Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade. Brasil. (1902-1987). Poeta, traductor y periodista. Reconocido como uno de los más grandes poetas de Brasil de todos los tiempos. Publica su primer poemario: Alguna poesía, en 1934. Otros libros: Sentimiento del mundo.La rosa del pueblo. Hacendero del aire. La vida pasada a limpio. Lección de cosas. Los buenos tiempos.
 
 
 
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En Cinelândia por la tarde,

entre amigos y bancos vulgares

se sientan unos hombres mal vestidos.

No tienen prisa de volver

a casa o al trabajo.

Se sientan en honor a una vida

que emerge dentro de sus vidas

corrientes, pardas y tristes,

y se quedan ahí para ver a las palomas

alrededor de la estatua de Floriano

buscando maíz, repartido

por un dios amigo de las aves,

el dios que al no bajar a la Tierra

prefirió el simple disfraz

de empleado público.

Pican las palomas, revolotean 

por entre el mármol del Teatro,

del Museo y de La Biblioteca.

Y no es que les interese la opera,

los libros, los cuadros, las bellas artes.

Juegan las palomas: lápiz, color,

relampagueo entre los árboles, tranquilo

ser y estar, contrario al trágico

mundo que se fue modelando

entre gritos, tartamudeos, gruñidos,  

lágrimas, cóleras, solercias,

a costa del mundo esencial.

Liberados de todo peso,

se dejan estar los hombres

desprevenidos junto a las palomas.

Silenciosos y circunspectos,

son tal vez los mejores hombres

de nuestro tiempo así desocupados.

No se disputan bienes o poderes

más que el bien y el poder de un banco

construido sobre un piso de piedras.

No transportan guerras en el alma,

no venden odio, no embaucan

ni especulan en quien tiene la razón

entre las sin razones de este instante.

El vuelo no viajero les basta   

como alimento de las retinas

y al mirar a las palomas, perciben

una armonía que perdimos.

En Cinelândia, aves y hombres

redescubren en vida, la paz.     

 

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Traducción: Nidia Hernández

 

 

Na cinelândia, pela tarde,
em bancos vulgares e amigos,
sentam-se homens mal vestidos.
Não mostram pressa de voltar
para casa ou para o trabalho.
Sentam-se em honra de uma vida
que vige dentro de suas vidas
corriqueiras, pardas e tristes,
e lá ficam a ver as pombas
em torno à estátua de Floriano
catando milho distribuído
por um deus amigo das aves,
o deus que no baixar à Terra
preferiu o simples disfarce
de empregado administrativo.
Bicam as pombas, esvoaçam
por entre mármores do Teatro,
do Museu e da Biblioteca.
Não que lhe interessem óperas,
livros, telas, artes humanas.
Brincam as pombas: pena, cor,
lampejo entre árvores, tranquilo
ser-existir infenso ao trágico
mundo que se foi modelando
entre gritos, gagos, regougos,
lágrimas, cóleras, solércias,
à custa do mundo essencial.
Libertados de todo peso,
deixam-se os homens existir
desprevenidos junto às pombas.
Silenciosos e circunspectos,
são talvez homens melhores
do nosso tempo assim parados.
Não pleiteiam bens ou poderes
mais que o bem e o poder de um banco
alteado no chão de pedrinhas.
Não transportam a guerra n'alma,
não vendem ódio, não tocaiam
nem sofismam quem tem razão
entre sem razões deste instante.
O voo não viajeiro basta-lhes
para alimento das retinas
e, ao mirar as pombas, remiram
uma harmonia que perdemos.
Na Cinelândia, aves e homens
redescobrem a paz, em vida.

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Carta Astral de: Carlos Drummond de Andrade

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