La maja desnuda XII aniversario
   
  Yolanda Pantin

Caracas, 1954. Estudió Letras en la Universidad Católica Andres Bello, pertenece al grupo editorial Pequeña Venecia. Algunos de sus libros de poesía son: Casa o lobo 1981, Correo del corazón 1985, La canción fría 1989,
El cielo de París 1989, Poemas del escritor 1989,
Les bas sentiments 1992, Los bajos
sentimientos 1993, La quietud 1998.

En la voz del poeta

A veces parecía indiferencia
ese andar por la casa, distante.

Nosotros conocíamos el habla
y el lenguaje también de las miradas: calla.

Hasta que una voz nos llamaba:
“Vengan la cena está servida”

Entonces nuestra madre nos saludaba
como si nos reconociera

y en la mesa sentados sonreía,
para que no pensáramos que la habíamos perdido

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Edda Armas

Caracas, 1955. Licenciada en Psicología, la Universidad Central de Venezuela. Promotora Cultural. Ha publicado los poemarios: Roto todo silencio 1975, Contra el aire 1977, Cuerdas de serpiente 1985, Rojo circular 1992, Sable 1994, La otra orilla 1999.

En la voz del poeta

El río de aguas heladas
lavaba mi rostro
despedía la máscara blanca
que me separa de ti

cuando se otorga el poder al agua
pisar la orilla es bautizar la fe
ofrendar las flores
atendiendo las razones del misterio

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Maritza Jiménez

Caracas, 1956. Licenciada en Comunicación Social, Universidad Central de Venezuela. Dirigió las páginas culturales de El Universal. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Hago la muerte 1987, Amor constante más allá de la muerte 1993, inédito: Hojas y nada.



Mi madre prefiere
la enramada del silencio

Levantarse temprano
a buscar su agua clara

Iniciar cada mañana
el lento brocado de los días

Lanzar flores
a los lagos profundos del mar

Sembrar tortolitas

Con el cristofué bordar
los aromas de la tarde

Erguirse
bajo el cristal de los años

Ofrecer su ritual al espejo
sacerdotisa del culto a mi padre:

Arcilla perfecta
a su exacta medida

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Verónica Jaffé

Caracas 1957. Licenciada en Letras. Doctora en Literatura Alemana. Dirige el sello
editorial Angria. Traductora de: Gottfried Benn, Else Lasker-Schüler y Holderlin: Ha publicado los poemarios: El arte de la pérdida 1991, El largo viaje a casa 1994, La versión de Ismena 2000.

Antes se sabía (o quizás sólo se presumía) que uno
llevaba la muerte dentro de sí, como la fruta la semilla.
Los niños tenían una pequeña y los mayores una grande...
Se tenía y esto le confería a uno cierta nobleza particular
y un silencioso orgullo
Rilke


Tantas
son las noches mudas
y sin ojos en el cielo raso de la casa,
el lamento de los gatos abre
a veces su sombrío seno,

y los gallos,
a la hora de los lobos,
marcan
el sereno curso
de las pesadillas.

Un temblor oblicuo
de los miembros me domina.
Reconozco el miedo.

Manos aferradas a mi cuello.

Sólo entonces rezo,
vagamente,
siento cerca
a mi muerte niña
que me pertenece.
Luego,
a las cuatro y media de la madrugada,
duermo.

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Beverley Pérez Rego

Caracas, 1957. Licenciada en Sociología, University of the Sacred Heart en San Juan, de Puerto Rico y en Letras, Universidad Central de Venezuela. En poesía ha publicado: Artes del vidrio 1992, Libro de cetrería 1994 y Providencia 1998.

Amo lo irreparable,
la pérdida, el final;
la gélida frontera abierta
ante mis fauces ávidas,
el rostro disoluto
del hombre que se aleja.

Lo añoro al sentir tu roce,
la secreta ausencia de tus dedos,
el párvulo rumor de la puerta
siempre entreabierta,
como si acabara de llegar,
o de abandonarme.

