven, conozco sus voces, guardo de cada quien un particular recuerdo, detalles, momentos de la vida.
Veo sus rostros extenuados y dignos. Así es la guerra.
Suena el teléfono, es mi amigo del alma, el gran poeta que ha creado un Annapurna digital donde refugiarse.
Me cuenta que le han robado todo. Le quedan sus libros y cuadernos.
Le digo que estoy al tanto de lo que sucede pues escucho algún programa de alguna radio de las que quedan para dar las malas noticias. Los partes de la pequeña guerra, de baja intensidad hay quienes la llaman, provienen de tantos lugares, muchos impensables por poco conocidos.
Me dice mi amigo que se siente solo y dolido. Ya no tiene edad para combatir y el Annapurna se le ha hecho tan lejano.
Le digo que respire hondo, que sienta el aire en su cuerpo.
Le digo que mire el cielo.
Le digo que mire las copas de los árboles
cuyas hojas resisten la miseria.
Alejandro Suárez Atencio
En esta casa no hay nudos para guindar las hamacas
Colgamos de la oración diaria
Nos acostamos allí
Avulsión
Mariana Libertad Suárez
El río parduzco inquieta a los más íntegros.
Incómodos, ante la inminencia del dolor,
se convencen entre sí de que Acis miente:
no,
Polifemo no existía,
no tenía barba ni colmillos filosos,
no hay seres de un solo ojo y, en caso de haber existido,
el buen Acis debió enfrentarse a ellos
¿Quién lo mandó a enamorarse de esa ninfa?
(huyó como un cobarde)
Fue su elección y ahora viene a encarnizarlo todo
¡Detengan el río!
En el nombre de Dios, deténganlo
Atraviesen el dique, pidan documentos, lancen rocas
Vienen a mancharlo todo
Vienen a mancharnos, vienen,
es una avulsión indetenible.
Muertos
de sed, aunque estén hechos de agua
de hambre, aunque su lomo esté cargado de peces
siguen llegando,
porque ellos saben que algún día retomarán el cauce,
y volverán sus manos, sus pieles y sus labios,
y volverá su hogar
y volverán a amar a Galatea.
Cuatro grapas
Keila Vall
Sentada en piso del corredor
centinela del hijo al fin del día dormido en su cama pequeña
espanto el recuerdo
el día en que tropezó en el parque
una francesa que en el momento columpiaba a su hijo me indicó una \dirección
lo más cercano es un City MD.
En brazos con el hijo herido
que no lloró
nunca lloraba este hijito, ¿por qué?
con los brazos cansados y la camisa blanca ahora roja
con la mente confusa y entristecida
llegué a un ambulatorio
no una clínica o un hospital.
Son detalles
te preguntas qué es mejor
qué hace en estos casos la gente
de acá
dónde va la gente que se cae, que se accidenta, en esta ciudad con parque
\en el centro.
El celular en la esquina más oscura del bolso y sin timbre
¿a quién llamaría para decir
esto ocurrió?
mensaje imposible, ayuda que no llegará
llanto que no ocurre porque no hay quien lo escuche.
En esta historia hijo menor y madre somos
hermanos. Yo también lloro invertida, quiero decirle
por ejemplo al preguntarme si todo esto
venir a este país en el que mi acento llama tanto la atención
fue buena idea o no.
Nadie va a responder.
Acunada en mi propia matriz me pliego hacia dentro.
Cuatro grapas en el cráneo que más adelante el doctor no logrará manejar
y al intentar sacarlas sangrarán de nuevo.
Helado de coco entre la avenida Amsterdam y la calle 77
sol primaveral sobre el banco color verde en aquel parque cuyos columpios no quisimos usar.
Mi hijo menor aprende a hablar tartamudeando
tropezándose consigo
conmigo
con el idioma que dejó y el que viene y aún no es.
Cuando mi hijo me habla
cuando mi hijo me habla y yo no comprendo
quisiera me repita esa frase
esa frase
una vez más no basta
o mejor decirle
no estás solo
yo también
voy tartamudeando
voy tartamudeando en la historia que creé para ti.
Mi niño duerme y esta mirada rabiosa y triste lo cuida
centinela en el pasillo ante esta habitación que pronto rebosará de libros
\infantiles
pero aún no
aún no lo sabemos porque está pequeño
en esta habitación de alfombra celeste con pistas, autos y aviones.
También ocurre que las madres se accidentan
una pequeña fractura acá
se accidentan
se caen
un momento de confusión.
A esta hora sin patria
en esta esquina del universo que creé
el hijo duerme
y ve desde el sueño a su madre huérfana de sí misma
fertilidad tan íntima tan mínima quizás tan insuficiente
la de esta madre sola en el corredor sentada
cuidando a su hijo sin país sin lengua tal vez
gestando un lugar sin miedo mientras se aferra a un libro
que el miedo me pertenezca y los deje a ellos en paz, me repito mientras
\los llevo
en la espalda.
Todo este tiempo preparando mi columna sin saberlo
preparando mi columna sin saberlo
sin saberlo.
Caracas está en todas partes
Gustavo Valle
Voy en bicicleta
hacia el puerto de Ámsterdam
y me encuentro a Caracas
en las naves industriales
En el aire de París
en el mes de diciembre
ventilan los aromas
de las plantas de mi madre
Leo una revista
en el Ateneo de Madrid
entre sus páginas aparece
bajo el número 14
Ahora sé lo que soñé
en aquel tren submarino
que me llevó a Londres
Entonces pienso:
todas las ciudades
están hechas de una sola
Yo no la busco
prefiero alejarme
ella es tránsito
avión, tranvía
un largo viaje
a quién sabe dónde
Para hacerse invisible en su propio valle
Caracas está en todas partes.
Caracas onírica
Lena Yau
...por debajo del mundo que escogemos hay otro,
involuntario, inexplicable, que nos escoge a nosotros.
Mark Strand
Esa ciudad con tantos nombres me sobrevive.
¿Sobrevivió también el jabillo de mi calle?
Sueño que poso la palma de mi mano sobre su tronco pinchudo.
Sueño que sus raíces buscan mi plexo solar.
El amor se mueve como un topo y levanta en mí terrones de tierra.
Caracas es un mapa emocional.
Por eso los túneles.
Pasadizos que acortan la distancia venciendo montañas.
Fanales que van y vienen del mar.
El rastro de Humboldt en el pasaje de San Ginés.
En el aire churros y chocolate.
Una moneda cae de mis manos.
Busco. La acera está cubierta de hojas de mango.
Recojo la moneda: es una locha.
Vuelvo a Humboldt: ahora es el puente de las Fuerzas Armadas.
Huele a arepas y batido de lechosa.
Estoy en Caracas.
Los túneles son volver.
Cada uno anuncia que falta menos para casa.
Del mar a Madrid hay 20 túneles.
Del mar a Caracas hay tres.
Túnel tronco que se abre en raíces y ramas como mi árbol:
el sueño, los sueños, los laberintos.
Caracas onírica reacomoda el pasado.
Miro hacia atrás y aquella realidad es penetrable,
algo parecido al agua,
al gas.
Duermo para volver al orden.
Ese reordenar cambia el tono de lo vivido,
otorga profundidad a la narración de lo que fui,
de lo que fuiste,
de lo que fuimos.
Sueño con Caracas y la camino de incógnito.
Me pierdo en sus transversales altas.
Las copas de los árboles no me dejan leer los carteles con los nombres \de las calles.
Le digo:
- Necesito saberte.
Termino de hablar y los árboles se cargan de mangos.
El peso de las frutas baja sus ramas y puedo leer:
La Castellana.
Calle de Caracas / Calle de Madrid.
Pienso: La Castellana es un túnel espejo.
Una gotera.
Allí están los taxis.
Para ir y venir.
Para despertar.
El Ávila es una brújula que llevo dentro.
Imposible extraviar los pasos de la cuna.
Amar a Caracas: ganarle en pulso a la memoria.
