Verónica Jaffé

Introducción
La posible e imposible traducción
“Pido por favor que sólo se lea esta hoja con buena disposición. Asà no resultará ni incomprensible, ni desagradable o malsonante. Si aún asà algunos encontraran tal lengua demasiado poco convencional, debo reconocer: no puedo de otra forma. En un dÃa hermoso puede escucharse casi cualquier forma de canto, y la naturaleza, de donde proviene, también le da la bienvenida.
El autor piensa presentarle al público toda una colección de tales hojas, y esta aquà serÃa sólo una prueba de ello.â€[1]
Con estas palabras introduce Friedrich Hölderlin (1770 - 1843) el canto Friedensfeier (fiesta de paz, elogio, premio a la paz). En efecto el poema celebra la llamada paz de Lunéville de febrero de 1801 entre
Se trata de doce[2] grandes himnos o cantos, que Hölderlin escribe a partir de 1800 en formas métricas inspiradas en los himnos de PÃndaro: grupos de tres estrofas que cantaban las alabanzas al ganador de algún juego deportivo, seguidas por el relato e interpretación de algunas historias de héroes y dioses que le dan profundidad mÃtica e histórica a los acontecimientos, y por fin lecciones y sentencias que se desprenden de todo ello. En 1799 Hölderlin habÃa traducido algunos himnos y odas pÃticas y olÃmpicas, en 1802 traduce el Edipo y
Se trata de un grupo de poemas, estrofas, y fragmentos, con frecuencia corregidos, o tachados, que Hölderlin deja en manuscrito, sobre todo en los folios del famoso “Cuaderno de Homburgâ€, y que desde su primera publicación a principios del siglo
El modelo pindárico de los himnos determina de esta forma la concepción de lo lÃrico como acción pública, polÃtica, filosófica, pedagógica de la antigüedad griega pero introduce lo moderno y occidental cambiando de temas, héroes y enseñanzas. No podÃa ser de otra forma. Hölderlin los escribe en los primeros años del siglo 19, poco después de
Pero tampoco es posible la sola resignación a la lÃrica subjetiva más tradicional, neoclásica y romántica de sus contemporáneos. Sus cantos son más bien una critica a la subjetividad poética tradicional, a la idea del yo lÃrico autónomo e independiente, del poeta como genio y heroico profeta y mediador entre lo humano y lo divino. Hölderlin se refiere al “cansado vuelo†de los poemas de amor y ante la poesÃa privada, subjetiva y vivencial de moda entre sus contemporáneos, y privilegia lo hÃmnico como estructura apelativa, performativa de la poesÃa. Asà busca traducir el carácter retórico, público y polÃtico de lo lÃrico. Esta poesÃa, vista por Hölderlin en el marco de la oposición entre lo antiguo y lo moderno, es consciente de sà misma y de sus limitaciones, se sabe sólo simple canto, y sabe que habla no desde una institución, tribuna o ritual establecido, sino sólo dentro de su mismo canto. El poeta se construye su subjetividad en sus palabras y sus versos, porque no tiene ni lugar ni función determinada ni antes y ni después del poema mismo. El poeta sabe qué es lo que es solamente por sus palabras, en la inevitable “linguisticidad†de su ser.
No puede imitar simplemente al poeta antiguo, no puede copiar el poema griego, olvidar el paso del tiempo, la historia pasada. Pero puede escribir desde sus circunstancias, ‘traducir’ lo ajeno de sà mismo y lo propio de lo ajeno, quiere decir, hacer poesÃa desde lo propio, individual y personal pero dirigida a lo ajeno y colectivo.
Esta poesÃa se va escribiendo entre reflexiones, recuerdos, dudas, lamentos en un continuo largo, un proceso de referencias, repeticiones, revisiones y rechazos. Es una escritura procesual, consciente de sus pasos, de su presente y su pasado, de sus logros y fracasos, sus certezas y sobresaltos. Es un proceso, que como un rÃo, un fluir de escritura, a veces se frena, otras corre desbocado. Es además, una concepción poética que se opone a la tradicional dicotomÃa entre obra y fragmento, entre éxito y fracaso, entre sentido y sinsentido. Un canto que se sabe incompleto, parte de una larga historia, atado a un lugar y a una lengua y que en su a veces tan dificultoso fluir también sabe siempre que ya no puede ser himno como el antiguo, ritual colectivo dedicado a dioses y héroes, y aun no puede ser canto coral, fiesta y canción colectiva.