Lo amo. Es suerte de vicio:
una y otra vez me despido,
hallo la grieta justa en el hielo,
me hundo en la quietud del lago,
pero jamás logro ahogarme.

Siempre vuelvo a la superficie,
y quedo quieta en la blancura
mirando tus pisadas,
mientras suena el canto que me adormece,
el viento blanco de la ausencia,
los sonoros aullidos.



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Blanca Elena Pantin

Caracas, 1957. Periodista Universidad Católica Andrés Bello. Tiene su propio sello editorial: Blanca Pantin. Ha publicado dos libros de poesía: Poemas del trópico 1992, y El ojo de la orca 1997. Inédito: Diagnóstico 2000.

En la voz de la poeta

Hay una hora de la madrugada
En la que el silencio se hace por obra de Dios
Y la naturaleza respira
Te son tan familiares los ecos de los grillos y las ranas
Y adviertes el luminoso resplandor de las luciérnagas
Deseas atrapar una en un frasco y tenerla
para siempre contigo
Iluminándote
Amas esa quietud
que media entre la noche y el día
te reconcilia con el mundo
Es una oración
Y agradeces el insomnio
La posibilidad de sentir y respirar la paz

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Ana Nuño

Caracas, 1957. Estudió Literatura Inglesa en La Sorbona, París. Vive en Barcelona. Dirige la revista Quimera. Ha publicado los poemarios:
Las voces encontradas 1989, Sextinario 1999.

En la voz de la poeta

De pie en el malecón frente a las olas,
no busco las rocas sino la luna,
más activa de día que de noche
en este trópico sin hondos bosques
cercado por una desnuda playa,
apenas gasa de herida en la tarde.

Detrás de esta tarde busco otra tarde
lejana, infantil, poblada de olas.
(En la cocina las cosas de playa
tampoco duermen bajo la honda luna.
Dicen a la niña insomne: “los bosques
tienden su red de sueños a la noche,

pero la arena se traga la noche”.
La niña vuelve a la cama, ya es tarde,
mañana será otro día de bosques.)
La luz blanca se revuelca en las olas,
la espuma de la sal traza una luna
menguante entre las rocas de la playa.

Vuelta a empezar: me alejo de la playa,
el día bosteza, cae la noche
como una piedra, regresa la luna
serosa, convaleciente en la tarde
agotada. De espaldas a las olas
se oye respirar los hondos bosques:

dicen en voz muy baja que los bosques
curan fiebres y fulgores de playa,
que a los niños sanan del mal de olas
y ahogan sus sueños en la alta noche
de la arena, y que nunca habrá otra tarde
como ésta de ahora, bajo la luna.

La arena ya gris, una media luna,
los pasos que se alejan: ya los bosques
respiran la calina de la tarde
que ciega el horizonte de la playa.
Nadie ha muerto, pero insiste la noche
en poner un crespón negro a las olas.

Este otro cuento de olas y luna,
para que la noche llene de bosques
la playa, porque se nos hace tarde.

 

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Corina Michelena

Caracas, 1957. Estudia Literatura en la Universidad Central de Venezuela. Realiza su tesis de maestría en Literatura Comparada. Ha publicado un libro de poesía: Honra de Sierva.

En la voz de la poeta

Eran las cinco en punto de la mañana.
Desperté como siempre
desdoblada.
Me di la vuelta:
la envidia estaba a mi lado
velando,
sus ojos
me ofrendan cada día
como un indulto.

La envidia me devora
mientras duermo.
Su rostro lleva mi rostro,
mis señas,
mis uñas.
Su método es sencillo,
trabaja contra natura:
crea anticuerpos:
-me enseñó a defenderme del tuyo
desintegrando el mío-
actriz principal en el elenco estable
de mi torrente sanguíneo.