Publicado en El Nacional, 11 de marzo de 2014
Zacarías Zafra
Llegamos a un país sin nombre
la tierra se mudó lejos de nosotros
todos se iban
pero insistíamos
en un largo sueño podíamos tocarnos
vinieron nuestras madres
nos trajeron ropa y viejas palabras
nos dijeron amantes, no vuelvan aquí
y desaparecieron
ahí vimos la muerte de nuestros pasos
el volumen huérfano de los cuerpos
un ritual anclado en el tacto
La tierra prometida
Gregory Zambrano
Después de la lluvia, camino lentamente
para esquivar a los transeúntes.
Los anuncios de neón son un paisaje borroso,
lejano y al mismo tiempo familiar.
Voy cargado de palabras nuevas y de preguntas viejas
que caen, irremediablemente, como el agua.
Ríos de nombres sonoros pasan bajo los puentes
de esta urbe que no me pertenece.
Atrás vienen otros caminantes, zumbando como abejas.
Llevan la prisa del compromiso puntual, sus dudas y quimeras.
Soy otro en medio del hormigón y los cristales,
otro que pasea su esqueleto, solo,
tratando de encontrar sentido a las palabras ajenas.
Rostros que pasan vertiginosamente,
manos que se agitan y se aferran a los papeles,
los teléfonos, los paraguas.
Sigo las miradas, también convertidas en paisaje.
Me busco en esos ojos palpitantes,
en las bocas que dicen palabras para otros.
Todos llevan prisa, pero yo sigo a paso lento
y esquivo los pequeños charcos que me reflejan.
Voy buscando, buscándome en estas calles ajenas,
ningún rostro conocido, nadie que aparezca de repente
con una sonrisa y una invitación casual:
vamos a tomarnos un café.
Solo hay fantasmas que soplan levemente.
Voy en ese aliento hacia aquellas tierras lejanas,
la tierra prometida, lejos del mar,
donde están enterrados mis sueños,
donde amanezco incesantemente, donde espero.
Tokio, 2019
Ely Rosa Zamora
Luz de mis sombras tristes
que embalsamada lloras
el eterno azul de tus
manos libres
Ven a mi lado a solas
en esta oscura hora
a cubrirme con tus cantos
que el descanso deplora
No hay más lo que no puedo
que solo un grito ruego
se ahogue en el consuelo
de mi manta herida
rosa
Canta, amor
no te detengas
que esta luz
que ahora ahuyentas
es de los mejores prados
donde el brillo se sustenta.
Del libro He sentido un gesto removerlo todo,
Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2019.
- Raquel Abend van Dalen(Caracas,1989). Magíster en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Nueva York (2014), es autora de los poemarios: La beata de las locas (Entropía Ediciones, 2019), Una trinitaria encendida (Sudaquia Editores, 2018) y Sobre las fábricas (Sudaquia Editores, 2014); de las novelas Cuarto azul (Kálathos Ediciones, 2017) y Andor (SubUrbano Ediciones, 2017); y coautora de Los días pasan y las formas regresan (Bid&Co. Editor, 2013). Editó las antologías La cajita cabrona (Editorial Cráter, 2016) y Los topos mecánicos (Editorial Ígneo, 2018). En el 2016 fue escritora residente en el programa para artistas en Camac Centre D’art, Francia. Actualmente, estudia el PhD Interdisciplinario en Escritura Creativa e Historia del Arte en la Universidad de Houston.
- Roislen Abreu. (Puerto Cabello, 1988). Graduada en Derecho. Cursó talleres con Armando Rojas Guardia y Eleonora Requena. Resultó finalista del II y IV Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. Participó en diversos festivales poéticos. Ha publicado las plaquetas “Invocando no invocar” (2011) y “Todo pasa” (2013) disponibles en internet junto a otros textos. Reside en Buenos Aires, Argentina.
- Santiago Acosta (San Francisco, Estados Unidos, 1983). Ganador del III Premio de Literatura “Ciudad y Naturaleza” José Emilio Pacheco 2018 con el poemario El próximo desierto. Ha publicado Cuaderno de otra parte, el fotolibro Mañana vendrán las piedras (en colaboración con el fotógrafo Efraín Vivas) y Detrás de los erizos. Fundador de la revista de poesía El Salmón (Premio Nacional del Libro, 2010). Reside en Estados Unidos.
- María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956). Entre sus libros de poesía se incluyen Un día más de lo invisible, 2019, El silencio El lugar, 2018, y El amor de los enfermos (Ca(z)a, Páramo solo y Las regiones del frío, 2018); y los libros de ensayo incluyen La poesía de San Juan de la Cruz, 2013, y Fino animal de sombra. De la antigua mística a la escritura urbana, Obtuvo la maestría y el doctorado en literatura en la University of Illinois at Urbana-Champaign, EEUU. Reside en Estados Unidos.
- Julieta Arella (Caracas,1990). Es Licenciada en Letras mención Historia del Arte por la Universidad de Los Andes. Cursa estudios de Periodismo en Montevideo. Ganadora del Concurso de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes (DAES). Ha publicados en páginas y revistas digitales como Cráneo de Pangea, El Club de la Serpiente, La Tribu, Digo.palabra.txt, LP5, entre otras. Participó en el Sarau das América en Sao Paulo y en clásicas rondas de poetas en Montevideo. Forma parte de las antologías IX Festival Mundial de Poesía (Ediciones Fundecem, 2012), Amanecimos sobre la palabra: antología de poesía joven y reciente venezolana (Team Poetero, 2016) y de la revista Alba Londres del Instituto Cervantes de Londres. Autora del poemario Galateica (2018) editado por la Poeteca de Caracas. Reside en Uruguay.
- Belkys Arredondo Olivo (Caracas, Venezuela). Poeta, periodista y editora, formó parte de talleres literarios del Celarg(Centro de estudios latinoamericano Rómulo Gallegos) y perteneció al grupo literario Ha publicado Sagita (1998), Abecedario roto (1999), De un grano de arena saldrá un pájaro (2001), Cóncavo (2005) A ras del vidrio, con el cual obtuvo el 1er Premio Latinoamericano José Rafael Pocaterra (2006), El llamado de los grillos (2010) y Cayenas (2016). Galardonada con la Medalla internacional de poesía Vicente Gerbasi 2012 otorgada por el Círculo de Escritores de Venezuela por su trayectoria. Vive entre Estados Unidos, México y Venezuela.
- Luis Eduardo Barraza (Zulia, Venezuela 1990). Poeta y Licenciado en Letras. Autor de Calamarius (Valencia-España, 2018), Los días arqueados (Caracas-Venezuela, 2017) y Solicardia (Maracaibo-Venezuela, 2016). Ganador del Premio de Literatura Experimental del Sporting Club Russafa y del Concurso Anual de Poesía Librería Lugar Común-Embajada de Italia. Es creador y director junto a reconocidos poetas de la Biblioteca Virtual Poesía Vzla. Reside en Colombia.
- Alberto Barrera Tyszka. (Caracas, 1960). Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la década de los 80 formó parte de los grupos poéticos Guaire y Tráfico. Con la novela La Enfermedad (2006) ganó el Premio Herralde de novela y en el 2015 obtuvo el Premio Tusquets con Patria o muerte. Ha publicado, además de otras novelas, libros de cuentos y crónicas periodísticas. Su obra poética está reunida en el volumen La inquietud (Caracas, 2013). Vive en México.
- Luís Ángel Barreto. (Maracaibo, 1979). Ha publicado los poemarios Arqueología de olores y Las máquinas simples, y su trabajo ha aparecido en antologías como En-Obra o Revista Poesía 153. Ha sido finalista en: I Bienal de Literatura Vicente Gerbasi, II Premio Internacional de Poesía Jovellanos, Ediciones Nobel, en Gijón, España, entre otros. Cursa el doctorado en Lenguas y Literaturas Románicas en la Universidad de Cincinnati, en Estados Unidos.
- Betina Barrios Ayala, (Barquisimeto, 1985). Cursa la maestría en Teoría y Gestión de la Cultura en la Universidad de San Andrés (Argentina, 2019). Licenciada en Estudios Políticos por la Universidad Central de Venezuela (2007). Tiene una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, 2015); donde su proyecto de grado ‘Octavio Paz: Precursor de la Diplomacia Cultural’ alcanzó Mención Publicación. Obtuvo una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016). Mantiene un blog literario desde 2011 llamado experienceparoles. En España publicó un ensayo llamado La India en Paz en la revista El Rapto de Europa (2016).Reside en Buenos Aires, Argentina.