Por eso Friedensfeier, la fiesta y celebración de la paz, ya no le puede cantar simplemente a la paz. ¿A cuáles dioses podrÃa agradecer? ¿A qué héroes cantar? La única celebración que le queda al individuo moderno, al solitario poeta es el poema mismo, es la fiesta hecha himno. Y eso es todo lo que el poeta moderno puede hacer para mediar entre la terrenal historia, el colectivo social y la trascendencia de una divinidad ausente y de un destino, de un sentido enigmáticos. Los dioses se han ido y la verdad ya no será revelada. La inmanencia histórica de lo divino es traducida y mediada a palabras particulares y por eso la poesÃa es, en la modernidad, inevitablemente un fracaso de traducción y mediación. Conscientes de este fracaso los cantos tardÃos de Hölderlin se saben tardÃos, posteriores, se saben traducción, se saben memoria incompleta y limitación.
El fluir de la historia, el camino de la cultura para Hölderlin pasa de Oriente a Occidente, de Grecia a Hesperia, de lo sensual, corporal y material de los signos naturales de una poesÃa inspirada por musas, cercana a los dioses, a la conciencia limitada de los signos culturales modernos, a los sÃmbolos e interpretaciones occidentales, a las palabras de una cultura secular, racionalista y crÃtica. Al poeta moderno, a Hölderlin, no le queda sino despedirse de toda representación identificatoria y melancólica de lo divino y espiritual, y conformarse, “no puedo de otra formaâ€, con los recuerdos y esperanzas que articula en sus palabras y poema, si quiere ser fiel y justo con el paso del tiempo, con la historia.
Y si quiere ser justo con los antiguos. Al tratar de guardar y cuidar fiel en su alma la memoria de los antiguos y de los muertos, Hölderlin sabe que no se trata del Weltgeist, del espÃritu y razón universal de su amigo Hegel. Sabe que al menos desde lo poético, desde lo subjetivo, Ãntimo y personal, no alcanzará jamás las certezas de la ciencia, sabe que nunca podrá ‘superar’ filosóficamente el pasado, el dolor, la sinrazón, sólo podrá rememorarlo y traducirlo poéticamente una y otra vez. Para Hölderlin, para el poeta moderno se trata de ir tanteando de palabra en palabra, de signo en signo, de metáfora en metáfora, en un fluido, continuo (o discontinuo) proceso de construcción poética el camino de la memoria y del recuerdo, de la fidelidad y de la conservación del pasado en el presente, para poder imaginar un futuro mejor.
Pero en otro canto, dedicado expresamente a Mnemósine, la ninfa de la memoria, Hölderlin reconoce también que es la infidelidad, la traición, la que complementa la fidelidad al origen y al pasado, como lo hace el olvido con el recuerdo, porque la vivencia fundamental de los seres humanos, mortales como son, es precisamente la temporalidad del ser, que Hölderlin llama “infidelidad divinaâ€. La memoria se sabe un fracaso, la traducción infiel y a veces hasta imposible, una continuidad discontinua. Le queda al poeta el recuerdo como conservación y cuido,[5] como fidelidad al pasado que se busca y se retiene en la palabra propia, en la poesÃa presente. Aún asÃ, comparada con la transformación y apropiación hegeliana del pasado que se sublimarÃa dentro de un espÃritu y una comprensión lógica y racional, esta concepción de la modernidad pareciera mucho más fiel, más justa y sobre todo más piadosa con sus orÃgenes y antecedentes.
“Un signo somos, sin sentido
sin dolor estamos y casi hemos
perdido el habla en el extranjero.â€[6]
Dice Hölderlin en una de sus versiones del canto a Mnemósine. Asà nos define, define su propia poesÃa que se va condensando y cerrando en signos, señales e imágenes más y más contenidas y discretas. Como el azul, por ejemplo, señal de la amistad entre cielo y tierra. La fluidez del poema se detiene en signos vueltos enigmas, en pequeñas palabras, que quedan como sÃmbolos misteriosos del sentido trascendental, de la inmanencia divina. Quedan como miradas humildes, limitadas, pero también como ventanas abiertas a la posibilidad de un canto en el futuro.[7]
Los himnos de Hölderlin no oponen una autonomÃa, la palabra propia, a la heteronomÃa, la palabra del otro. Su poesÃa, más modesta, discreta, se acopla y abre a lo ajeno, y complementa la querencia por lo propio, el paisaje de infancia, con el viaje, los caminos, los regresos a casa de un caminante que debe descubrir su propia historia y geografÃa, comprender su propia patria, con su melancólico amor por lo lejano y antiguo.
Precisamente por eso su canto fue un hito inmenso de la modernidad, una de las reflexiones poéticas más importantes en Occidente. Porque es un “pensar en...â€, Andenken, que significa a la vez pensar y recordar, reflexión sobre sà misma y memoria de los otros. Porque es una poesÃa que se piensa y sabe del paso y cambio de los tiempos, de la finitud de todo ser terrenal:
“Largo es el tiempo,
sucede empero
lo verdadero.â€[8]
Es una poesÃa que sabe que no dice la verdad, sino que la verdad acontece, donde sucede lo verdadero, porque sabe que las verdades pasan y cambian, sabe que la verdad ya no tiene una seguridad trascendente, un punto de apoyo externo, fuera de la propia conciencia.