Mi lupus feroz:
-¿Por qué tienes esa boca tan grande?-
(fue la última pregunta)
y quedó sin respuesta.

A las seis en punto de la mañana,
abandonando las sábanas húmedas,
revueltas y rojas,
alguna de las dos se puso en pie
de guerra
y escribió este poema,
como si fuese la otra.

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Patricia Guzmán

Caracas, 1960. Licenciada en Comunicación
Social. Directora del suplemento cultural Verbigracia de El Universal. Ha publicado: De mí lo oscuro 1987, Canto de Oficio 1997 y El Poema del Esposo 1999.

El cielo tiene un lado sordo

Mi esposo me ha dicho que no le siga hablando

Que si yo quiero él va y le pregunta qué le pasa

Mi esposo prefiere que yo mire para abajo

Aquí los vínculos son más fecundos

Aquí si tengo que orar me perfumo

(Los perfumes se ofrecen como oraciones)

Aquí tengo un libro lleno de lamentaciones, gemidos y ayes

(Yo no he querido comerme el libro que me
ofrece el ángel)

Aliméntate, me pide mi esposo

Aliméntate

Aliméntate

El cielo tiene un lado sordo

Aquí si tengo que orar me perfumo

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Alicia Torres

Caracas, 1960. Licenciada en Letras, Universidad Católica Andrés Bello. En poesía ha publicado: Fatal, 1989 y Consideración de la rosa, 2000.

En la voz de la poeta

El tiempo está alto y yo me miro

vivir como quien ve por vez primera

un paisaje alguna noche ya soñado.

El tiempo está alto y yo me muevo

presa del aliento sorprendido

del que ensaya no tener

mas ser tenido,

mío el pie que avanza

mas no el paso,

mía la mano que acaricia

mas no el gesto,

mío el corazón

mas no el latido.

Misterioso destino de mis huesos

conocedores de la andanza, no el camino.

Entregados al amor

mas no al amado.

 

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Teresa Casique

Caracas, 1960. Licenciada en Comunicación Social. Dirige las páginas culturales del periódico vespertino Tal Cual. En poesía ha publicado Casa de polvo 2000.

Esta balanza es caída
¿qué habría de sopesar?

Peras, uvas, higos y flores
sostuvo
en una fiesta sin convidados.


Alma, no te espeses
mientras desciendes


lleva tu fogata
y cuida más que nunca
de apretarte a ella


mientras a solas
cuelgas.

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Manon Kübler

Caracas, 1961. Ha dedicado gran parte de su vida al teatro, al cine experimental y a escribir libretos para televisión. Ha publicado un poemario: Olympia 1991. Inédito: Bluff.

En la voz del poeta

Al azar que me acostó sobre los verdes y yertos párpados de lo que una vez y para siempre me significó Bombay; al silencio altísimo de mis noches con Mahler presidiendo la escena; a las despedidas; a las ofrendas últimas; a su cuerpo, a su boca, a sus cuevas; a la inconmovible y fría piedra de la realidad; a este año, cuando sé la hora y día de salida, al muro roto que nos dejó a solas, cada quien con su noche, con su franco terror por lo invisible, con un hasta mañana que no repetiremos más; al exilio; al destierro voluntario; a la piedad si acaso sirve de algo; al sueño que no tardará en llegar; a la memoria y por tanto al olvido; a lo que apenas es un respiro lento y forzado que me deja aquí sobre esta silla y sin ella para siempre.

A Berlín, por supuesto.

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Moraima Guanipa

Maracaibo, 1961. Licenciada en Comunicacion Social, Universidad del Zulia. Actualmente se desempeña como docente en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado: ser de agua 1997 y bogares 1998.

En la voz de la poeta

Gallarda
la rosa
declina
sin
cesar.
Indetenible
el tiempo
la doblega.
No opone resistencia
cuando lo mustio
la viste
con el color
que habrá de devorarla.