- Luis Enrique Belmonte (Caracas, 1971). Ha publicado los siguientes libros: Cuando me da por caracol, Cuerpo bajo lámpara, Inútil Registro, Paso en falso, Salvar a los elefantes, Pasadizo, Compañero paciente, 40 consejos para un perro callejero. Algunos poemas suyos han sido traducidos al inglés, hangul, alemán, portugués, francés y libanés. Vive en España.
- Victoria Benarroch. Es educadora con estudios en psicología y psicoanálisis. Miembro de la Asociación de Escritores de Lengua Castellana de Israel (Aielc). Participó en el taller de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, 2001-2002) Poemas suyos acompañaron el trabajo de J. J. Castro en la exposición Apuntes para una retrospectiva 1954-2003, realizada en el Hotel Tamanaco Intercontinental de Caracas (Mes de la Fotografía, 2004). Antología Voces nuevas (2001-2002) del Celarg. Ha publicado los poemarios Entretejido (Editorial Eclepsidra, 2007). La memoria de los trenes (Eclepsidra,2015) y la segunda edición de Entretejido (Ediciones Grupo Tei). Reside en Panamá.
- Adriana Bertorelli (Caracas, 1968). Escritora y articulista. Colabora en medios impresos y digitales. Publicó el poemario Música de Rockola, (Criteria, 2005). Sus poemas han sido incluidos en Voces Nuevas, Celarg 2001-2002 yen 102 poetas – Jamming (Oscar Todtmann, 2015). Colaboró en la colección de historia de Vzla para niños Vivir la historia, de Santillana. Tiene textos en Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios (Colección Blackbird, Alfaguara, 2016) escribió el prólogo de Del Enebro, de los hermanos Grimm, Jekyll & Jill Editores, 2018. Vive en España.
- Graciela Bonnet (Argentina, 1958). Editora, dibujante, poeta. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Autora de En Caso de que Todo Falle, (Eclepsidra, 1997) y Libretas Doradas, Lápices de Carbón (Editorial Lector Cómplice, 2013). Ha participado en lecturas en dos Jazz Poetry Concert de Pittsburgh, en La fiesta de Yule, en la iglesia comunitaria de Northside, Pittsburgh, y en Cuentos para Niños, en la tienda de verano de City of Asylum. Vivió en Córdoba, Argentina, 18 años, en Caracas, Venezuela, durante 33 años, y 8 años en la ciudad de Pittsburgh, Pennsylvania. Actualmente vive en Houston, Estados Unidos, desde hace un año.
- Edmundo Bracho (Caracas, 1969). Escritor, periodista, académico. Autor de los libros de poesía Hospitalario (1997), La puerta de Leónidas (2000), Orilla revuelta (2003), Noir (2008), Noche sobre noche (2015), entre otros. Ha publicado libros de ensayo, entrevistas, e investigación académica. Es Doctor (PhD) en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Westminster, Londres. Ha sido jefe editorial del diario TalCual, director de la revista dominical del diario El Nacional, editor general de la revista cultural Veintiuno. Se desempeña como catedrático en la Universidad de Westminster.
- Cynthia Bustillos (Caracas, 1973). Pintora e ilustradora de libros para niños. Estudió arte en el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, egresada en la especialidad de pintura. Ha realizado talleres de poesía con Cecilia Ortiz, Edda Armas, Eugenio Montejo y Patricia Guzmán. Publicaciones de poesía: 102 Poetas. Jamming (Oscar Todtmann Editores, 2015, La hierba estremecida (Taller Editorial El Pez Soluble, 2011). Desde el patio del limonero. Antología de Talleristas. Taller Editorial el Pez Soluble, 2006. IG: @tintipannacci. Vive en Argentina.
- Chris Cabrera (Caracas, 1984). Sus poemas y crónicas han sido publicados en The Bodega Bruise Anthology (Brooklyn, 2017), Cien mujeres contra la violencia de género (Caracas, 2015), Revista Los Bárbaros (New York, 2015), 102 Poetas Jamming (Caracas, 2014) varias revistas y blogs literarios. Vive en Estados Unidos.
- Beatriz Calcaño (Caracas, 1956). Psicopedagoga y traductora. Ha participado en diversos talleres de escritura en prestigiosas instituciones de Venezuela. En 2008 se hizo acreedora del Premio del Concurso para Autores inéditos de Monte Ávila Editores, mención poesía, con el poemario Expediciones. Tiene otro poemario titulado Pequeños mandamientos (Caracas, 2012). Actualmente reside en Badalona, Barcelona, España.
- Leo Felipe Campos. (San Félix, Venezuela 1979). Autor de los libros de relatos El famoso caso de las cartas de Lucas Meneses (2009), Sexo en mi pueblo (Ediciones Puntocero, 2009) y Gancho al hígado (Tusquets Editores, 2018). Ha sido publicado en varias antologías de cuentos, poesía y crónicas periodísticas. Actualmente trabaja como guionista, editor y corrector de estilo. Vive en Bogotá, Colombia.
- Mariela Casal (Caracas, 1967). Poeta. Se expresa a través de la palabra y las artes integradas: ritual, caligrafía, vídeo-arte, instalación, canto, talleres… LA ROSA VIVA: mándala-montaña-origen (tierra-agua-fuego-aire-éter) reúne en círculo místico su obra entera, ciclo 1987-2017, desde su taller CASA SOLARIEGA, Montaña de Turgua, Venezuela. Instructora de su TALLER APRENDIZ: arte-naturaleza-espiritualidad. Youtube, canal: el oro viento del bambú mariela casal. Actualmente vive en España.
- Carlos Colmenares Gil (Los Teques, Venezuela 1986). Licenciado en Psicología por la Universidad Católica Andrés Bello, tiene una maestría en Filosofía y Crítica Teórica Contemporánea por la Kingston University. Actualmente cursa un doctorado en Literatura Comparada en la Universidad de California Irvine. Ganó el Premio de Literatura Stefania Mosca 2011, mención poesía; finalista del IV Concurso de Cuentos de la Policlínica Metropolitana, del Concurso de Cuentos SACVEN en dos ocasiones y una mención en el Concurso de Cuentos El Nacional. Ha publicado dos mil nueve (Fundarte, 2011) y Versiones de Martha (Ígneo, 2016). Vive en Estados Unidos.
- Laura Cracco (Barquisimeto, Venezuela 1960). Especialista en filología clásica, Universidad de los Andes, Venezuela y Universidad de Atenas, Grecia. Libros publicados: Mustia Memoria, ULA, Mérida, 1984, Venezuela. Diario de una Momia, Séptimo Sello, Maracaibo 1989, Venezuela. Safari Club, Monte Ávila, Caracas, 1993, Venezuela. Lenguas Viperinas, Bocas Chanel, Ediciones Torremozas, Madrid, 2009, España. El ojo del mandril, Colección Actual, 2014, Venezuela. África íntima, Kalathos, Madrid 2017, España. Vive en España.
- Andrea Crespo Madrid (Valencia, Venezuela 1995). Poeta, narradora y filóloga por la Universidad de Salamanca. Ha sido finalista en el III Concurso de Poesía Joven Rafael Cadenas (2018), también finalista en el Concurso «Al aire de tu vuelo» de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILUNI) de la Universidad Nacional Autónoma de México (2017) y ganó el tercer lugar en el XVII Certámen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Salamanca (2016). Actualmente vive en Lisboa. Tuétano es su primer libro.
- Odette da Silva (Caracas, 1978). Formada en Artes y Filosofía, es autora de los poemarios Escandinavia y otros destinos (Monte Ávila Editores, 2006), Contra el viento del norte (Equinoccio/Sudaquia, 2016) y Poemasbajos / NetherPoems (en prensa). Fue premiada en el IV Concurso para Obras de Autores Inéditos, obtuvo mención de honor en el I Premio de Poesía Eugenio Montejo, y fue finalista en el Premio de la Crítica 2017. www.odettedasilva.com, info@odettedasilva.com. Vive en Holanda.
