Giacomo Leopardi

Giacomo Leopardi
Italia, 1798–1837

Giacomo Leopardi nació el 29 de junio de 1798 en Recanati, en los Estados Pontificios (actual Italia). Procedía de una familia aristocrática; su padre, el conde Monaldo Leopardi, poseía una amplia biblioteca privada que fue decisiva en su formación intelectual.

Recibió una educación intensiva y autodidacta desde la infancia, dominando muy temprano el latín, el griego y el hebreo. Su formación se desarrolló principalmente en la biblioteca familiar de Recanati, donde realizó lo que él mismo llamó sus “siete años de estudio desesperado”.

Entre 1817 y 1819 comenzó a escribir sus primeras obras filosóficas y poéticas. En 1820-1821 compuso varios de los textos que luego formarían parte de los Canti. En 1822 realizó su único viaje a Roma.

Su obra incluye poesía, ensayos filosóficos y reflexiones en prosa reunidas en el Zibaldone di pensieri, un extenso cuaderno de notas iniciado en 1817. Entre sus poemas más conocidos se encuentran L’infinito, A Silvia, La quiete dopo la tempesta, Il sabato del villaggio y La ginestra.

Trabajó como filólogo y editor de textos clásicos, y vivió en distintos lugares de Italia, entre ellos Florencia, Roma, Nápoles y Bolonia, en condiciones de salud frágil.

Murió el 14 de junio de 1837 en Nápoles, durante una epidemia de cólera.

Su obra es considerada una de las más importantes de la poesía y el pensamiento europeo del siglo XIX.

ALLA LUNA



O graziosa luna, io mi rammento
Che, or volge l'anno, sovra questo colle
Io venia pien d'angoscia a rimirarti:
E tu pendevi allor su quella selva
Siccome or fai, che tutta la rischiari.
Ma nebuloso e tremulo dal pianto
Che mi sorgea sul ciglio, alle mie luci
Il tuo volto apparia, che travagliosa
Era mia vita: ed è, né cangia stile,
O mia diletta luna. E pur mi giova
La ricordanza, e il noverar l'etate
Del mio dolore. Oh come grato occorre
Nel tempo giovanil, quando ancor lungo
La speme e breve ha la memoria il corso,
Il rimembrar delle passate cose,
Ancor che triste, e che l'affanno duri!



A LA LUNA



Oh, tú, graciosa luna, bien recuerdo
que sobre esta colina, ahora hace un año,
angustiado venía a contemplarte:
y tú te alzabas sobre aquel bosque
como ahora, que todo lo iluminas.
Y trémulo y nublado por el llanto
que asomaba a mis párpados, tu rostro
se ofrecía a mis ojos, pues doliente
era mi vida; y aún lo es, no cambia,
oh mi luna querida. Y aún me alegra
el recordar y el renovar el tiempo
de mi dolor. ¡Oh, qué dichoso es
en la edad juvenil, cuando aún tan larga
es la esperanza y breve la memoria,
el recordar las cosas ya pasadas,
aun tristes, y aunque duren las fatigas!