Zbigniew Herbert

Zbigniew Herbert
Polonia. (1924-1998). Nació en Leópolis, entonces territorio polaco, el 29 de octubre de 1924. Fue poeta, ensayista y dramaturgo, considerado una de las voces más importantes de la poesía europea del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la resistencia polaca y vivió los años de ocupación nazi en condiciones clandestinas. Estudió economía, derecho y filosofía, disciplinas que dejaron una profunda huella en la lucidez moral y el rigor intelectual de su poesía.

Zbigniew Herbert publicó su primer libro, Cuerda de luz, en 1956. A partir de entonces desarrolló una obra poética marcada por la reflexión ética, la memoria histórica y la defensa de la dignidad humana frente a los totalitarismos. Uno de sus personajes más célebres es “El Señor Cogito”, figura meditativa e irónica que atraviesa varios de sus libros y se convirtió en símbolo de la conciencia contemporánea.

Entre sus obras destacan: Hermes, el perro y la estrella, Estudio del objeto, Inscripción, El Señor Cogito, Informe desde la ciudad sitiada y Elegía para la partida. También escribió importantes libros de ensayos como Naturaleza muerta con brida y Un bárbaro en el jardín.

La poesía de Herbert une claridad clásica, pensamiento filosófico y una intensa sensibilidad moral. Admirador de la cultura mediterránea y de la tradición humanista europea, construyó una obra sobria y profundamente humana, donde la ironía convive con la compasión y la resistencia espiritual. Recibió numerosos reconocimientos internacionales y fue varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura.



LLUVIA



Cuando mi hermano mayor

regresó de la guerra

tenía sobre la frente una pequeña estrella de plata

y bajo la estrella

un abismo


una esquirla de metralla

lo hirió en Verdun

o tal vez en Grüunwald

(él había olvidado los detalles)


solía hablar mucho

en numerosas lenguas

pero le costaba más que todo

la lengua de la historia


hasta perder el aliento

les ordenaba a sus compañeros muertos

que corrieran

Roland Kowalski Hannibal


gritaba

que esta era la última cruzada

que Cartago caería pronto

y luego confesaba sollozando

que a él no le gustaba Napoleón


lo veíamos

ponerse cada vez más pálido

abandonado por sus sentidos

se convirtió lentamente en un monumento


en el pabellón musical de sus oídos

penetró un bosque de piedra

y la piel de su cara

fue abrochada

con los ciegos y secos

botones de los ojos


sólo le quedó el tacto


cuántas historias

contaba con sus manos

en la derecha tenía romances

en la izquierda memoria de soldados


a mi hermano se lo llevaron

fuera de la ciudad

él vuelve cada otoño

flaco y muy tranquilo

no quiere entrar en la casa

golpea la ventana para que yo salga


paseamos por las calles

y él me cuenta

historias inverosímiles

tocando mi cara

con ciegos dedos húmedos de lluvia




Traducción Rafael Cadenas