- Oriette D’Angelo (Caracas, 1990). Actualmente cursa el MFA de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Iowa. Autora del poemario Cardiopatías (Monte Ávila Editores, 2016; Premio para Obras de Autores Inéditos, 2014). Seleccionó y prologó la antología de poesía venezolana Amanecimos sobre la palabra (Team Poetero Ediciones, 2017). Vive en Estados Unidos.
- Ana Lucía de Bastos (Caracas 1983). Graduada en Letras UCV y maestría en Literatura Portuguesa por la Universidade de Porto, vive actualmente en Catalunya donde trabaja como traductora literaria del portugués. Ha traducido a Fernando Pessoa, Mario Sá-Carneiro, Dulce María Cardoso y José Luis Peixoto entre otros. Tiene un libro de poemas publicado. Actualmente intenta escribir una novela mientras cría a sus dioscuros.
- Dinapiera Di Donato (Upata,1957). Libros: Colaterales/Collateral (USA, Akashic, 2013. Paz Poetry Prize, 2012), La Sorda (Maturín, ICUM, 2011), Libro de Rachid (Cumaná, FEES, 1996. Premio “Tomás Alfaro Calatrava” 1996), La sonrisa de Bernardo Atxaga (Upata, Predios, 1995.Premio “Alfredo Armas Alfonzo”1994), Noche connieve y amantes (Caracas, Fundarte, 1991. Premio X Bienal “José Antonio Ramos Sucre” 1990). Vive en Estados Unidos.
- Gabriela Durán Arnaudes (Caracas, 1985) Licenciada en Letras (UCV). Cursa la Maestría en Teatro y Cine de la Universidad de Buenos Aires. Directora de teatro y Social Media Manager. Algunos de sus poemas se publicaron en 102 poetas jamming (O.T Editores 2014), Cien mujeres contra la violencia de género (Fundavag 2015) y en la plaquette Ciudad Sueño (Severlarellat 2019). Vive en Argentina.
- Daniel Esparza (Caracas, 1978). Es licenciado en Historia del Arte por la Universidad Central de Venezuela. Obtuvo su primer master en filosofía en la Universidad Simón Bolívar (Caracas), donde trabajó como asistente académico del departamento de filosofía, y como co-editor de la Revista Venezolana de Filosofía. Obtuvo su segundo master en filosofía en la New School for Social Research (NY) y actualmente cursa estudios doctorales en el departamento de religión de la Universidad de Columbia (NY). Ha publicado artículos en Italia, España, y Venezuela, y sus contribuciones han sido incluidas en dos libros hasta ahora: A critical philosophy of law, peace and religion (Springer) y Perplexed Religion (Observatori Blanquerna). Reside en Estados Unidos.
- Cristina Falcón (Trujillo, Venezuela). Escritora de literatura infantil y poeta. Deja Venezuela a finales de los 80 y se establece en varias ciudades: Bolonia (1988), Granada (1992), Ibiza (1996), Cuenca (2003). En poesía ha publicado Premura sagrada (Caracas 1986), Memoria errante (Madrid, 2009) y Borrar el Paisaje (Madrid, 20014). Ha publicado en la revista literaria Barcarola (Albacete, España) y ha sido incluida en las antologías En-obra, poesía venezolana 1983-2008 (Equinoccio, Caracas, 2008), El corazón de Venezuela, patria y poesía (2009), y Ellas (2013). Vive en España.
- Karlina Fernández (Venezuela, 1983). Actriz, escritora y publicista. Ganadora del Poetry Slam Madrid de mayo del 2019. Una de sus crónicas fue publicada en el libro Siete sellos compilado por Gisela Kozac. Lleva un blog personal www.karlinatodasellas.com y se dedica a la producción, los monólogos cómicos y la escritura. Muestra de su poesía puede leerse en portales digitales como digo.palabra.txt. @Karlinakte. Vive en Madrid.
- Carmen Leonor Ferro (Caracas, 1962). Autora de El Viaje (Premio Monte Avila Editores para escritores inéditos, 2004), Acrobata (Raffaelli editore, 2011), In Congiuntivo (Raffaelli editore, 2016) y Precari (Ensemble edizioni, 2019). Traductora de poetas y narradores italianos. Ha publicado versiones de Ungaretti, Sandro Penna, Antonia Pozzi, Claudio Damiani y Analisa Manstretta. Las antologías Fronteras Permeables, 11 narradores italianos contemporáneos (bid& co. editor, 2014) y Náufragos y Novísimos, Ultima poesia cilena (Elliot Edizioni, 2017) estuvieron a su cargo. Vive en Italia.
- Dayana Fraile (Puerto La Cruz, Venezuela, 1985). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Obtuvo una maestría en “Hispanic Languages and Literatures” en University of Pittsburgh. Su libro de cuentos Granizo (2011) recibió el Primer Premio de la I Bienal de Literatura Julián Padrón. Su cuento “Evocación y elogio de Federico Alvarado Muñoz a tres años de su muerte” (2012), recibió el Primer Premio del concurso “Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores”. Escritos de su autoría han sido incluidos en distintas muestras de narrativa venezolana como, por ejemplo, en la Antología del cuento venezolano de la primera década del siglo XXI, editado por Alfaguara, y el dossier de narradores venezolanos del siglo XXI editado por Miguel Gomes y Julio Ortega, publicado en INTI, Revista de literatura hispánica. Vive en Estados Unidos.
- Flora Francola (Venezuela, 1988). Licenciada en Artes Visuales de la Universidad Cecilio Acosta. Asiste a seminarios en torno a gestión cultural, análisis plástico, vanguardias latinoamericanas en instituciones como MACZUL, Centro de Bellas Artes, ULA Táchira y Mérida (Venezuela) y Fundación Proa y MALBA, Buenos Aires. Colabora con medios web como Revista Muu y Acracia Pour Les Porcs. Sus poemas han sido publicados en digopalabra.tx, triadae magazine, la rabia del axolotl y Babélicas. Vive en Argentina.
- Enza García Arreaza (Puerto La Cruz, Venezuela 1987). Narradora y poeta. Autora de Plegarias para un zorro (2012) y El animal intacto (2015), entre otros. En 2017 fue participante en el International Writing Program de la Universidad de Iowa. Desde 2018 reside en Providence donde es escritora residente de la Universidad de Brown. Vive en Estados Unidos.
- Manuel Gerardi (Caracas, 1992). Estudió Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Autor de: Corteza y Hojarasca (2017) y Zamuria (2018). Tercer lugar del IV Concurso Anual de Poesía Joven “Rafael Cadenas” (2019). Bronce en el Primer Concurso de Poesía “Rostros” (2018). Publicado en las antologías de la 1ra, 3ra y 4rta edición del CADPJ Rafael Cadenas (2016, 2018 y 2019). Vive en España.
- Leonardo González Alcalá (Caracas, 1987). Poeta, guitarrista clásico y abogado. En el año 2007, el poemario El país de los muertos obtiene el Premio de la XII Bienal Francisco Lazo Martí del Ateneo de Calabozo. Ha publicado El país de los muertos (2011, 2da. edición Grupo Editorial Eclepsidra), y Gesto quebrado (2011, Editorial Equinoccio). Es coautor de la antología poética El ojo errante (2009, Editorial El pez soluble).
- Sonia González (Caracas, 1964). Poeta, titiritera, directora de teatro y dramaturga. Licenciada en Letras, Universidad Central de Venezuela. Ha publicado varios libros, entre los que es autora de los poemarios: De un mismo pájaro lanzada (Caracas, Celarg, 1983) Premio de poesía Fernando Paz Castillo, 1982; Nadie en la madera (Caracas, Fundarte, 1991); Oficios (Caracas, El Pez Soluble, 2000); Frágiles Sistemas (Caracas, Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, 2011). Vive en México.
- Cristina Gutiérrez Leal (Coro, 1988). Es profesora de literatura y escribe poesía. Ganadora del XX Concurso Nacional de Poesía José Antonio Ramos Sucre (2015) y del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016). Autora del poemario Estatua de sal. Vive en Brasil.
