Tom Sleigh

Tom Sleigh es autor de once libros de poesía, entre ellos Army Cats, ganador del Premio John Updike de la Academia Estadounidense de Artes y Letras, y Space Walk, que obtuvo el Premio Kingsley Tufts. Su obra Far Side of the Earth recibió un premio de la misma academia, mientras que The Dreamhouse y The Chain fueron finalistas de importantes galardones literarios.

En Station Zed (2015) incluye su extenso poema sobre Irak, “Homage to Basho”, cuya versión fue reconocida por Poetry Magazine. En 2018 publicó House of Fact, House of Ruin, y su libro más reciente, The King’s Touch, continúa consolidando su trayectoria.

Ha sido distinguido con el Premio Shelley de la Poetry Society of America, una beca Guggenheim y diversos reconocimientos internacionales. Profesor del programa MFA en Hunter College, vive en Brooklyn. En la última década ha trabajado también como periodista en países como Siria, Líbano, Somalia, Kenia, Irak y Libia, experiencia que nutre profundamente su poesía.

LADRILLO Y BOLSA


Persecución, demora, ansiosos los momentos de vacilación,
seguidos por saltos, pasos agigantados, volteretas hilarantes girando
maniáticas con rabia o miedo actuadas en un atrio
de concreto desnudo salvo las ventanas del hotel replicando
en todos lados éstas descabelladas, insensatas persecuciones azarosas,
un pequeño adoquín de espuma poliestireno encendida cómo Aquiles
corriendo tras una bolsa de plástico que va haciéndose barrilete, ola
alrededor y alrededor de esta arena de blablá, éste mundo ángulo/plano
triturado hasta extremos del sol raspando cemento
desnudo, o la tiniebla reventada, convertida en oblivión por las nubes,
la luz castrada según los grises más insípidos mientras que Ladrillo
y Bolsa ahora asemejan cazador/botín, cliente/puta,
entonces sin explicación asidos y se detienen en su aleteo,
fatigados, las esquinas del Ladrillo sembradas, afiladas
por pústulas y laceraciones y volteretas,
La Bolsa gastada y soplada, arrugada por todo esta
pasión inesperada, esta inspiración de aliento acrecentando
hasta rellenarle y ahí chupa hasta el colapse, arruinada,
descarada, rogando, de manera histérica quizá, sabiendo más
que deja admitir, solo haciéndose la muerta para titilar a Ladrillo,
Usted lo logró, usted me conquistó, soy nada, nada.…
hasta que les pega el torbellino que les conduce a seguir
obsesionados sin propósito en su abandona
que podría ser la alegría, el terror, el erizamiento amoroso, la desesperación
la deflación, el deseo con sus movimientos como ejércitos
maniobrando por la tierra de nadie, el espíritu
vacilando tras lo inalcanzable
mientras de Ladrillo ahora rebota hasta menos que una pulgada de Bolsa,
aleteando su escape en un ángulo excéntrico,
la luz parpadeando como un ojo parpadea,
tú sabes que sé que tú sabes que alguien nos está mirando–
ahorra Bolsa se afloja en un rincón, parece en coma,
Ladrillo cercenando muy cerca como si vacilara antes del atentado,
para demoler a Bolsa, poner un fin a éste desempeño–
ningún ángulo para acercamiento, ningún terreno neutral,
ningún término de secuestro, ningún trueque–
solo éste cuadrado concreto con cara de Ladrillo
entre incontables desplazamientos que ondulan hacia afuera
por este patio de tierra de nadie, donde Ladrillo y Bolsa
están con la travesura de siempre, desbocadamente regateando
por todos lados, no dando tregua y deseando ninguna
como los héroes de antaño se permitían entre sí
vigilancias feroces que ningún amante podría igualar
o más valorado y más fiel de todos los combatientes
Ladrillo el vesánico; y Bolsa, estratega astuta


Traducción. Arturo Desimone