Vladimir Holan

(Praga, 1905-1980.)  Reconocido como uno de los más grandes poetas checos.

Vivió un encierro voluntario hasta su muerte. Fue censurado y obligado a un silencio público por las autoridades de su país de ese entonces, pero desde 1941 se dedica totalmente a la poesía.
En los años sesenta vuelve a ser publicado. Algunos libros: Soldados del ejército rojo, Avanzando, Dolor, Una noche con Hamlet, Historias, Toscanas.

Llegó el tiempo de callar. Existe la mordaza y existe también la cruel pregunta ¿Porqué escribir? Hay momentos que pueden durar años, en que al hombre no le queda sino hablar consigo mismo.
 

 

Resurrección

¿Que después de esta vida tengamos que despertarnos un día
aquí al estruendo terrible de trompetas y clarines?
Perdona, Dios, pero me consuelo pensando que el principio de nuestra resurrección,
la de todos los difuntos, lo anunciará el simple canto de un gallo

Entonces nos quedaremos aún tendidos un momento
La primera en levantarse será mamá  
La oiremos encender silenciosamente el fuego,
poner silenciosamente el agua sobre el fogón
y coger con sigilo del armario el molinillo de café.
Estaremos de nuevo en casa.

 

Al alba

Sí, es el alba... Ropa sucia
sobre el cuerpo lavado de una hermosa...
Tocar, ah, sólo tocar,
¡mas de la nada ni tan siquiera el sueño!
También tú, allá abajo, te esfuerzas en vano de alto en alto,
pues quien se ha sumido en la poesía
ya nunca se saldrá.

 

Antes de nochevieja

¿Qué traerá el viento esta noche?
¿La lluvia, la nieve o una carta?
¿Una carta de quién? ¿Una carta buena o mala?
Todo, hasta el mismo silencio
tiene algo que callar.
Pero todo, hasta lo inexpresable,
acabarán por decirlo los celos.

 

Encuentro en el ascensor

Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.

Versión de Clara Janés