- Geraldine Gutiérrez-Wienken (Ciudad Guayana, 1966). Estudió Odontología en la UCV, Caracas. Doctora en Filología Alemana y Magister en Ciencias de la Literatura y Sociología por la Universidad Heidelberg. Fundadora de la editorial “hochroth Heidelberg”. Publicaciones recientes: Hilde Domin: “Canciones para dar aliento” (Llantén, 2018) y Rafael Cadenas: “Klagelieder im Gepäck” (parasitenpresse, 2018, co-traducción al alemán con Marcus Roloff). Vive en Heidelberg, Alemania.
- Nidia Hernández (Caracas, 1957). Poeta, traductora de poetas portugueses, editora, animadora cultural, curadora de: www.lamajadesnuda.com. Premio; Lo mejor de Punto.com, 2005. Premio World Summit Awards; Cultura y Herencia 2007 (capítulo Venezuela). Premio Internacional; WSA. World Summit Awards, 2011. Categoría: Culture and Heritage. Conductora del Programa radial de Poesía; La Maja Desnuda; Premio Bienal de Radio Aquiles Cortina, 1998, con más de 1.596 emisiones, que comenzó en 1988 en La Emisora Cultural de Caracas 97.7 FM y que actualmente se transmite por UPV Radio 102.5 FM en Valencia, España y en BermudaFunk; Mannheim, Alemania. Autora del poemario El viaje del fotón (Monte Ávila Editores, 2013) Vive en Estados Unidos.
- Ruth Hernández Boscán (1970). Psicólogo, Psicoanalista. Libros publicados: A pasos cortos (2005), Ex (2007), Gramática de piedras (2011).Premio Monte Ávila de Poesía para Autores Inéditos (2005). Finalista del Premio Italia para la poesía en el Certamen Mediterráneo y Caribe (2007). Mención Honorífica en la XVII Edición del Premio de Poesía “Fernando Paz Castillo”. Mención Honorífica en la Bienal Venezolana de Literatura 2006-2008, “José Rafael Pocaterra”. Presencia en diversas antologías: Antología de Poesía Joven Venezolana. Edición bilingüe traducida al árabe por Nadia Záfer Chaabán (2009), El Ojo Errante. Caracas (2010). VI Premio Nacional de Libro (CENAL), Poetas venezolanos contemporáneos. Colección Los Conjurados. Común Presencia Editores. Bogotá (2014), 102 poetas – Jamming. Oscar Todtmann editores Caracas (2014). Vive en Buenos Aires, Argentina.
- Alfredo Herrera (Caracas, 1962). Poeta y artista plástico. Integró a los talleres de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Autor de los poemarios Cinco árboles (Caracas, 1998); El parque (Caracas, 1999); La tarde alcanzada, edición bilingüe español-sueco (Lund, 2004) Parete, edición bilingüe español-italiano,(2011),Remanentes (2011) En 1998 recibió el premio de poesía Fernando Paz Castillo y en 2003 ganó el Concurso Internacional de Poesía Heterogénesis en Lund, Suecia. Reside en México.
- Verónica Jaffé (Caracas, 1957). PhD en literatura alemana en Munich, Alemania, docente en distintas universidades venezolanas e internacionales, editora de revistas y de libros, artista plástica. Ha publicado ensayos sobre literatura venezolana además de las traducciones y poemarios El arte de la pérdida (1991), El largo viaje a casa (1994), La versión de Ismena (2000), Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 (2010), Friedrich Hölderlin: Himnos hespéricos. Según la edición histórico-critica de D.E.Sattler.Traducción y versiones libres (en lienzos y poemas) de Verónica Jaffé (2016),De la metáfora, fluida (2019). Vive en España.
- Sandy Juhasz (Caracas, 1962). Publicó recientemente “La corteza no basta”, por O.T. Editores. También autora de “Venezuela desde un azul intenso”, editado por Armitano. Participó de “102 poetas Jamming”, publicado por O.T. Editores. Tallerista de Edda Armas y Armando Rojas Guardia. Es también actriz, guionista y productora de radio y televisión. Vive en Hungría.
- Carlos Katan (Caracas 1992). Licenciado en Filosofía (Universidad Central de Venezuela). Finalista en el III Premio de poesía joven Rafael Cadenas. Sus textos aparecen en diferentes medios digitales e impresos. Ganador del III Concurso de Poesía Lugar Común. Vive en España.
- Juan Luis Landaeta(Caracas, 1988). Poeta y artista plástico. Es abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello en 2012. En 2009 recibió una Mención de Honor en el III Premio Nacional Universitario de Literatura por el libro Destino del Viento y en 2011 una mención especial en el I Premio Nacional de Poesía Eugenio Montejo por el libro La conocida herencia de las formas. Cursó la Maestría de Escritura Creativa en Español en New York University y es Editor Asociado de ViceVersa Magazine.
- María Gabriela Lovera (Caracas, Venezuela, 1972). Periodista graduada en la Universidad Católica Andrés Bello, poeta. Publicaciones: Duendes caseros, EDAF, Madrid, 2016; los poemarios: Desvelos, Ediciones Amargord, Madrid, 2012; Sabia Vida Savia: manual de irrealismo pragmático, Ediciones Amargord, Madrid, 2008; Y de la noche tanto, Editorial 50 de 50, Caracas, 2004; Por debajo del viento, editorial El Pez Soluble, Caracas, 2000. Ha sido incluida en varias antologías de poesía venezolana. Algunos de sus poemas han aparecido en revistas electrónicas y en papel, tanto en Venezuela como en España. Web:http://mglescritura.blogspot.com/. Vive en Madrid, España.
- Nérvinson Machado (Caracas, 1976). Poeta y editor. Ha publicado: el libro de los muertos o caminos de noches insomnes, Dub-Sar: la angustia de Gilgamesh por la muerte de la escritura, La noche latinoamericana y Umbilical. Fue cofundador del proyecto editorial Regia Cartonera. Es editor de las revistas: Vanguardia Educativa y Conexión RH. Vive en México.
- Jason Maldonado (Caracas, 1973). Aparece en la II antología de cuentos postmodernistas (Editorial NsB 2014); antología 102 poetas jamming (Oscar Todtmann Editores, 2015). Es autor de Lunar de viento (poesía), Editorial Lector Cómplice, 2013; Verde que me muero (novela), FB Libros, 2013. El poemario Bestiario mecánico del exilio, recibió mención especial en el IV Premio Nacional de Literatura Stefanía Mosca, 2013. Su más reciente publicación es Doce hombres a caballo (relatos), FB Libros 2019. Vive en Chile.
- Iola Mares. (San Cristóbal, Venezuela, 1970) Licenciada en Letras, UCV y Magister en Filosofía de la Universidad Simón Bolívar. Investigadora y Docente universitaria en cine y estética de las imágenes. Parque de diversiones (2006) primer poemario. Participó en antologías En Obra, 2008 de Gina Saraceni, y en Cien mujeres contra la violencia de género, 2015. Reside en España.
- Acuarela Martínez. (La Habana, 1970) Venezolana.TSU Publicidad y Mercadeo. Ganadora del VII Concurso para Obras de Autores Inéditos 2009 de Monte Ávila Editores, mención Poesía, con el Poemario “Incluso cuando nada digo”. Segunda Mención I Certamen Internacional de Poesía Luis Alberto Ambroggio2017, Hispanic Heritage Literature Organization, poemario: “Breviario ilícito”. Su poesía está representada en diversas antologías. Twitter e Instagram: @acuarela004. Blog: www.acuaspace.blogspot.com. Vive en Argentina.
- Kelly Martínez-Grandal (La Habana, 1980). Emigró a Venezuela en 1993, donde vivió por veinte años. En el 2017 publicó Medulla Oblongata (CAAW Ediciones). Su segundo poemario, Zugunruhe, está actualmente en proceso de edición con The Operating System y será publicado en el 2020. Vive en Miami.
