Czeslaw Milosz

Czesław Miłosz (1911–2004) fue un poeta, ensayista y traductor polaco, nacido en Šeteniai (entonces Imperio Ruso, hoy Lituania). Es una de las grandes voces de la literatura del siglo XX y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1980.

Estudió derecho en la Universidad de Vilna y vivió una juventud marcada por los conflictos políticos y las tensiones ideológicas de Europa Central. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en la resistencia cultural contra la ocupación nazi.

Después de la guerra, sirvió como diplomático de la Polonia comunista, pero en 1951 rompió con el régimen y solicitó asilo político en Francia, donde escribió su influyente ensayo The Captive Mind, una crítica profunda a los mecanismos de la opresión ideológica.

Más tarde se estableció en Estados Unidos, donde enseñó en la University of California, Berkeley durante varias décadas, formando a generaciones de escritores.

Su poesía combina reflexión moral, memoria histórica y una búsqueda constante de sentido ante la violencia del siglo XX, explorando temas como el exilio, la fe, la historia y la responsabilidad ética del poeta.

Es considerado una figura central de la poesía europea moderna y una conciencia moral del siglo pasado.



Nada más


Debería contar alguna vez cómo ha cambiado

Mi opinión sobre la poesía y por qué

Me considero hoy uno entre tantos

Comerciantes y soldados del Imperio del Japón

Que componen los versos sobre la flor de cerezo,

Los crisantemos y la luna llena.


Si yo pudiera describir a las cortesanas de Venecia,

Cuando en el patio con un ramito incitan al pavo,

Y de la prenda de seda, de una cinta perlada

Librar los senos grávidos, la marca rojiza

en el vientre, donde la hebilla

Por lo menos así como lo ha visto el capitán de los galeones

Que llegaron aquella mañana, cargados de oro;

Y si pudiera al mismo tiempo, en el cementerio

donde el graso mar lame el portón,

Encerrar sus pobres huesos en una palabra

más constante que el último peine

Cuando en el polvo, bajo la losa, espera la luz solitario


Entonces no dudaría. De la materia tenaz

¿Cuánto se puede lograr? Nada, tan sólo la belleza.

Deben bastarnos entonces, la flor de cerezo

Y los crisantemos y la luna llena



Montgeron, 1957