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Astrid Lander

Caracas, 1962. Estudió Letras y Artes (mención Cine) Universidad Central de Venezuela.
Ha publicado los siguientes libros de poesía:
La distancia por dentro 1994, AzuLejos 1997 y Se es 1999.

Tuve que preguntar por el olvido
son santos los inventos del recuerdo
sus resonancias.

Tuve que narrarme y describir
lo que no me contaron
mis andanzas a cluecas
las cuentas de las líneas
y una solitaria trampa de jugar y ganarle al invisible.
Aún así no creo, aunque las cuentas de las líneas
los puntos, la no pregunta de Perceval
la nunca pregunta.

Callar es hablarte
nadie escucha el eco de la mente
ni se adivina.

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Carmen Leonor Ferro

Caracas, 1962. Licenciada en Química, Universidad Simón Bolivar. Traductora de Giuseppe Ungaretti y Sandro Penna. Actualmente se desempeña como Directora de Cultura de la Universidad Metropolitana, donde funda el sello editorial especializado en poesía: Luna Nueva. Su poesía ha sido publicada en diversas revistas y papeles literarios del país.

En la voz de la poeta

que hayas estado
conmigo
en tu silencio

y que no me mostraras
tu retrato de niño

y que no me dejaras imaginar
el cuarto de Montevideo
donde quizás hubo dos camas
para tus hijas

acepto haber aprendido
a verte
desde la historia
de mamá

y luchar después
contra esa imagen fatua
que no me permitió
acompañarte en la muerte

acepto todo

reconstruir
desde la nada
tu sueño

para llegar a mí

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Claudia Noguera

Nació en Caracas en 1963. Se dedica al mundo editorial y tiene su propio sello
especializado en poesía: Cincuenta de cincuenta. Ha publicado: Nada que ver 1989. Último intento, 1997. El viaje, 2000



Hoy el sueño es diferente. Estabas relajado, tu mirada observaba todo alrededor, mirabas el paisaje y hasta te detuviste a respirar ese aire de montaña que tanto amabas. Cuando llegaste a tu final bajaste del carro y caminaste, siempre de frente con largas zancadas. Eras tú definitivamente. Por fin estás libre y nosotras también, ya puedes terminar tu viaje, que es sólo un trecho. No hay palabras. No hay necesidad. El silencio se acaba de impregnar de sosiego. Adiós.

Padre,
antes de partir
devuélveme el abrazo
como siempre
para que no se pierda la costumbre.

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Gabriela Kízer

Caracas, 1964. Licenciada en Letras Universidad Central de Venezuela donde actualmente se desempeña como docente en la Escuela de Artes. En poesía ha publicado: Amagos 2000. Tiene un libro inédito: Guayabo.

En la voz de la poeta

Cuando niña
de visita a Urama
recogía, abría y revisaba guayabas
para todos,
hasta que un viejo me dijo
que así no se comía la guayaba,

que había que cerrar los ojos
y que si tenía o no tenía gusanos era cosa de dios
o de sorpresa en el fruto que saliera con mejor sabor.
Yo seguía las instrucciones
y me comía cada tarde con las tripas revueltas
todos los gusanos de Urama.

Posiblemente ése haya sido
el primer contacto de mi lengua
con el sabor de la muerte
en los mejores frutos.

Con el tiempo aprendí a hacer mermelada,
a desaparecer el tacto baboso y frío
en el hervor de la hornilla,
aunque siempre sintiéndome cobarde.

Hoy quisiera otorgarte aquel sabor.
Pedirte incluso que no me permitas olvidar
la paciencia o el error
de aquella niña de diez años
sentada a la sombra cada tarde
y aprendiendo, sin saber,
a tragar
tu pedazo de muerte
y tu pedazo de vida.


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Sonia González

Caracas, 1964. Licenciada en Letras, Universidad Central de Venezuela. Es Titiritera. Ha publicado los siguientes títulos de poesía: De un mismo pájaro lanzada 1983 y
Nadie en la madera 1991.