- Rubén Martínez Santana (Caracas, 1964). Escritor, narrador oral, compositor y hombre de teatro. Premio de Dramaturgia Ambiental (1990), Premio Municipal de Teatro (1991), Premio Teatro Infantil Nacional (1992), Premio Nacional de Narrativa Breve (1995), Premio Nacional de Cuentos para Niños (1998), Premio Nacional de Texto Informativo para Niños (1998), Premio de Dramaturgia Infantil Aquiles Nazoa (1998), Premio XI Concurso de Dramaturgia de la Universidad Central de Venezuela (2017). Ha publicado varios libros de dramaturgia, poesía y cuentos. Vive en Barcelona, España.
- Jorge Andrés Medina (Caracas, 1989). Ha participado en diferentes encuentros y recitales de poesía en la ciudad de Caracas, incluyendo el Jamming Poético del Ateneo de Caracas y publicado poemas en diversos espacios, como El Papel Literario de El Nacional. Resultó ganador de un accésit en la 48º Feria del libro de Alicante y publicado en las antologías Relatos Urbanos 2017 y 2018 por la Editorial ECU. Vive en España.
- Néstor Mendoza (Mariara, Venezuela, 1985). Licenciado en Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura (Universidad de Carabobo). Ha publicado tres poemarios: Andamios (Equinoccio, Caracas, 2012), merecedor del IV Premio Nacional Universitario de Literatura 2011; Pasajero (Dcir Ediciones, Caracas, 2015) y Ojiva (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019). Finalista del I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas» 2016. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, alemán e italiano. Vive en Colombia.
- Corina Michelena (Caracas, 1957). Merecedora del Premio Internacional de Poesía XIV Bienal José Antonio Ramos Sucre, 2002 con el poemario Honra de Sierva. Su obra literaria le ha valido otros reconocimientos internacionales de primer orden. En 2004 recibe una beca a Moscú otorgada por la Fundación Shlageter. Actualmente es profesora de español en el Instituto Cervantes de esa ciudad. Vive en Rusia.
- Diana Moncada (Caracas, Venezuela 1989). Poeta y periodista cultural venezolana. Autora del poemarioCuerpo crepuscular, que resultó ganador en el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila en el 2013. Prologuista del libro de entrevistas literarias Al filo de Miyó Vestrini, del sello editorial Letra Muerta. En 2016 ganó una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas». Su trabajo periodístico ha sido publicado en diferentes medios de comunicación venezolanos y sus poemas en diversas revistas y plataformas literarias. Actualmente, reside en la ciudad de Lima en Perú.
- Ricardo Montiel (Maracaibo, 1982). Es autor de Ciudad blanca sobre fondo blanco (Ediciones del Movimiento, 2015) y Agonía de los días terrestres (Caleta Olivia – Rangún, 2018). Ha colaborado para medios impresos y digitales de Argentina, Costa Rica, España, México, Colombia y Venezuela. Coedita la revista digital Merece una reseña, y vive actualmente en Buenos Aires.
- Jesús Montoya (Mérida, Venezuela, 1993). Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes. Ha publicado Las noches de mis años (Monte Ávila Editores, 2016, Premio de Obras para Autores Inéditos), y Hay un sitio detrás de los incendios (Valparaíso Ediciones, 2017, I Premio Hispanoamericano de Poesía “Francisco Ruiz Udiel”). Su libro Rua São Paulo fue merecedor del II Premio Franco-Venezolano a la Joven Vocación Literaria. Actualmente cursa una maestría en Estudios Literarios en la Universidad Federal de São Carlos en Brasil. Reside en Brasil.
- Kira Morales (Caracas,1972). Profesora de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura. Durante más de 10 años fue profesora de la Universidad Simón Bolívar y el Colegio Integral el Ávila en Caracas. Participó en el taller Voces nuevas en el año 2005 y ha publicado sus poemas en distintas antologías y en distintos medios impresos como el diario Tal Cual en Venezuela y la revista Áurea en España. Desde febrero de 2017 vive en Piura – Perú.
- Virginia Moreno Goitia (Puerto Cabello, 1994). Licda en Educación, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Ha participado en diversos talleres de creación poética en el Departamento de Literatura de la UC. Textos suyos han sido publicados en revistas digitales como Digopalabra, POESIA y La Caída. Participó en el I Encuentro de Poetas Jóvenes de Venezuela. Autora del libro Retorno (NSB, 2016). Vive en Portugal.
- Clared Navarro Cejas (Valencia, 1992). Poeta. Profesional en Estudios Literarios. Poemas suyos han sido publicados en las antologías Antología de jóvenes voces (III Concurso Rafael Cadenas, 2018) y Lyrik Aus Venezuela (Hochroth Heidelberg, 2018), entre otras, así como también en diversas publicaciones periódicas. Ha dirigido las revistas literarias La Tuna de Oro y La Caída. Actualmente reside en la ciudad de Barcelona, España.
- Linsabel Noguera (Valencia, Venezuela, 1968). Poeta, narradora oral. Comunicadora social, por la Universidad Central de Venezuela. Finalizó el Máster en Libros para niños y jóvenes por la Universidad Autónoma de Barcelona. Especialista en acompañamiento lúdico bibliotecario en poblaciones de riesgo, disciplina positiva y fomento a la lectura. Autora del manual Jugando entre libros, leer y crear para convivir (Fundación Empresas Polar, 2015) y del poemario Poética doméstica (Monte Ávila Editores Latinoamericana. 2010). Directora de ong La rana encantada, organización dedicada al fomento del libro, la lectura y creación de espacios para la formación lúdica en ciudadanía y cultura de paz. Actualmente es librera y lleva la programación de Tres Paraguas librería, en Barcelona.
- Claudia Noguera Penso (Caracas, 1963). Escritora y ensayista Ha publicado los libros Nada que ver(1986), Último trecho (1998), El viaje (2001), Caracas mortal (2015) y Bajo infinito (2017).Poemas, crónicas, reseñas entrevistas y traducciones han sido publicadas en antologías, periódicos, revistas y portales en Venezuela, Colombia, Estados Unidos, Argentina, Chile, Uruguay, España y Italia. Su libro Último trecho obtuvo mención honorífica en la VII Bienal Literaria “Francisco Lazo Martí” (1997).Desde el 2016 vive en el Sur de la Florida. Web:claudianoguerausa.wixsite.com/writer. Instagram: claudianoguerawriter
- Maria Celina Núñez (Madrid 1963). Magister en Literatura Latinoamericana. Es autora de dos libros de cuentos y un breve poemario. Abandonó Venezuela en 2017. Tras un tránsito en Santo Domingo (RD), vive en Buenos Aires desde 2018.
- Daniel Oliveros (Valencia, Venezuela, 1991). Poeta, editor y traductor. Licenciado en Educación Mención Inglés por la Universidad de Carabobo. Actualmente es miembro del Comité de redacción de la revista POESIA, Universidad de Carabobo en su versión impresa y digital. Fue ganador de la Mención Honorífica en el V Premio Nacional Universitario de Literatura mención Poesía en 2014. Vive en Argentina
- Leonardo Padrón (Caracas, 1959). Poeta, cronista, guionista de cine y televisión, ensayista. Ha publicado los poemarios: La Orilla Encendida (1985), Balada (1993), Tatuaje (2008), Boulevard (2002), El Amor Tóxico (2005), Los Materiales Humanos (Antología, 2010) Métodos de la Lluvia (2011), Contracanto: Poesía Reunida (2017). Los libros de crónica Kilómetro Cero”(2013) , Se Busca un País (2015), Crónicas de la Vigilia (1990).Ganador del Premio Poesía UCAB (1985) , Premio Fundarte Ensayo (1990), Premio Municipal de Cine (2000), Premio ANAC de Cine (2000), Premio Cecodap (2011) Vive en Estados Unidos
- Luis Pérez Oramas, (Caracas, 1960). Ha publicado Salmos y Boleros de la Casa (Premio Monte Ávila Editores 1983, Monte Avila, Caracas, 1986), La Gana Breve (Fondo Editorial La Pequeña Venecia, Caracas, 1991), Doble siesta (Sixtus Editions, Limoges, 1994), Gacelas y otros poemas (Editorial Goliardos, Caracas, 1999), Prisionero del Aire y La dulce astilla (Editorial Pre-textos, Valencia, 2015) Vive en Estados Unidos.
