Enriqueta Arvelo Larriva


Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962).

Poeta venezolana, considerada una de las fundadoras de la poesía femenina en el país y figura clave de la vanguardia literaria.

Nació en Barinitas, Estado Barinas, donde vivió gran parte de su vida en contacto directo con el llano, paisaje que marcó profundamente su obra. Autodidacta, ejerció como maestra y enfermera, y más tarde se unió al Grupo Viernes, núcleo de renovación poética en Venezuela. Mantuvo correspondencia con Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou.

Entre sus libros destacan Voz aislada (1930), El cristal nervioso (1931), El canto del recuento (1949) y Mandato del canto (1957), con el que obtuvo el Premio Municipal de Poesía en 1958. Su escritura, íntima y contemplativa, convirtió a la naturaleza en protagonista y espejo de la interioridad humana, rasgo que hoy la inscribe en la tradición de la ecopoesía latinoamericana.

En la voz de Salvador Tenreiro: Es una escritora «sin trayectoria», como ella misma confiesa.  No ha hecho carrera de poeta ni es invitada a recitales, porque ni siquiera figura en ninguna antología. No vive en ciudad alguna sino en un pueblo «sin historia», al pie del Ande venezolano. «Aislada» y como en otro de sus libros «El cristal nervioso»: Aunque tiene fama de impulsiva: «no he hecho en la vida sino reprimir mis impulsos», debido a «mi temperamento excesivamente nervioso.  En cuanto a mi mejor virtud creo que ella sea la firmeza.  Aunque la llevo como mujer, tengo firmeza de hombre.»  Su voz es una de las más austeras de la poesía venezolana.  Aislada y desnuda.  Aislada y limpia.  Su misterio es la claridad.  Sus revelaciones conciernen a la vida corriente.  Ella es, si se me permite, la Edward Hopper de la poesía venezolana de la primera mitad del XX.

Falleció en Caracas el 10 de diciembre de 1962, dejando una obra breve pero esencial. Como dijimos al inicio, Enriqueta Arvelo Larriva es hoy reconocida como una de las primeras mujeres en abrir camino en la poesía venezolana.

EMOCIÓN Y VENTAJA DE LA PROBADA PROFUNDIDAD

 

Gracias a los que se fueron por la vereda oscura

moliendo las hojas tostadas.

A los que me dijeron: esperanos bajo ese árbol.

Gracias a los que se fueron a buscar fuego para sus cigarrillos

y me dejaron sola,

enredada en los soles pequeños de una sombra olorosa.

Gracias a los que se fueron a buscar agua para mi sed

y me dejaron ahí

bebiéndome el agua esencial de un mundo estremecido .

gracias a los que me dejaron escuchando un canto enselvado

y viendo soñolienta los troncos bordados de lianas marchitas.

Ahora voy indemne entre las gentes.


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Destino




Un oscuro impulso incendió mis bosques




¿Quién me dejó sobre las cenizas?




Andaba el viento sin encuentros.




Emergían ecos mudos no sembrados.




Partieron el cielo pájaros sin nidos.

 

El último polvo nubló la frontera.




Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.


 

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TÚ, EL MINÚSCULO






Pájaro pequeñísimo, que recién nacido me dieron,


cómo me causó asombro


ver en tu implume y breve cuerpo


la vida, tan perfecta,


que ya alzaba tus alas


en ensayo del ensayo del vuelo.




Mas fue mayor mi asombro


cuando estuviste plenamente quieto.


Confunde ver la inmensa muerte


entrar toda en un mínimo cuerpo.




Y aún me diste otro asombro:


tú, el minúsculo en la vida,


crecías hasta parecerme un gran muerto.


Caído en mi mano,


con sudario de luz de tarde,


crecías ante mis ojos abiertos y mudos.


Crecías en la nada


como si fueses por lo eterno