La luz
es una lámpara rota
con silencio de mujer

Se coloca
abierta
debajo de las sábanas
o en medio de la calle

Sin hacerse preguntas
sonríe
lejos
y mastica alguna almendra

Es
la cabeza de un fósforo
pronta a quemarse

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Bettsimar Díaz

Caracas, 1964. Productora de eventos musicales y micros televisivos. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Salud al embriagado corazón 1986, Ramaíz 1992, Patio interior 1999. Inédito: Los versos de Adán que Eva guardó

Miren lo que traigo
lo que el amor hace con uno
los quehaceres del agua
la promesa del sol

esta fruta
redonda como la mano
y tan dulce y jugosa
como la boca

traigo querencia
y ganas de vivir juntos

el canto común que nacido en cada uno
se hace uno en la tierra

El tiempo de ser feliz con nada

Por todo eso que somos
por todo el cielo que hacemos

canto para ti

 

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Gina Alessandra Saraceni

Caracas, 1966. Licenciada en Letras Modernas Universidad de Bologna. Profesora de Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Traductora de la poeta italiana Alda Merini. En poesía ha publicado: Entre objetos respirando 1998. Tiene dos poemarios inéditos: Salobre 1998 y Deriva 2000.

Al otro lado del mar
una mujer llora
el entierro de su vientre.

Está cansada
de hacer cuentas
con el tormento
de su alma.

El espejo le rompe
las pupilas
la deja ciega
y cautiva de la noche.

El mar está a su lado.

Mece su lamento.

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Albanela Pérez-Suárez

Caracas, 1966. Licenciada en Letras, Universidad Central de Venezuela. Docente del Instituto Universitario Armando Reverón y trabajadora cultural, tiene dos poemarios inéditos: El libro de agua 1995 y Diálogo de trenes 2000.

En la voz de la poeta

Desoculto la memoria de las trampas ordinarias, y me entrega una desordenada cabellera de nostalgias. Afuera llueve sobre mi ciudad, pero mi cuerpo se prolonga entre Gobelins y Gay Lussac.

Podría subirme a cualquier autobús, como siempre, con el estómago asustado. Podría contarte cuántas veces se mojaron mis pies en las calles resbaladizas refugiándome en los rescoldos de las tiendas.

Esa tarde, guardé mi mejor imagen de la lluvia en París: una mujer tomaba notas de Dios sabe qué, en la parada del Montmartrebus, con un cuerpo apocado y un luto de esperas. Será porque me estremecí para siempre al verme en ambos sentidos de la calle sentada.

Ahora que escucho el aguacero, su crepitar no se parece a mi recuerdo, casi un murmullo constante, como el que se desprende de las pinturas de la catedral de Rouen cuya tristeza a cualquier hora del día me resulta endémica.

Yo callo mis dolencias, las recito a solas como un rosario, allí inseparables, acomodando sus ballestas cada tarde. Pero tú el más cruel, tú estás en el interior de todos los murmullos, donde nunca deja de llover.

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Adriana Gibbs

Caracas, 1966. Licenciada en
Comunicación Social, Universidad Católica Andrés Bello. Actualmente trabaja en el diario El Universal. En poesía ha publicado: Parece otoño 1993.

En la voz de la poeta

Parece otoño.
Tu nombre se oye
en el crujir de las páginas amarillas.

Me recuerdan
que no te he visto
que todo termina,
que las estaciones se suceden
y que a veces
es sabio esperar
el poema redondo,
la carta que no llega,
el verte no sé cuándo.

No fui hecha para las esperas
pero aquí estoy,
con los ojos bien abiertos,
por si anochece.

 

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Carmen Verde Arocha

Caracas, 1967. Licenciada en Letras Universidad Católica Andrés Bello.
Ha publicado los siguientes libros: Magdalena en Ginebra 1997, Cuira 1998 y Amentia 1999.