Estas traducciones han tratado de cuidar y ser fieles a esa poesÃa y esa reflexión. Partà de las versiones que propone D.E. Sattler porque creo que, como responsable de la edición histórico-crÃtica, no sólo es el mayor erudito en la materia, sino también uno de los más sensibles y perspicaces lectores de Hölderlin.[9]
No creo necesario describir aquà en detalle las grandes dificultades y obstáculos que tuve en esta labor de traducción. Ha sido un largo tiempo de aproximaciones personales poco ortodoxas, a veces en versos, otras en forma de cuadros y dibujos. Pero sólo por la vÃa indicada por Hölderlin, quiero decir, tratando de acercarme desde lo propio a lo ajeno, encontré por fin un camino que creo me ha acercado un poco más a su poesÃa. Quiero decir que muchas veces sólo logré traducir en forma literal y fiel sus poemas sino después de tratar de entender sus reflexiones e imágenes por medio de poemas más propiamente mÃos. “No hay nada más difÃcil que aprender lo propioâ€, dijo el poeta, lo propio en lo ajeno, y lo ajeno en lo propio.
Verónica Jaffé
18 de enero del 2012
[1] Bremer Ausgabe (BA), 9, 231. Presentación escrita (probablemente en septiembre de 1802) en el anverso de la primera hoja donde aparece el tÃtulo del poema. Hölderlin le escribe al editor Wilmans el 8 de Diciembre de 1803, anunciando que piensa publicar varios ‘poemas grandes’ en forma individual y cada uno por separado. Los poemas tratarÃan de “la patria o del tiempo†(das Vaterland oder die Zeitâ€), es decir, de temas relacionados con ‘la tierra patria’, su historia y tiempos presentes o futuros. BA, 10, 94. En adelante cito de esta edición de las obras completas en orden cronológico, editado por D.E. Sattler, en München: Luchterhand, 2004.
[2] Según el mejor editor de la obra de Hölderlin, D.E. Sattler, responsable de la edición histórico-crÃtica de sus obras completas, Frankfurt, 1975-2008, que tomo como referencia.
[3] Menciono las más conocidas de Norbert von Hellingrath, de 1916, Friedrich Beissner, de
[4] “[...] Wir lernen nichts schwerer als das Nationelle frei gebrauchen [...] Aber das eigene muss so gut gelernt seyn wie das Fremde. Desswegen sind uns die Griechen unentbehrlich. Nur werden wir ihnen gerade in unserem Eigenen, Nationellen nicht nachkommen, weil, wie gesagt, der freie Gebrauch des Eigenen das schwerste ist.†BA, 9, 183-184. “No aprendemos nada con mayor dificultad que utilizar lo ‘nationell’, nacional, en forma libre. [...] Pero lo propio debe ser tan bien aprendido como lo extraño. Por eso nos son imprescindibles los griegos. Pero no los seguiremos justamente en lo nuestro propio, nacional, porque como dije, el uso libre de lo propio es lo más difÃcil.â€
[5] Asà lo explica uno de los lectores actuales más importantes de Hölderlin, el filósofo Dieter Henrich, Der Gang des Andenkens. Beobachtungen und Gedanken zu Hölderlins Gedicht, Stuttgart: Klett-Cotta 1986.
[6] “Ein Zeichen sind wir, deutungslos/Schmerzlos sind wir und haben fast/Die Sprache in der Fremde verlorenâ€, hg, 129.
[7] En una carta a un amigo Hölderlin habla de la filosofÃa como luz de una modesta ventana, dice: “la luz filosófica alrededor de mi ventana es ahora mi alegrÃa; ojalá que (lo) conserve, como lo que he venido a ser, hasta aquÃâ€, “das philosophische Licht um mein Fenster ist jezt meine Freude; dass ich behalten möge, wie ich gekommen bin, bis hierher!â€, 2da carta a Böhlendorff de finales de 1802, BA, 10, 20
[8] Dice asà en las dos versiones del himno a Mnemósine: “Lang ist/ die Zeit, es ereignet sich aber/ das Wahre.†Mnemosyne/Die Nymphe, hg, pag. 65 y 130.
[9] Lo hago a sabiendas que en particular esta su edición de los “cantos hespéricos†ha sido muy criticada, sobre todo por reconstruir los poemas en dos versiones y no presentarlos sin intervención alguna, en forma facsimilar. No incluyo aquà los tres “cantos nocturnos†que Sattler antepone a la segunda parte de su edición. Creo que su presencia allà responde a una visión suya, muy personal de Sattler, sobre las formas que toman las reflexiones poéticas y poetológicas de Hölderlin.