- Beverly Pérez Rego (Halifax, Canadá 1957). Poeta y traductora. Es autora de cinco volúmenes de poesía, Artes del vidrio (1992), Libro de cetrería (1994), Providencia (1998), Grimorio (2002) y Escurana (2004); recogido en 2006 como Poesía reunida. Sus poemas han aparecido en numerosas antologías, y sus publicaciones también incluyen traducciones de Louise Glück (2009), Anne Waldman (1997), Clara Sabater (2016) y Mark Strand (2011). Pérez Rego recibió el Premio Literario Bienal de Poesía Rafael Bolívar Coronado y el Premio de Poesía Elías David Curiel, fue Becaria de Poesía en la Ciudad de Asylum de Pittsburgh y el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa, donde más tarde obtuvo un MFA en español y un MFA en Traducción. Vive en Estados Unidos.
- Luis Javier Pisonero (Caracas, 1988). Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y realizó un Master de Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó como escritor y editor para la revista digital de cultura contemporánea Borrador y ha publicado cuentos y poemas en diversas antologías. Actualmente reside en Madrid, donde trabaja también como guionista, director y productor de cine.
- Leopoldo Plaz Alemán. (Caracas, 1976). Reside desde 2015 en Montevideo. Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela, título revalidado por la Universidad de la República (Uruguay, 2019). Se desempeñó como profesor en universidades venezolanas (UCV, USB, UDO) y es autor del poemario Rimados y arrimados (Nueva Esparta, 2010).
- José Pulido. (Venezuela, 1945). Poeta, escritor y periodista, ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Ha sido reconocido con el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos (2000), y el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta (1989). Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales y encuentros poéticos en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España, y Génova. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas en la Serie José Pulido pregunta. Vive en Génova, Italia.
- Georgina Ramírez (Caracas 1972). Creadora y directora de la A.C. La parada poética. Autora de: Piel de Durazno (plaquete de poesía) Taller Editorial El pez soluble, Lo que calla la noche, Ediciones del movimiento. Daño oculto, Oscar Todtmann editores. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías poéticas. Vive en Chile.
- Dulce María Ramos. Periodista y escritora hispano – venezolana de literatura, cine y cultura. Licenciada en Letras, con estudios de maestría en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). SU trabajo está incluido en las antologías Cien mujeres contra la violencia de género Fundavag (Caracas, 2015) y La desconocida que soy: diarios íntimos, Editorial Índigo (España, 2018). Estuvo invitada en la V Semana de la Nueva Narrativa Urbana (2010) y es participante habitual en coloquios y charlas en ferias del libro de Venezuela y Colombia. Actualmente escribe para El Universal (Venezuela) y el suplemento El Dominical del diario El Comercio (Perú). Desde el año 2017, vive en Bogotá, Colombia.
- Erika Reginato (Caracas, 1977). Poeta ítalo-venezolana, ensayista y traductora. Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Publicó los libros de poesía en Venezuela: Día de San José, (1999), Campo Croce. Antología poética 1999-2008 2008) y el ensayo: Cuatro estaciones para Ungaretti (2004). Ha publicado en Italia Campocroce (2008), Gli Eletti (Los Elegidos, 2013) y Giorno di San Giuseppe. Su poesía fue reconocida con el 40º Premio Internacional “Ciudad di Marineo”, Obra extranjera, Italia. En Madrid publicó: En la costa de cacao (Sulla Costa di cacao, Kalathos, 2018). Vive en Italia.
- Eleonora Requena (Caracas, 1968). Ha publicado los poemarios Sed (1998), Mandados (2000), Es de día (2004), La Noche y sus agüeros (2007), Ética de aire (2008), y Nido de tordo (2015). Obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía “José Rafael Pocaterra”, y el Premio Italia 2007 para la Poesía en el Certamen “Mediterráneo y Caribe”, Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y estudios críticos en Venezuela, España, Chile, Colombia, Estados Unidos, Perú y República Dominicana. Vive en Argentina.
- Álida Ribbi (Tánger, 1952). Bioquímica de formación y consultora gerencial, asume la poesía como medio de reflexión y búsqueda personal. Fue finalista del certamen “Mediterráneo y Caribe” (Instituto Italiano de Cultura, 2007) y el Concurso Internacional de Microficción “Garzón Céspedes” (2007). Ha publicado Cuerpo Sutil (Ed. autor, 2004), Arborescente (El Pez Soluble, 2007) y Surgen animales (Ed. autor, 2009). Vive en Chile.
- Camila Ríos Armas (Caracas 1989). Licenciada en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana y maestría en Desarrollo Internacional en SciencesPo Paris. En 2005 participó en el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, de Monte Ávila Editores. Forma parte de la antología El patio del limonero (El Pez Soluble), Joven Poesía Venezolana –edición bilingue español-árabe (El Perro y la Rana) y Cien mujeres contra la violencia de género (Fundavag Ediciones). En 2007 ganó con Muralla Intermedia la mención honorífica del II Premio Nacional Universitario de Literatura, convocado por la Comisión Permanente de Directores de Cultura de las universidades venezolanas, publicado posteriormente, en 2008, por la Editorial Equinoccio, titulado Ecos.(2012). Vive en Francia.
- Virginia Riquelme (Caracas, 1983). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela y magíster en Edición por la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus poemas han aparecido en la revista de poesía El Salmón, y en las antologías Cien mujeres contra la violencia de género y 101 poetas en jamming. Desde 2017 reside en Barcelona, España.
- Jhon Rivera Strédel. (Venezuela, 1992). Poeta. Participó en el comité de redacción de la Revista La Tuna de Oro del Departamento de Literatura de la UC. En 2017 Obtuvo el VI Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo» en la Mención Poesía con el poemario Savia al Mundo. Ha publicado el poemario Savia al Mundo ( Dcir Ediciones, 2018). Reside en Guamal, Magdalena, Colombia.
- Sofía Rodríguez Meza. (Caracas, Venezuela 1991). Nutricionista de profesión. Poeta. Ha publicado Cuatro Letras Editorial Eclepsidra, 2018. El día siguiente del bautizo de su libro se fui a vivir a Madrid.
- Jairo Rojas Rojas (Mérida, Venezuela, 1980). Ha publicado los libros de poesía Pasear lunático (2018), Los plegamientos del agua (2014), La O azul (2013) y La Rendija de la puerta (2012) y ha sido galardonado, entre otros, con los premios: XIX Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (2013) y la XX edición del premio de poesía Fernando Paz Castillo (2014). Actualmente vive en Montevideo, Uruguay.
- Alexis Romero (Venezuela, 1966). Licenciado en Ciencias Pedagógicas. Profesor Universitario de Ética, Filosofía de la Educación, Gestión del conocimiento y Teoría de la Argumentación. Premio Internacional de Poesía XIII Bienal José Antonio Ramos Sucre, 2000). Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, alemán, italiano y coreano. Vive en Argentina.
- Diego Salinas (Caracas, 1991). Poeta, ha publicado historias y poemas en las siguientes publicaciones: Scar / City -Young Adult Review Network, II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2017, IV Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2019. Vive en Córdoba, Argentina con su novia y tres gatos.
- Fedosy Santaella (Puerto Cabello, Venezuela 1970). Ha publicado con editoriales como Alfaguara, Ediciones B y Pre-Textos (España). En 2009 fue becario del programa internacional de escritura de la Universidad de Iowa. En 2010 quedó entre los diez finalistas del Premio Cosecha Eñe de España. En 2013 ganó el concurso de cuentos de El Nacional (Venezuela). Ese mismo año estuvo entre los nueve finalistas del premio de novela Herralde. En 2016 se hizo acreedor del premio internacional Novela Corta Ciudad de Barbastro. En 2017 obtuvo mención de honor en poesía en la I Bienal Eugenio Montejo (Venezuela). Publicó el poemario Tatuajes criminales rusos en 2018. Vive en México.