Arrodillada
creyéndome álamo desnudo
y con el peso del cielo.

Un charco de junio
busca mi rostro,

se burla igual que los muertos
de mis manos.

Una soledad larga y cercana
como una luz de mayo
es mi adiós.

Estoy sola con mis voces,
con los gestos que viven de lo añorado,

en este barro que me hace feliz

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Mariela Casal

Caracas, 1967. Licenciada en Estudios Internacionales, Universidad Central de
Venezuela. Compositora, intérprete y artista plástico. En poesía ha publicado: La Fosa, Hábito Angularis 1999. Inédito: Almácigo.

En la voz de la poeta

Sobre la inmensa tierra
una gramilla invoca al sol

A través de zarzales
un remolino de estrellas
da paso a mariposas verdes
de vuelo apaciguado
como si el túnel fuera eterno.

Todo
Todo cuanto ignoro o imagino
Renace
si tú lo miras

Cada muerte mía
siente tu sombra

Todo lo oscuro se lastima
con el misterio de tu vida

Espiral celeste
terrón de flores

Ungiendo

los erizados dardos
de mis heridas


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Eleonora Requena

Caracas, 1968. Estudió Letras, Universidad Católica Andrés Bello. Es docente. En poesía ha publicado: Sed 1998. Inedito: Ornatos, 2001

te preguntas para qué has de escribir
si ante el libro de poema predilecto
todas las palabras nombran lo que
tus sueños dibujaron

y estás plena de imágenes ajenas

te conmueves con un mínimo sonido
el soplo de las cosas persistiendo
mientras entras en la tarde
y ya es imperativa tu renuncia
entonces entiendes que callar
es el poema

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Erika Reginato

Caracas, 1977. Cursa estudios de Letras en la Universidad Central deVenezuela. Tiene un poemario publicado: Día de San José, 1999. Inédito: La cena.

La vida es una canción de amor
decía Giuseppe

De amor hacia un paisaje
al sol que mueve sus alas
con lentitud

El techo era el cielo
la casa era la tierra
él se marchó
al ver en sus manos
traspasar la neblina

Quiso volar y se acercó
en ritual de muerto

Estiró el cuello
miraba el techo del balcón
la quietud
el humo de las velas
recién apagadas

María Gabriela Lovera Montero

(Caracas, 13 de febrero de 1972). Licenciada en Comunicación Social (UCAB, 1995). Integrante de los talleres anuales de Poesía (1998 – 1999) y Narrativa (2001 – 2002) del CELARG.  Poemario “Por Debajo del Viento” (El Pez Soluble, 2001). Participación en la edición colectiva de narrativa "Puro Cuento" (El Pez Soluble, 2002). Organización y participación en el evento literario y gastronómico “La Palabra en la Boca" (Centro de Estudios Gastronómicos y Texto Sentido, 2003). Poemario “Y de la Noche Tanto” (Cincuenta de Cincuenta Ediciones, 2004). Recitales varios en universidades y centros culturales de Caracas.

En la voz de la poeta

Empezaré por ocupar mi lugar
en la siniestra del padre.
Luego intentaré hacer crecer
una vez más
el ombligo hasta mi madre,
a pesar de que ella insista
en mantenerse de espaldas
dificultando la maniobra.

Por último,
tomaré la mano de mi hermana,
cosa que nunca recuerdo haber osado antes
(por aquello de la incomodidad del contacto
entre pieles ariscas de una misma sangre).

Y miraremos a cámara,
como si acabáramos de conocernos,
como si en verdad nuestro encuentro
fuera del todo fortuito.
Sólo que esta vez
la naturalidad
no habrá de incomodarnos.

Es importante acotar,
que no descansaremos
hasta fijar en la película sensible
la escena familiar perfecta,
esa,
que la mayoría conoce
por error
en todos los ensayos.


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