Alemania, 1770–1843
Friedrich Hölderlin nació el 20 de marzo de 1770 en Lauffen am Neckar, en el antiguo Ducado de Wurtemberg. Tras la muerte de su padre y de su padrastro, ingresó en el seminario de la Universidad de Tubinga (Tübinger Stift), donde estudió teología junto a figuras como Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Schelling.
Inicialmente destinado a la carrera eclesiástica, pronto se orientó hacia la escritura y el pensamiento poético. Trabajó como preceptor en varias casas aristocráticas, entre ellas la familia Gontard en Fráncfort, donde conoció a Susette Gontard, figura importante en su vida personal y literaria.
Publicó su novela Hyperion (1797–1799) y escribió numerosos poemas, himnos y fragmentos líricos, muchos de los cuales circularon parcialmente en vida. Entre sus textos más conocidos se encuentran Hiperión, El Archipiélago, Patmos y El Rin.
Su obra poética se caracteriza por una intensa relación con la filosofía clásica griega y una profunda reflexión sobre el lenguaje, la naturaleza y lo sagrado.
A partir de 1806 su salud mental se deterioró gravemente. Fue internado y posteriormente vivió bajo el cuidado del carpintero Ernst Zimmer en una torre en Tubinga, donde permaneció hasta su muerte el 7 de junio de 1843.
Su reconocimiento literario creció de manera póstuma, convirtiéndose en una figura central de la poesía alemana moderna.

CUANDO YO ERA NIÑO
Cuando yo era niño
un dios solía salvarme
del griterío y la cólera de los hombres;
entonces jugaba , tranquilo y bueno,
con las flores del bosquecillo
y las brisas del cielo
jugaban conmigo.
Y así como regocijas
el corazón de las plantas
cuando ante ti
extienden sus dulces brazos,
así alegrabas mi corazón,
¡padre Helios!, y, como Endimión,
era tu amado,
sagrada Luna.
¡Oh vosotros todos, leales,
amigos Dioses,
si supiéseis
cómo mi alma os ha querido!
En verdad, no os llamaba entonces
con nombres, y vosotros
nunca me nombrábais, igual que los hombres se llaman
como si se conocieran.
Y no obstante os conocía mejor
que nunca he conocido a los hombres;
comprendía el silencio del Éter;
jamás comprendí las humanas palabras.
Me educó lo armonioso
de la arboleda susurrante
y fui aprendiendo a amar entre las flores.
Yo crecí en brazos de los dioses.
(Versión de José Ma. Valverde)