- Gina Saraceni (Caracas, Venezuela 1966) Investigadora, crítica literaria, traductora y poeta, es egresada de la Universitá degli Studi de Bologna, Italia (1990); magíster en Literatura Latinoamericana (1994) y doctora en Letras (2001) por la Universidad Simón Bolívar.Con el poemario Entre objetos respirando, gana en 1995 el Concurso de Poesía “Víctor José Cedillo”; con Salobre, la Bienal de Coro “Elías David Curiel”, mención Poesía 2001, y con Casa de pisar duro el XI Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2011). Es autora de las antologías El verde más oculto (2002), del poeta mexicano Fabio Morábito, y de En-obra. Antología de la poesía venezolana (1983-2008). Reside en Colombia.
- Isa Saturno. (Barquisimeto, Venezuela 1987). Se licenció en Letras. Además de escribir poesía e historias para niños y adultos, colabora en revistas especializadas como «Arepa» o «Pez Linterna», es miembro del comité evaluador del Banco del Libro y tiene una editorial independiente llamada Barco de Piedra. Ha publicado el libro infantil Conejo y Conejo, Ediciones Ekaré. Obtuvo el 3er. Lugar en el Premio de Poesía Joven Rafael Cadenas, 2018. Vive en Estados Unidos.
- César Segovia (Caracas, 1977). Licenciado en Letras (UCV, 2002). Ha publicado Caracas siempre nueva. Breve antología de crónicas de Caracas. (Caracas:,Magenta Ediciones, 2006); Eso lo sé (Caracas, Cooperativa Editorial Lugar Común, 2012), Próximo Tren (Caracas, Editorial Libros del Fuego, 2014), Radar (Caracas, Editorial Planeta Venezolana, colección infantil, 2015) y Fuselajes (Editorial Libros del Fuego, 2019 [en producción]).Vive en Estados Unidos.
- Betsimar Sepúlveda (Venezuela,1974). Poeta, cronista y fotógrafa. Tiene cuatro libros publicados. Parte de su obra aparece en antologías en México, Colombia, Venezuela, Perú y España. Ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, portugués, italiano y árabe. Imparte talleres de escritura creativa en el centro cultural Comfandi y Promédico. Dirige el programa Poesía en la esquina del teatro Esquina latina de Cali. Conduce el programa Entre libros, arte y cultura de la televisora de la Universidad del Valle. Desarrolla trabajo con comunidades en materia de reconstrucción de la memoria colectiva a partir de la escritura creativa. Reside en Colombia.
- Claudia Sierich (Caracas, 1963). Actualmente hace vida en Berlín. Obtiene el 1er Premio del Concurso de Poesía de la USB en 1999. Su poemario Imposible de Lugar (Monte Ávila Ed., 2008) gana el Premio Poesía Autores Inéditos Monte Ávila y la Mención Honorífica del Premio de Poesía Municipal (2010). Publica dicha la dádiva (Equinoccio, 2012) y Sombra de Paraíso (ot editores, 2015). www.claudiasierich.com
- Leonora Simonovis (Caracas, 1974). Escritora y crítica, es profesora de español y literatura latinoamericana y caribeña en la Universidad de San Diego, California. Coeditó un volumen de ensayos sobre cultura venezolana contemporánea (2013) y dos de sus cuentos breves fueron recientemente publicados en España. Su poesía en inglés y en español, fue editada en The American Journal of Poetry, Poets Reading the Newsand Fron/tera, Roar, Literature and Revolution by Feminist People, Tiferet and the 2018 Cosmographia anthology.
- Blanca Strepponi (Buenos Aires, 1952). Escritora y editora venezolana. Ha publicado: Crónicas Budistas (2016) Premio de la Crítica mención Poesía,Poemas visibles (1988), Diario de John Roberton (1990), El jardín del verdugo (1992), Las vacas (1995). También, Balada de la revelación (2004), Birmanos (teatro, 1991), El médico chino (narrativa, 1999) y Fabuloso y Ricota (cuento ilustrado, 2001). Cofundadora y miembro del Comité Editor del Fondo Editorial Pequeña Venecia en Venezuela, creadora y gerente editorial de Los Libros de El Nacional. Su obra ha merecido los siguientes premios literarios: Premio de Dramaturgia de la Bienal Ramos Sucre, Premio de Poesía Casa de la Cultura de Maracay y el Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonzo. Actualmente reside en Buenos Aires.
- Alejandro Suárez Atencio (Caracas, 1974). Publicó el poemario Canción del Difunto, en 1999, bajo el sello editorial Eclepsidra. Obtuvo Mención Honorífica en el Primer Concurso Nacional de Poesía para Liceístas, organizado por la Casa de la Poesía Pérez Bonalde, en 1992. Como vocalista y bajista de la banda Cerouno, editó el álbum Atari Amor, en 2007. Vive en Chile.
- Mariana Libertad Suárez (Caracas (1974). Poeta, narradora y ensayista. Entre sus libros como investigadora destacan: La loca inconfirmable: apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (Premio literario Casa de las Américas- categoría Estudios sobre la mujer, 2014); y Éramos muchas: mujeres que narraron la Revolución mexicana (Mención honrosa en el X Certamen internacional de literatura Sor Juana Inés de la Cruz, 2019). Actualmente reside en Lima y trabaja en la PUCP.
- Keila Vall. (Caracas, 1974). Autora de la novela Los días animales (2016), premiada en la categoría Mejor Novela International Latino Book Awards 2018, los libros de cuentos Ana no duerme (2007) finalista como Mejor Libro de Cuentos en el en el Concurso Nacional de Autores Inéditos Monte Ávila Editores, y Ana no duerme y otros cuentos (2016). Publicó el poemario Viaje legado (2016) y el texto crítico bilingue Antolín Sánchez, discurso en movimiento: del pixel, al cuadro, a la secuencia (2016). Antóloga de la compilación americana bilingüe Entre el aliento y el precipicio. Poéticas sobre la belleza (in press), y co-editora de la Antología 102 Poetas en Jamming (2014).Vive en Estados Unidos.
- Gustavo Valle (Caracas, 1967). Es autor de los libros Materia de otro mundo, La paradoja de Itaca, Ciudad imaginaria, Bajo tierra, El país del escritor y Ha obtenido dos veces el premio de la Crítica, el premio de novela Adriano González León y el premio transgenérico de la Fundación de la Cultura Urbana. Vive en Buenos Aires..
- Lena Yau (Caracas, 1968). Es narradora, poeta, periodista e investigadora. Licenciada en Letras y Master en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello. Asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía(Instituto Cervantes, 2011). Poemarios: Trae tu espalda para hacer mi mesa (Gravitaciones, 2015), Lo que contó la mujer canalla (Kalathos, 2016), y Bonnie Parker o la posibilidad de un árbol (Utopía portátil, 2018); en narrativa la novela Hormigas en la lengua (Sudaquia, 2015) y relatos Bienmesabes (2018). Sus cuentos y poemas han figurado en antologías (Fundavag, Mantis y Pre-textos). Reside en Madrid. Instagram: Lenayau68Twitter: @LenaYau
- Zakarías Zafra (Barquisimeto, Venezuela 1987). Autor de libros de poesía y narrativa breve. Textos suyos han sido publicados en Letras Libres, Qué Leer, Ficción Breve y Clímax, e incluidos en revistas como Viceversa Magazine, Estampas, Letralia, y Verbigracia. Ahora vive en la Ciudad de México, pero sus raíces le han llevado a realizar una investigación sobre la diáspora venezolana, reuniendo testimonios e historias de migrantes venezolanos en distintas ciudades del mundo.
- Gregory Zambrano (Mérida, Venezuela 1963). Es poeta, ensayista y profesor universitario. Doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Ha sido director de la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes (Venezuela). Entre sus poemarios: Víspera de la ceniza (1990); Dominar el silencio (1994); Desvelo de Ulises (2000); Los mapas secretos (2005) y Paisajes del insomÍnnio (2015). Reside en Tokio, Japón.Twitter e Instagram: @gregoryzam.
- Ely Rosa Zamora (Venezuela, 1967). Ha publicado: He sentido un gesto removerlo todo, Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2019, La nitidez del embudo, Newmark Press, New York City, 2015, Objeto Indefinido, Choir Alley Press, New Jersey, 2015, Sin lengua y otras imposibilidades dramáticas, Editorial La Caída, Buenos Aires, 2013, y Detrito olvidado, Choir Alley Press, New Jersey, 2009. Vive en Estados Unidos.